Dentro de una botella de cristal todos los escarabajos tienen el síndrome de Huter (director de banca que, debido a su mal carácter, se encaró con unos atracadores. Éstos, en venganza por su arrogancia, encerraron a Charles Hater en la caja fuerte del banco. Las dimensiones de la caja apenas superaban el metro cúbico y el pobre diablo acabó perdiendo la cabeza por, como decía una de las limpiadoras del banco, "la falsa creencia que una corbata es más poderosa que una nueve milímetros").
Las moscas son otra cosa. Dentro o fuera de la botella siempre muestran un carácter afable y diríamos hasta un poco interesado, pero como dice don Francisco de Quevedo "Inevitables golosas, que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas, vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas". Siempre están ahí, sabiendo que lo mismo da miel que mierda. Eso fue precisamente fue lo que salvó a la limpiadora del banco de no volverse loca como el pobre Huter, cuando gritó manos en alto ante los salvajes ladrones, "yo estoy aquí para quitar la mierda, y ese de ahí, es la peor de todas".
Juan Antonio Barroso