Se abre la sesión. Presentes, todos los vecinos y Don Julio Portillo, Administrador de Fincas Urbanas. Orden del día: El ascensor.
-Administrador: Buenas noches a todos (un coro de voces le contesta de forma acompasada a don Julio)
Parece ser, repito, parecer ser (Josefa se miraba las uñas de los pies, se dio cuenta que sólo tenía nueve, ¡que horror, ya no se podría pintar más, parecería extraño) que se han encontrado, de forma continuada, unas pequeñas bolas, de color negro y olor muy, podemos decir, desagradable en el suelo del ascensor.
-Josefa: Osea mierda. (un coro de voces se ríe. Tres vecinos permanecen callados, a saber, Benito, su mujer y su cuñada, que vivía con ellos)
-Administrador: ¡Basta! Hemos llevado estos pequeños elementos a analizar y según nos han podido confirmar son excrementos de oveja merina. No quiero tener que personalizar esta situación en nadie, pero ¿alguien tiene una oveja en casa?
Todos callados. Mirando de reojo a Josefa.
-¿Nadie?... ¿nadie?
-Benito: ¡Josefa, por favor!
Josefa sacó de una bolsa de papel de la mercería "El tercer deseo" un pequeño cuaderno amarillo. Durante unos minutos hojeo el cuaderno hasta que encontró lo que buscaba.
-Josefa: Benito, este piso era de tus padres, naciste y te criaste en él. Ahora vives con tu mujer y su hermana, te compadezco hijo (risas). Tengo aquí anotado que desde que tenías 16 años hasta los 32, te tuviste que beber todo el alcohol de la ciudad y (pausa con dedo indice hacia arriba) te daba por vomitarlo en nuestro precioso ascensor, ¿quién te crees que limpiaba tus deposiciones líquidas y a veces solidas para que tu madre no se pusiese peor de los nervios? (silencio)...¿Alguien tiene algo en contra de que tenga una oveja merina en mi casa? (Silencio)
Jon Barcam
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