Estoy de vacaciones. Volveré.
Jon Barcam
jueves, 31 de julio de 2014
jueves, 24 de julio de 2014
El hombre protón 15
Pedro
decidió abandonar el mundo el día en que yo dejé a su hermana. No
había vuelto a saber de él desde que recibí la amenaza.
Sabía cómo era, hubiera matado a mi padre, sólo por hacerme ver su
extremo concepto de la justicia. Le he dado muchas vueltas todos
estos años y una cosa he tenido siempre clara, nunca tendré un
amigo como Pedro, ninguno de nosotros tendrá un amigo como Pedro,
mis colegas también lo saben y, especialmente, Bote.
Unas
fiestas del pueblo de hace más de veinte años, Bote se acercó al
corrillo donde estaba nuestra pandilla, tendríamos alrededor de
quince años. Bote venía con la ropa de faena, eso era raro, las
jornadas en la ferretería eran maratonianas pero le gustaba ponerse
guapo como al que más. Lo que no era tan extraño es que su camisa
venía teñida de sangre. Pedro se levantó como un resorte del banco
donde estamos todos sentados, y con una voz amarga y venenosa
preguntó a Bote con el más absoluto cariño.
–Bote,
por favor, no me digas que te ha vuelto a pegar. –Había chicas
delante, agachó su cabeza, ya no le quedaban ánimos para
sonrojarse. –Bote, por favor..., por favor amigo mío.
–Pedro...
–Quería hablar, la garganta estaba trenzada, los ojos llenos de
lágrimas, la boca desfigurada y lo que era peor, el silencio
culpable de todos los que estábamos presentes asistiendo durante
años a la tortura del niño que nunca sería hombre.
Pedro
lo abrazó fuertemente, –tranquilo compañerito, tranquilo.
–Trataba de susurrarle pero todos los presentes oíamos al padre
que siempre debió tener ese niño, –no te preocupes yo te ayudaré,
esto se acabó.
Durante
el otoño del mismo año, en la hora de la siesta, un incendio asoló
todo el edificio donde estaban la vivienda y la ferretería de
Serafín, él estaba dentro, falleció debido a la inhalación de
humos según un informe oficial. Bote tuvo suerte, no estaba en el
pueblo ese día.
Jon Barcam
miércoles, 23 de julio de 2014
Paco Popov 5
Día 5
Nunca pensé que íbamos a tardar
tanto tiempo en llegar a la Luna. Resulta que hay un gobernador que
personalmente comprueba las credenciales de todos los que van a llegar a la
estación del Emir Julay Admun Sufur, señor de la Estación Universal Coca-cola,
(las cosas habían cambiado en los últimos años de tal manera que todo estaba
irreconocible, el tema religioso se quedó sin dogma, sólo prevalecían algunos caprichos
de hombres ricos que se apoyaban en una fe que había perdido todo su contenido
original, quiero decir, la religión se convirtió en excusa para someter a
hombres y mujeres).
El gobernador era un tal Federico
Smith, más conocido como Fede Guan Quenobi, el extremo por el que se dio este
sobrenombre para mi es completamente desconocido. Lo cierto, es que llevaba
una vieja capa desgastada, con capucha y una especia de linterna de acción
dirigida que usaba a modo de espada láser, (una espada creo que es un
instrumento de los hombres de otras eras en la que no existía ni la fusión
nuclear)
Nada más llegar a la Luna, nos
hicieron pasar por una sala a Comodoro y a mí. Nos hicieron quitarnos la ropa y
quedarnos peloteritos. (Yo encantado) Apareció Fede Guan, cómo no, con su
linterna espada. Nos apuntó a la cara, los pies y el pene. Después se acercó a
mi oreja, y entre risas, soltó una frase incomprensible para mí, -bonito
puñalito nena.
Corto y cierro
Paco Popov
Jon Barcam
Paco Popov 4
Día 4
¡Estamos eufóricos! Me
refiero a Comodoro y a mi mismo. Nos han dado la gran noticia, el gran
cosmonauta Anatoli Wendelson Ramires se unirá a nosotros en la Luna.
Según parece también padece una enfermedad terminal y, gracias a
los servicios prestados, le han concedido el honor de unirse la
expedición (aunque Comodoro y yo pensamos que el honor es para
nosotros)
Lo cierto es que
llevamos una jornada agotadora de trabajo, el habitáculo es pequeño,
me refiero al del pilotaje de la nave, apenas quepo y además
Comodoro se ha empeñado en estar todo el rato a mi lado, – no hay
mal que por bien no venga – así es que lo he reprogramado para
quitarle ese instinto de chupar la zona testicular de los humanos. No
quiero que el gran Anatoli piense que mi perro es un degenerado (un
poco si que le gusta, pero es mi perro).
Corto y Cierro
Paco Popov
Jon Barcam
martes, 22 de julio de 2014
El hombre protón 14
Salí
a la calle, se presentó otro momento para haber fumado. No me
atreví a ir más allá de las dos escaleras de acceso de la oficina
de mi padre. Un muro invisible me impedía ir más allá. No podía
ir más allá. Me vinieron a la cabeza las últimas palabras de mi
padre, – por favor … dame mi última oportunidad--. Qué era todo
aquello, mi padre poco más que suplicándome. El hombre que no me
había dado un beso en su vida. Me estaba volviendo loco, sólo
quería ser una persona normal.
Decidí
darme la vuelta y volver, no podía dejar escapar su última
oportunidad y quizás la mía.
Al
entrar vi como mi padre miraba hacia su mesa. Con un lápiz
garabateaba de manera compulsiva. Era como una de esas impresoras que
van a toda velocidad. Al principio, rayas, círculos, más rayas.
Se adivinaba algo majestuoso, precioso en todos sus matices. A
medida que iba pasando el tiempo, la compulsión se tornó en suavidad, en ternura con aquel dibujo, como si tratase con pura seda.
Finalmente,
mi padre levantó su cabeza, me miró a los ojos. Con su mano
derecha, manchada de carbón, me arrojó la cuartilla.
– Hijo,
busca a esta mujer, necesito que le entregues esta carta.
Jon
Barcam
Popov 3
Día 3
Tengo un perro. Se llama Comodoro, ahora que lo pienso no
sé si los nombres de los animales se han de escribir con mayúsculas. No lo sé.
Quiero a Comodoro, con eso basta para escribir su nombre con todas las
mayúsculas posibles. Es mitad perro de carne y hueso y mitad perro robot. Lo
bueno es que la parte que ensucia es robótica con lo cual no hay que recoger
nada; la parte del morro es perruna, con lo que el cariño es verdadero o más
verdadero que los perros que son solo de metal y plástico. No quería que
viniese conmigo, pero he llegado a la conclusión que somos dos productos
defectuosos a los que nadie querrá ni tan siquiera como héroes interplanetarios.
Hoy salimos para la Luna. En 2020 montaron una estación
gigantesca. El problema es que el dueño es un fundamentalista musulmán y todos
deben llevar la cara cubierta, incluido los varones. Es extraño como una
creencia puede coartar la libertad de las personas, pero en realidad, el dinero
manda y el proyecto que presentó la Agencia Norteafricana sólo lo pudo
subvencionar este elemento. No lo conozco, pero según hablan de él en el centro
es un gran experto en sodomía. Llevo un trozo de patatera, dicen que le vuelve
loco, y así, pues tendremos la posibilidad de probar sus encantos.
Jon Barcam
domingo, 20 de julio de 2014
Paco Popov, misión a Saturno
Días
dos
Estoy
agotado, anoche salí por el bulevar de la Estación Espacial Catalana (primer
punto de control de la ruta)(también conocida como Estación Pep Guardiola, no
tengo ni idea de quién es, pero para ponerle el nombre a una subestación
espacial… ya puede ser)
Al
principio me costó entenderme con la gente, casi todas eran mujeres y estaban a
lo suyo. Finalmente conocí a un tal Santiago Fernández, ingeniero jefe de la
subestación. Bebimos un montón de copas de absenta y a las dos horas pasó el
coche recogedor y nos dejó en nuestros habitáculos. No recuerdo gran cosa,
salvo que Santiago me invitó a quedarme en su habitación para beber y hablar de
nuestras cosas. Me pareció una chorrada perder el tiempo hablando, yo hubiese
preferido sexo.
Esta
mañana acudiré el médico para que me vea una herida que tengo en el hombro
derecho, me la hice en el despegue, un vendito se le olvidó ponerme bien los
anclajes y salí despedido hacía la consola superior. No ha pasado nada para lo
que podía haber pasado. Con el golpe perdí una cápsula de oxígeno. Informé a
central y me comentan que no me preocupe, que todo está bajo control.
Corto
y cierro
Paco
Popov.
Jon
Barcam
El hombre protón 13
Seguía apoyado
sobre la pared del Ayuntamiento. Pensaba en lo que le había dicho a Paqui. Hubiera sido capaz de irme con ella a cualquier lugar, dejaría plantada a mi novia. Soy un
desgraciado. A pesar de mis años no tenía ni idea qué hacer con mi vida. Me
daba asco a mí mismo, me estaban entrando ganas de vomitar. Apoyé mis manos
sobre la pared del edificio y traté de provocarme las arcadas. Mi cuerpo se
retorcía tratando de que mi estómago rebotase sobre mi boca. ¡Joder! Ni para
eso valía.
-Hola Andrés,
necesito tu ayuda.
Teresa. Hacía seis años que no la veía.
Después de nuestra ruptura, Pedro le prohibió no volver a verme. Pedro tenía
malas pulgas y era capaz de cualquier cosa. En eso salía a su padre. Llevaban
el veneno en la sangre.
Teresa es la
segunda novia que he tenido en mi vida. Entre ella y yo sólo hubo sexo. Ni una
pizca de cariño, sólo sexo. Los dos lo teníamos claro desde el principio,
sabíamos que nuestra relación se basaba en puro instinto animal. Por eso, el
día en que se nos acabó el deseo, mi mejor amigo, Pedro Cifuentes, no entendió
que finiquitásemos nuestra relación. Teresa era su hermana.
-Hola Teresa.
Estaba preciosa.
Le gustaba pintarse los labios de un rosa brillante. Labios carnosos,
insinuantes. Sus enormes pechos y sus
anchas caderas, te invitaban a soñar con la mujer perfecta en la cama.
- Pedro ha desaparecido.
-Teresa, sabes
que mi padre ha muerto y… que tu hermano me odia-. Trataba de justificarme, no
estaba para ayudar a nadie.
-Eres la única
persona en la que confío. Necesito tu ayuda.- Parece que la cosa iba en
serio. Teresa empezó a llorar, ella
nunca lo hacía, ni siquiera cuando era una niña.
-¿Qué ha
pasado Teresa?- Me acerqué a ella. Al llegar a su altura, me vino a la memoria
los olores de la lujuria sagrada de aquella diosa, y las palabras de Pedro,- si
la vuelves a tocar mato a tu padre. La filosofía de mi mejor amigo era muy
clara,- el daño se hace en vida.
Jon Barcam
jueves, 17 de julio de 2014
El hombre protón 12
La verdad es
que estaba intrigadísimo, mi padre no era sentimental, sólo me dio un consejo
en mi vida- hijo tienes que ser honrado con todo el mundo, pero sobre todo,
contigo mismo-. Nunca lo entendí, quizá ahora sea el momento. Entre tanto, mi
padre se levantó de su silla, iba despacio, arrastrando los pies hacia la
puerta del local. Hasta ahora no me había fijado en su forma de andar, ¿estaba
realmente enfermo? Dio la vuelta al cartel y cerró la puerta con llave. ¡Madre
que raro! Mi padre jamás había cerrado la oficina antes de las siete de la
tarde. En ocasiones no aparecía por casa ni tan si quiera para comer, siempre
había algún cliente con el que tomar chatos de vino para engancharle con algún
seguro o para solucionar los papeles del paro de algún pipiolo primerizo. Bajó
las persianas de los grandes ventanales, casi estábamos a oscuras. Volvió
arrastrando sus enormes pies, y se dejó
caer sobre la silla. Enseguida se dio cuenta de la falta de luz y me
mandó encender la del local. Volvió a sacar otro cigarrillo Ducados del primer
cajón de la mesa, me ofreció uno, sabía perfectamente que yo no fumaba. Me arrepentí
de no haber fumado nunca, otra oportunidad perdida. Cayó en la cuenta y en
seguida me pidió disculpas. Sacó el
mechero, hizo girar la rueda que raspaba la piedra, prendió el gas.
Muy despacio, muy sonoro. La primera calada, honda, muy honda, una fuerte
respiración acompañaba; los ojos cerrados, después, el humo, siempre bien dirigido. Todo un
ritual de deleite para mi padre. Cruzó sus manos sobre la mesa, los codos
apoyados, la cabeza parecía que colgaba de sus hombros. Finalmente, se rearmó y
me miró. Me pareció percibir una leve sonrisa, quizá era solo deseo. Mi padre. Ese
par de segundos de silencio me hubieran bastado para abrazarlo fuerte, tocarle
su pelo, besarle la cara, agarrarlo como al compañero herido. De nuevo, ganó la
parte de mi mente cobarde.
-Hijo, ¿cómo
definirías mi profesión?, quiero decir, ¿tú cuál crees que es mi profesión?-
Andrés pensó que la enfermedad está muy avanzada y que su padre empezaba a delirar.
-No sé padre,
supongo…- Me quede pensando unos instantes, no quería herir sus sentimientos,
dada la situación. Empecé a pensar en su pregunta e imagine que era ese tipo de profesional oscuro que arregla
los problemas de los demás, del que nadie se acuerda a la hora elogiarlo, que
es necesario para la vida cotidiana, pero una vez muerto nadie hablaría bien de
él y, lo que es peor, tampoco mal.- Padre usted es un empresario de los seguros
y además se dedica a la gestión de los diferentes problemas administrativos que
tienen los paisanos del pueblo-. Una vez que me oí pronunciar estas palabras me
parecieron más horribles todavía que la primera opción. Mi padre era tan
oscuro, tan triste, como la definición de su trabajo.
Suspiró
profundamente, volvió a recostarse sobre la silla y me miró, esta vez sí que
sonrió. Se reincorporó y dobló el espinazo hacia la derecha. Sin dejar de
mirarme abrió uno de los cajones de su mesa, creo que era último por el
esfuerzo y sobre todo porque su mejilla tocaba el borde de la mesa. Se iba
incorporando con dificultad. Todo parecía tan lento, hacía años que no estaba
tanto tiempo junto a mi padre, tenía la necesidad de disfrutar cada momento. En
su mano, una vieja carpeta, de esas de cartón, sujetada con pequeños lazos. Dejó
de mirarme y se quedó mirando la vieja carpeta. ¿Qué podría contener? Su mirada
era inexpresiva. Con su dedo pulgar acariciaba las viejas solapas. Se acercó la
carpeta a su cara y se dio pequeños golpecitos sobre su frente. No pude ver su
cara, sólo oí su respiración, parecía que tratase de captar la esencia, pero ¿de
qué? Volvió a recostarse sobre la silla y con los ojos cerrados agarró la
carpeta con fuerza, pegada a su pecho. No le importó que yo estuviese allí,
no le importaba el resto del mundo.
Finalmente,
volvió a enseñarme sus ojos azules, y me sonrió, esta vez era real. Me ofreció la carpeta. No
dijo nada más. Yo no dije nada. Me quedé mirando a mi padre y la abrí.
Mi primera
impresión me hizo pensar que aquel hombre se había vuelto loco, me había dado
una vieja carpeta llena de dibujos desgastados por el paso del tiempo.
Traté de centrarme en la situación, todo aquello
obedecería a un propósito, pero se me escapaba. Como siempre, no quería
defraudarle. De las primeras cuartillas apenas quedaba nada, todo estaba
demasiado borroso. Miré a mi padre, intentando que me diese algún tipo de explicación,
pero él estaba en otro lugar, en otro tiempo. Pensé que aquellos folios
guardaban algo extremadamente importante para mi padre y yo, todavía, no lo
había conseguido ver. Puse la carpeta sobre
la mesa. Tomé el foco de la lámpara para tener toda la luz posible
Al principio,
manos, en diferentes posiciones; bocas grandes, pequeñas, abiertas; pies,
muchos pies; narices en forma de gancho, narices perfectas. Seguí pasando las
páginas y pude descubrir como los dibujos iban ganando en riqueza y calidad,
primero un paisaje, después unos niños riendo, flores, muchas flores. Se notaba
que aquellos dibujos habían sido creados por manos expertas. Ya no podía parar,
quería ver más. Llegué al primero que me hizo temblar en mi silla. Era el rostro de una mujer. Una mujer bellísima.
Miré a mi padre, el sentía lo mismo que yo. La era mujer joven, su pelo negro, no lo tenía muy
largo, rizado, algunos de los rizos le tapaban
la mejilla izquierda. Sus pómulos sobresalían lo justo. No era una cara
plana, no era de esas caras chinas de porcelana, era la cara perfecta, la cara
de la mujer que todo hombre desea. Nariz pequeña, respingona, sin pretensiones.
Sus labios carnosos, grandes, sin ser excesivos, pero delataban erotismo por
todas partes, labios para ser besados toda una vida. Sus ojos. No paraba de
mirarme, me intimidaba, el dibujante supo atrapar el instante, el preciso
instante en el que aquella mujer iba a decir o hacer algo. Era justo el momento
que sólo los grandes pintores saben captar.
Mi cuerpo se
estremeció de nuevo cuando mis ojos vieron la firma, al principio no entendí su
significado. Las iniciales L.H., Leopoldo Hurtado. ¡Mi padre! No podía ser un artista. Mi padre era el ser más carente de sentimientos que
había conocido jamás. Levanté la vista, le miré, ansiaba preguntarle qué era
todo aquello. Quería saber porque un hombre que había sido capaz de dibujar
aquellas maravillas, no había sido capaz de mostrar su amor por mí. Él se
percató enseguida y agarró con fuerza una de mis manos. Yo la retiré enseguida.
Ya no valía, ya estaba endurecido, encallado como él. Furioso, arrojé la
carpeta sobre la mesa y me levanté.
-Pero, ¿qué
esto padre?, ¿qué quiere usted de mí? Quería largarme de allí, todo aquello no
estaba ocurriendo. Mi padre se levantó.
-Hijo, por
favor, siéntate, dame sólo mi última oportunidad.
Jon Barcam
miércoles, 16 de julio de 2014
El hombre protón 11
-Ya han pasado
muchos años, pero creo que era de justicia que te lo contase. Si te queda
alguna duda, no sé quién es tu padre biológico. Pero quiero que te quede muy
claro que tu padre soy yo, así es como me siento, por eso, he hecho algo que
puede que no entiendas, espero que con
el paso del tiempo me lo agradezcas-. Mi padre se quitó las gafas y se enjugó
el sudor de su cara con su pañuelo. Se notaba a la legua que todo aquello era
doloroso para él.
-Padre me está
asustando, de qué se trata.
-Hijo, lo que
te voy a contar debe permanecer en el más absoluto secreto entre tú y yo, al
menos hasta el día en que me muera, que no ha de tardar mucho-. Miré
horrorizado a mi padre, no me podía imaginar que hablaba en serio.- Todo lo que
he hecho en esta vida ha sido pensando en tu bienestar y, en su momento, en el
de tu madre. Tengo cosas que he de contarte y que me tienen martirizado desde
hace mucho tiempo. Sé que soy una persona oscura, poco cariñoso y lo he pagado
toda mi vida. Ahora que moriré en pocas semanas, me he dado cuenta del
gigantesco error que he cometido.
Parecía como
si mi padre tuviese sentimientos, o algo así, no supe asimilar en ese momento.
-Tengo sesenta
y cuatro años, tú tienes treinta y dos, más o menos tienes la misma edad que yo
tenía cuando eché a perder mi vida-. No pude aguantarlo más.
-¡Padre, por
favor, cuénteme de una vez qué es lo que pasa!- Mi padre abrió sus grandes
ojos, en parte extrañado por mi forma de hablarle y en parte por mi ansia de
conocimiento.
-Hijo sólo te
pido no me juzgues-. Hizo una pequeña pausa, volvió a sacar su pañuelo blanco de su bolsillo
derecho, pareció limpiarse los ojos con él, no estaba llorando.
Jon Barcam
martes, 15 de julio de 2014
Historia del cosmonauta Paco Popov
Día
1
Mi
nombre es Francisco Popov. Soy español, de Oviedo (capital de Asturias). Año de
2037, julio, a pocas horas del despegue de la nave Seat Pontevedra (sin duda la
más avanzada de su generación).
Tengo
31 años, soy especialista en ciencia médica a distancia tetradimensional y
ficción de átomos andróginos, fundamental ambas disciplina para una misión tan
complicada como la que ahora nos toca al Centro de Investigación del Sur de
Europa.
Antes
me llamaba Teresa, pero mi madre me cambio de sexo porque ella quería un chico,
desde el RD de 234/2025, esta situación es legal (a veces tengo dolores
menstruales o algo parecido. El psiquiatra conductual del centro, el doctor
Benito, dice que es psicosomático, muy inusual desde el punto de vista físico,
yo le contesto que no tengo claro que es psicosomático)
Mi
padre se llama Andrés, bueno, en realidad se llama Lola. Él no estaba a gusto
con su cuerpo e hizo la operación inversa a la mía, con la salvedad que en su
caso fue consentida. Trabaja en el centro de control del Estado de Amazon, en
el antiguo continente asiático, es la Jefa de Purgas (según me llegan algunos
mensajes de la SANTA RED, los chinos la conocen como la Puta Lola. No me sienta
mal, porque a Lola siempre la he visto como a mi padre. Es complicado).
Mañana
parto para Saturno. Soy el primero. Nadie más quería ir. La verdad es que me
muero, me quedan seis meses de vida. La vida es una mierda, tengo cáncer de
testículos. Si a mi madre no se le hubiese metido en la cabeza cambiarme de
sexo, nada de esto hubiera sido posible.
Mi
madre se llama Anatolia Popov es hija de un antiguo jefe de la mafia rusa. La
quiero, bueno, ahora la odio, pero siempre la he querido. Y sí, lo sé, llevo el
apellido de mi madre, ¡joder, mi padre se llamaba Andrés Culo!
Jon
Barcam
lunes, 14 de julio de 2014
El amor, el amor, el amor
Tendremos que fingir, ¿no te parece?
No sé, pienso que no es necesario
¡¿Pero tú en qué mundo vives?!
No te enfades, por favor.
¡Cómo no me voy a enfadar!
Estamos enamorados, ¿verdad?
...
¿Verdad?
Si, creo que sí.
Yo estoy enamorado de ti.
En ese instante Sor Teresa irrumpe en el despacho con un sobre en el que se podía ver adherida una pegatina roja en la que se podía leer URGENTE.- Señor Obispo, es para usted, es la carta que estaba esperando desde Roma.
Gracias Sor Teresa, le presento a la Madre Superiora Sor Olvido.
Jon Barcam
No sé, pienso que no es necesario
¡¿Pero tú en qué mundo vives?!
No te enfades, por favor.
¡Cómo no me voy a enfadar!
Estamos enamorados, ¿verdad?
...
¿Verdad?
Si, creo que sí.
Yo estoy enamorado de ti.
En ese instante Sor Teresa irrumpe en el despacho con un sobre en el que se podía ver adherida una pegatina roja en la que se podía leer URGENTE.- Señor Obispo, es para usted, es la carta que estaba esperando desde Roma.
Gracias Sor Teresa, le presento a la Madre Superiora Sor Olvido.
Jon Barcam
domingo, 13 de julio de 2014
El hombre protón 10
-Antes de nada
tengo que confesarte algo. No sé si eres realmente mi hijo-. ¡Joder! mi padre
me estaba poniendo realmente nervioso.- Perdóname Andrés, no me he explicado
bien, a todos los efectos legales eres mi hijo y yo te considero como tal-. Era
la mayor muestra de cariño que había recibido por su parte desde que tengo uso
de razón.- Todo empezó en el momento en que tu madre y yo hicimos… un trato, llamémoslo así-.
Titubeo, que extraño. La cosa se pone
interesante.- Al principio, cuando tu madre y yo empezamos a relacionarnos,-
sólo un hombre como mi padre era capaz de hablar así del amor,- todo iba
perfecto, parecía que todo era estupendo,
pero a las dos semanas, ya me di cuenta cómo era tu madre. Supe que no me
quería, eso estaba claro, pero ella necesitaba algo que no se atrevió a pedirme,
no me preguntes qué era, jamás lo
descubrí. Al cabo de tres semanas dejamos de salir, en realidad me dejó, no sé si fue un arrebato, un momento
de locura, yo sabía que tarde o temprano pasaría, aunque nunca podía imaginarme
que ocurriese tan pronto.
Mi padre me
estaba contando todo aquello como el viejo profesor cuenta a sus alumnos por
infinita vez la historia de la Restauración española, no había sentimiento, ni
buenos, ni malos, estaba completamente vacío. Mi padre prosiguió.
-Dos meses después tu madre vino a verme. Me
confesó que estaba embarazada, no pregunté de quién. Hicimos el trato y me casé
con ella. A los nueve meses naciste tú y nadie sospechó nada. Al final, como
mal menor, la gente del pueblo pensó que tu madre y yo nos habíamos casado de
penalti.
-¿En qué
consistió el trato? , perdóneme padre por preguntar.
-Fue sencillo,
ella estaría siempre a mi lado y a ti y a ella no os faltaría de nada, ahí iban
incluidas tus tías y tu abuela. Siento decírtelo así, pero una de mis grandes
equivocaciones fue enamorarme de ella. Después se presentó la mala suerte; llegó
cuando tú tenías apenas cinco años, y
ella murió. No pude disfrutar mucho de ella y, por si fuera poca la desgracia, tú perdiste a
tu madre.
- No importa
padre, sé que mi madre nunca me quiso, me pegaba constantemente, me maldecía,
me decía que era lo peor que le había pasado en la vida, era cruel, pero no me
importaba, con el tiempo aprendí a ignorarla, aprendí a que no me hiciese daño-.
Nunca antes había hablado así de mi madre, pero era el momento. En la cara de
mi padre no me pareció ver signo alguno de sorpresa o de lástima, nada. A mí me
daba igual, nunca pensé en echarle la culpa por aquellos malditos años.
Jon Barcam
viernes, 11 de julio de 2014
La fuente
En medio de la plaza del pueblo hay una fuente, fuente que está vacía desde hace dos años. Años atrás un General trató de llenar la fuente con cerveza. Cerveza fue lo único que no encontró en el pueblo. Pueblo que se dedica al cultivo de la uva desde hace seis siglos.
Siglos atrás un alcalde trató levantar un monolito después de beber todo el vino de la comarca. Comarca famosa por la tozudez de sus vecinos. Vecinos que, tras una decisión de última hora, echaron al alcalde del pueblo. Pueblo que, desde entonces, conmemora este hecho en la fuente que está en medio de la plaza del pueblo.
Jon Barcam
Siglos atrás un alcalde trató levantar un monolito después de beber todo el vino de la comarca. Comarca famosa por la tozudez de sus vecinos. Vecinos que, tras una decisión de última hora, echaron al alcalde del pueblo. Pueblo que, desde entonces, conmemora este hecho en la fuente que está en medio de la plaza del pueblo.
Jon Barcam
jueves, 10 de julio de 2014
El Hombre protón 9
La semana antes de morir mi padre
me llamó al despacho. Está en la avenida principal del pueblo. Sin lujos. Tiene
una mesa, dos sillas, una para los clientes y otra para él. En las paredes,
nada, salvo un reloj, siempre con diez minutos de adelanto. Sobre su mesa un
lapicero, muchos bolígrafos, un par de cuadernos de espiral, una lámpara y, por
supuesto, el teléfono, siempre el maldito teléfono, de día y de noche, en la
oficina y en casa. La gente no tiene piedad.
Mi padre
estaba sentado. Miraba por encima de sus grandes gafas de pasta negra. Vestía una
camisa blanca, corbata y pantalones de tergal negros. Siempre igual, no lo
recuerdo vestido de otra manera. En la mano derecha el Bic, de punta fina, en
la izquierda el Ducados humeante. Odiaba el olor del tabaco, salvo el de mi
padre.
Hacía meses que no pasaba por la oficina, no
le gustaba que merodease por allí. Nunca
quiso enseñarme el oficio. Mi padre se dedicaba a los seguros, además maneja el
papeleo de medio pueblo. Era un hombre muy preparado, no se sabía muy bien en
qué, pero sabía defenderse de la administración y de los paisanos, y eso era
muy apreciado por la gente del pueblo. Los más viejos le llamaban Don Leopoldo,
a mí, me hacía gracia.
-Siéntate
Andrés-. Nunca me llamó hijo. Andrés fue lo más próximo que estuvo de algo
cariñoso. No sé si mi padre me quería, yo sí lo quería, demasiado, por eso me
dolía tanto que no me mostrase su cariño. Obedecí, siempre lo hacía. Yo no dije
nada, siempre esperaba que él tomase la palabra.
-Hijo, no me
andaré con rodeos, ya sabes como soy. Me muero-. No entendí muy bien que quería
decir aquello. Él no era amigo del llanto o de la risa, decía las cosas como
eran.
-No le
entiendo padre-. Dejo su bolígrafo y se subió las gafas. Dio una honda calada a
su cigarrillo y se recostó sobre la silla. Se me quedó mirando.
-Tengo que
contarte algunas cosas antes de que llegue el momento de que te quedes solo-.
Parecía que mi padre iba en serio. Es
cierto que las últimas semanas había perdido peso, pero no me pareció algo
anormal. Supuse que con la crisis querría aprovechar la ropa de cuando era más
joven.
-Dígame padre-.
Así eran las cosas entre nosotros, sin dramatismos.
miércoles, 9 de julio de 2014
El hombre protón 8
-Hola Andrés-. Giré mi cabeza y
allí estaba. Preciosa como siempre, sus caderas anchas me hacían lamentar no
haberle metido mano más a fondo.
-Hola
Paqui-. Parece ser que seguía igual de torpón en mi forma de expresarme cuando
la veía.
-Me
ha dicho Maco que estabas aquí detrás y venido a darte el pésame-. Se abalanzó
sobre mí. Enseguida noté como sus pechos me rozaban ligeramente las solapas de
mi chaqueta. Me dio el primer beso. Siempre era ella la que besaba, no ponía la
cara, sólo besaba. Que bien olía, agua de colonia fresquita, en su piel, se
tornaba dulce. Me empezaron a temblar las manos. Una gota de sudor instantánea
surgió de mi nuca y resbaló por todo mi espinazo. Cuando cruzó su boca con la
mía no me pude resistir. La besé. Ella, se dejó besar. Era Lo más excitante que
me había pasado en mi vida. Mis piernas estuvieron a punto de doblarse y caer
allí mismo. Por un momento pensé que me había orinado. No. Era el calentón.
-Lo
siento Paqui, no quería hacerlo, deben de ser los nervios-. Ella me sonrió y
con su mano derecha sacó un pañuelo de su bolso barato y me limpio la boca.
-Nunca
supiste besar bien, te manchas todos los morros de carmín-. No sabía que decir.
-¿Sabes
qué me voy a casar?, si todavía me quieres puedo dejarla y mañana mismo nos vamos
de esta mierda de sitio-. ¡¡¡Dios mío pero qué estoy diciendo!!! Pensé que me había vuelto loco. Para mi sorpresa Paqui no dijo nada. Solo me miro, sonrió y se
fue. Antes de doblar la esquina se giró y me dijo las últimas palabras que
cruce con ella en mi vida.
-Tú
te mereces algo mejor.
Jon Barcam
martes, 8 de julio de 2014
Un hombre
Siete hombres cruzando una carretera en busca de alimento para sus hijos. Al llegar a la mediada uno de ellos decide volverse a casa.
Seis hombres en la puerta de un supermercado deciden robar comida para sus hijos. Al cruzar la puerta, uno de ellos decide volverse a casa
Cinco hombres llevan carros de comida, todos menos unos. Sale cruzando la puerta.
Cuatro hombre salen a la calle y llenan sus coches. Un policía dispara.
Tres hombre huyen. van a casa para dar de comer a sus hijos. Uno de ellos pierde el control, pierde la vida.
Dos hombres se miran en la puerta de sus casas. Un niño espera y sonríe al padre teñido de rojo.
Un sólo hombre puede explicar, pero no lo hace.
Jon Barcam
Seis hombres en la puerta de un supermercado deciden robar comida para sus hijos. Al cruzar la puerta, uno de ellos decide volverse a casa
Cinco hombres llevan carros de comida, todos menos unos. Sale cruzando la puerta.
Cuatro hombre salen a la calle y llenan sus coches. Un policía dispara.
Tres hombre huyen. van a casa para dar de comer a sus hijos. Uno de ellos pierde el control, pierde la vida.
Dos hombres se miran en la puerta de sus casas. Un niño espera y sonríe al padre teñido de rojo.
Un sólo hombre puede explicar, pero no lo hace.
Jon Barcam
El hombre protón 7
-Tienes
que hablar con el de la funeraria, me ha dicho que necesita la firma del
familiar más cercano al difunto. El muy desgraciado no me ha dejado firmar a mí
y eso que soy su hermana. En los momentos de dar la cara frente a los demás mi
ti era la más llorona, la más querida, la más falsa. Cuanto la odiaba. Pronto
se acabaría la promesa de mi padre para con ella, pensé que, al menos, que
debía hacerlo mientras mi padre estuviese de cuerpo presente, después, se
acabó.
Salí
del ayuntamiento, tenía ganas de fumar un cigarrillo, de estar solo. A cada
paso que daba, me cruzaba con alguien que me daba el pésame. Ya no sabía si era
buena idea. Me fui a la parte de atrás del edificio, allí estaría tranquilo, no
tenía ganas de aparentar nada. Apoyado sobre la pared, cerré los ojos y recosté
mi cabeza sobre el frío muro. Me acordé de mi madre. Teresa Beltrán. No la
echaba de menos, apenas tengo recuerdos agradables, se murió cuando yo tenía
doce años. Seguramente sufrí un trauma o algo así. No la quería. Mi madre solo
quería a su madre y a sus hermanas. No sé por qué se casó con mi padre; supongo
que al final se quedó embarazada, o algo así, y tuvo que aguantarse conmigo. Me
pegaba a menudo, siempre estaba nerviosa, todo le hacía saltar y perder los
estribos. Supongo que no era feliz con la vida que le había tocado.
Yo creo
que tampoco soy feliz. Pero lo peor es que no sé por qué. Imagino que la vida
es así. No hay nada más. A veces veo la televisión, esos anuncios donde salen
familias felices con los niños y los abuelos, y me pregunto si eso es real o
sólo es algo que el gobierno nos quiere vender para que no les demos problemas
y seamos más dóciles. No lo sé. Llegados a este punto, siempre me pregunto qué
hago en este mundo y aquí es donde siempre me digo lo mismo, no valgo para
morir, sólo quiero vivir, pero no sé cómo hacerlo.
Jon Barcam
domingo, 6 de julio de 2014
Vista
La vista es el más complicado de los siete sentidos. Nos engaña, te engaña, me engaña. Pienso en cuantas formas tengo de ver las cosas. Descubro que sin incontables. Pienso en por qué a veces miro y no veo o no recuerdo lo que vi. Pienso que es le sentido más valorado pero el más defectuoso. Siempre nos engaña. Siempre.
Jon Barcam
Jon Barcam
El hombre protón 6
Felipe y Maco tenían a Serafín
sujeto contra la pared del Ayuntamiento, Serafín no se enteraba de nada, solo
se reía. Pobre idiota. Bote, estaba a mi lado. Era el hijo de Eusebio el
ferretero. Cuando era chico, me pasaba horas con Bote en la trastienda de la
ferretería, le hacíamos el inventario a su padre, lo colocábamos todo de forma
meticulosa- el secreto de un buen ferretero es saber dónde está hasta el último
clavo- el padre de Bote tenía muy malas pulgas, cuando no encontraba algo, lo
pagaba con Bote. Un día me lo encontré con un brazo escayolado. Se había caído
de la escalera de la ferretería al intentar coger una caja demasiado pesada.-
Ya sabes Andrés. -Ya sé Bote.
Bote
se abalanzó sobre Serafín; le apretaba el cuello contra la pared. Todos nos
reíamos. Serafín empezó a llorar, pero no se le oía. Sus lágrimas se vertían
sobre la cara, no paraban. Todos nos reíamos. Maco le dio una patada en la
entrepierna. Serafín cayó al suelo, encogido. Todos miramos a Maco.
-¡Joder
Maco, te has pasado!. La cara de Maco era como la se esos soldados en combate a
los que se les va la cabeza. Felipe ayudó a levantarse a Serafín. Le limpiaba
el traje, sacudía los pantalones. Agarré a Serafín por los hombros y lo apoyé
contra la pared.
-Tranquilo
Serafín, sólo ha sido una broma. El muy tonto, paró de llorar y empezó a
reírse.
-Agmigo,
agmigo miog. Fue la primera vez que entendí lo que decía aquel pobre
desgraciado, después de tantos entierros y una patada en la entrepierna.
Jon Barcam.
sábado, 5 de julio de 2014
El hombre protón 5
Me llamó Andrés Hurtado y dentro
de una semana me caso con mi tercera novia de toda la vida. Se llama Dolores
Ariza, es vasca. No estoy seguro, creo que la quiero. En realidad, después de
la Paqui, todas las mujeres con las que he estado, no tienen nada que ofrecerme.
Las mujeres me aburren después de los tres primeros meses, el sexo empieza a
ser algo cotidiano y después sólo queda el cariño, y el cariño es algo
asqueroso. Los amigos son algo mejor, sobre todo después de la primera
traición, a partir de ese momento ya sabes quienes son tus amigos de verdad.
Padre me decía que tenía que casarme, que no podía quedarme solo, y menos
depender de la bruja de mi tía Encarna. Encarna era la hermana mayor de mi
padre. Padre la odiaba, pero nunca se atrevió a decírselo. Su padre, mi abuelo,
le hizo prometer en el lecho de muerte que debía cuidar de toda su familia, y
sobre todo de la tía Encarna. Padre decía que una promesa en el lecho de muerte
era sagrada, y si es a un padre, te ataba en mayor medida. Así fue como padre
tuvo que tragar con aquel demonio toda su vida. Padre quería al abuelo
demasiado. El abuelo sólo quería a la tía Encarna.
La
señora Miguela era mi vecina, de esas de siempre, tenía tres hijos, todos
marcharon fuera en los años sesenta, todos marcharon al País Vasco. Los veranos
del pueblo los recuerdo por la cantidad de coches que llegaban, todos venían
del norte o de Madrid. Pedro, el hijo mayor de la señora Miguela tenía un R12,
era blanco, olía a plástico del bueno. En la parte de atrás del coche venían
dos niños y una niña. La niña era Dolores, mi prometida. Hace tres años volvió
al pueblo, su padre había muerto y en sus últimas voluntades estaba lo de
enterrarse junto a su madre. En el entierro nos saludamos. Hacía casi veinte
años que no nos veíamos. Estaba muy guapa. Después, pasaron unos días y
acabamos en la cama de su abuela, todavía olía a la señora Miguela.
Prototipo
Cuántas probabilidades hay de encontrar un hombre, de derechas (republicano en EEUU) católico, con buen trabajo, heterosexual, fiel a su mujer, padre perfecto. 0. Quiero decir cero, por si no se entiende.
Cada cual es cada cual. Por eso, cuando nos encontramos a un hombre de izquierdas, gay, homosexual, infiel a su marido, sin hijos, pero, pero, pero va a misa todos los domingos y fiestas de guardar, tampoco nos lo creemos.
Jon Barcam
Cada cual es cada cual. Por eso, cuando nos encontramos a un hombre de izquierdas, gay, homosexual, infiel a su marido, sin hijos, pero, pero, pero va a misa todos los domingos y fiestas de guardar, tampoco nos lo creemos.
Jon Barcam
jueves, 3 de julio de 2014
El hombre protón 4
Serafín es el más tonto del
pueblo. Lleva toda la noche al lado del cristal que le separa de mi padre.
Quería a mi padre. ¡No, es mentira!, Serafín lo hace en todos los entierros, se
queda horas y horas velando a los difuntos. Lo mejor de todo es que no llora ni
hace ruido. Se levanta de vez en cuando y con voz gangosa me dice al oído,- ¡Gijo
leg vamog a gechar de menog! Mis colegas y yo tardamos más de una docena de
entierros en comprender qué era lo que decía. Me acuerdo que fue en el entierro
de Paco el Mosquete. Mi amigo Maco nos echó un órdago- ¡Alguien podría de una
vez saber qué es lo que dice Serafín en los entierros! No hacía falta más. Maco
se puso manos a la obra. Empezó a vigilar a Serafín, lo estuvo cronometrando
más de tres horas seguidas y llegó a la conclusión de que cada diecisiete
minutos se levantaba a ver a la viuda, le daba un abrazo y le soltaba la famosa
frase. Después del estudio, Maco nos reunió a todos.
¡Presentes! Maco, Felipe,
Bote y yo.
-
Chicos, esta misión es importante para este pueblo, ¡nadie!, repito, ¡NADIE!
sabe qué narices dice Serafín, y nosotros después de tantos entierros, vamos a
descubrirlo esta misma tarde-. Maco era así. Le gustaban las películas de
Vietnam y trataba de imitar a los sargentos que trataban de inculcar valor,
honor y todas esas chorradas de los militares. En el fondo, nos gustaba cuando hablaba
así; tengo que confesar que algunos discursos me ponían la piel de gallina.
-Felipe
tú ofrécele un cigarrillo a Serafín, esa es una oferta que nunca rechaza. Era
verdad, a Serafín le gustaba fumar, aunque no sabía; hacía gestos extraños cada
vez que daba una calada, parecía como si diese a luz un ratón por la boca.- Y
tú Andrés, estarás esperando en la parte de atrás del ayuntamiento. Luego ya
veremos...
Jon Barcam
miércoles, 2 de julio de 2014
El hombre protón 3
Esta tarde enterraremos a padre, su última voluntad
fue que lo incinerasen, pero mi tía Encarna ha dicho- ¡de eso nada!- Sus voces
se oían por todo el ayuntamiento. Al final, el del seguro ha accedido
a enterrarlo, aunque eso de enterrarlo es un decir, porque a los últimos
funerales que he asistido, o más bien, a todos los funerales que he asistido en
mi vida, nunca se entierra a nadie. El destino final, una concavidad cuadrada mural,
también llamada nicho. Es horrible, nunca sabes quién te va a tocar al lado, y
no lo digo por el muerto, lo digo por los familiares que vamos a limpiar la
lápida el día de Todos los Santos. Seguro que me toca al lado del padre de la
Paqui y tendré que hablar con ella y no quiero. Acabamos tan mal nuestra relación. Su padre se
presentó en casa con una escopeta para pegarme dos tiros y eso que fue ella
quien me dejó por un recluta que venía a pasar el verano después de hacer el
campamento en la ciudad. Estaba claro lo que pasó. La Paqui se quedó preñada y
su padre vino a ver si se la colaba al segundo más tonto del pueblo.
Jon Barcam
Jon Barcam
Vino de Acehuchal
Las hormigas azules son peligrosas porque siempre que pueden te dejan una marca en la parte posterior del muslo derecho que ayuda a que la policía de la ciudad de Cho te pueda detener por tráfico de sustancias sabrosas.
Uno de cada diez hombres se acuesta vestido a diario. El diseñador Manolo Perternizaronke ha encontrado el modelo perfecto para lucir sus modelos.
Un niño del colegio San Nicolás de Advento ha tratado de comerse toda la comida de la línea fría. Según sus propias palabras- estaba demasiado caliente para mi gusto.
Esto es una prueba caligráfica que no consigo que diga nada congruente, por tanto, si no he ofendido a nadie, me ha salido mal.
Jon Barcam
Uno de cada diez hombres se acuesta vestido a diario. El diseñador Manolo Perternizaronke ha encontrado el modelo perfecto para lucir sus modelos.
Un niño del colegio San Nicolás de Advento ha tratado de comerse toda la comida de la línea fría. Según sus propias palabras- estaba demasiado caliente para mi gusto.
Esto es una prueba caligráfica que no consigo que diga nada congruente, por tanto, si no he ofendido a nadie, me ha salido mal.
Jon Barcam
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