domingo, 31 de agosto de 2014

El mes del pato

Es el mes del pato televisivo, si me pones en la nieve me quedo, pero sólo porque estoy disecado,  no te creas que estoy tranquilo. Necesito volver a la tele, con la mierda del plasma todo va fatal, por favor, si alguien conoce una tele vieja que quiera adoptarme, díganselo a mi dueña. Está en el nicho 3 de la fila 4 del pasillo norte.

PD: Me mató Felipe, el marido de la señora, el muy cabrón siempre ha dicho que si pudiera me mataría mil veces mas, qué asco me ha cogido, ¡¡¡asqueroso!!!

Jon Barcam

Ezequiel Baraona 2

Ramínez no esperó a llamar por teléfono. Rápidamente subió las escaleras hasta el despacho del Comisario.
-Jefe, la mercancía ha desaparecido.- Trataba de no levantar la voz, era la peor de las noticias que le podía dar al famoso Comisario.
-No se ponga nervioso y revise otra vez el almacén.- A Ezequiel Baraona no se le podía pasar por la cabeza que algo o alguien que estuviese bajo su mando no fuese controlado por su persona.
-Jefe, ¡por favor!
Baraona levantó los ojos del ordenador y se quedó con la mirada quieta sobre las manos de Ramírez. No sabía qué hacer por primera vez en diez años. Cómo explicar a las autoridades que una de las obras de arte más importantes de la pintura norteamericana había sido robada de un almacén de la policía española.

Jon Barcam

viernes, 29 de agosto de 2014

Pon un plátano en tu vida golfo.

De qué color es el plátano.
No tengo ni idea.
Dígamelo.
No
Le doy una pera
De qué color
No

No
Te vienes a ver una película
No
Me quieres


Jon Barcam

The first novel Jon Barcam. She´s addictive

Comisario Ezequiel Baraona

El subinspector Méndez llevaba tantos años haciendo la pelota a todos los jefes que habían pasado por la unidad que ya resultaba digno de admirar la facilidad con la que entraba en acción.
- Jefe, el decomiso ha llegado, cuándo usted crea oportuno empezamos a estudiar la mercancía.
Ezequiel Baraona llevaba en la policía no más de diez años. Una carrera fulgurante, sin duda, pero la suerte siempre estuvo a su favor, misiones arriesgadas, buenos chivatazos, hombres siempre dispuestos a darlo todo, en definitiva, una carrera que no tendría límites, al menos eso pensaban todos hasta ese momento.
- Gracias Méndez, enseguida bajaré a echar un vistazo, estoy pendiente de una llamada del Ministro, Ramírez que se ponga el uniforme de bonito, ella será la encargada de hablar con los medios.
Méndez salió del despacho, sin haber puesto una sola objeción a las ordenes del Señor Comisario. Los había visto de todos los colores en su casi treinta años de profesión y no quería arriesgarse las primeras semanas en caer en desgracia ante el jefe.
Los almacenes dónde la policía guardaba los diferentes decomisos de las operaciones eran un lugar seguro. Sólo un policía de guardia tenía acceso a ellos. Una firma, con un número de identificación eran necesarios para entrar en aquellos lugares. Sin embargo, la función pública se relaja, se dejan de cumplir las normas a la mínima, esas normas son para gente de la que uno no se fíe, pero aquí somos todos compañeros, era la frase más usada por todos los que bajaban a aquellos almacenes. Con el tiempo, nadie firmaba y así, pasó lo que tenía que pasar.
-Sí señor ministro, está todo bajo control, en menos de una hora, la prensa está convocada, y la mercancía estará preparada en la sala de prensa para que pueda ser fotografíada... no sé preocupe, está todo preparado...sabemos de la importancia de la operación para usted... ¡para el país por supuesto!, ya me entiende...

Jon Barcam

martes, 26 de agosto de 2014

Primera Novela













http://www.amazon.es/Mateo-Flinch-Born-Run-Barcam-ebook/dp/B00N17VR4W/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1409089584&sr=8-1&keywords=mateo+flinch

El club del capital.

Una vez cumplido el propósito inicial, Fernando Milán  se dispuso a redactar la carta de encuentro con los clientes del club:
 
Queridos clientes:
Quiero comunicarles que ya está a la venta el abono para el mes de noviembre. En el lado oeste mostraremos la decapitación de un banquero, como ya habrán leído en los periódicos, es el caso de este banquero zurumbático que permitió que sus ganancias entraran en proceso de crecimiento negativo hasta alcanzar el 30%. 
En el lado norte tenemos al alcalde de Santa María de Po que creyó que el poder estaba en sus manos. El consistorio en pleno nos mandó su caso y fue sentenciado al desmenbramiento de sus extremidades, todas.
Y, por último en el centro de edificio, para goce personal mío, tenemos al antiguo gestor de nuestra gloriosa organización. Como ya saben sus señorías tuvo un momento de flaqueza y pensó si todo esto que hacemos tiene algún sentido. Será ejecutado por sus propios hijos con la cubertería de la madre.
Sin otro parecer reciban cordial saludo.
FM

Jon Barcam

Mi cocodrilo y tú perro.

   Decidí comprarme un cocodrilo el día en que vi a un perro morder a un niño. El niño sangraba como un cochino. El perro le había rebanado el cuello, y a los pocos minutos el niño murió desangrado. Sólo tenia dos años. Estaba indefenso, no por su edad, su fragilidad o por la falta de atención y cuidado de sus padres. Simplemente ese animal estaba predestinado a matar a ese niño y, ante eso, no hay nada que hacer.
   Decidí comprarme un cocodrilo porque quería vengarme del perro. Sí, sé que es una locura, pero soy incapaz de matar ni a una mosca, por eso compré este animal mortifero, él se encargaría de todo.
    Metí el cocodrilo en la piscina y llamé al vecino, que precisamente era el dueño del perro. Le pregunté por el animal asesino y me dijo que lo había dejado para que montase a una perra y tener más cachorros -asesinos,- pensé yo.
   Me indigné y, sin saber cómo, empujé a mi vecino a la piscina. El cocodrilo se merendó a mi vecino en menos de dos segundo. No me puedo olvidar del sonido de los hueso partiéndose a cada dentellada del cocodrilo.
   Me pareció una animalada lo que había ocurrido y fui a por mi escopeta y maté al cocodrilo. ¿Quién sabe?, ha sido una locura todo lo que ha pasado, en el fondo estoy contento pero no del todo, al final, no conseguí ver muerto a ese perro, aunque he oido que es esteril, quizás la estirpe asesina se quedé yerma.


Jon Barcam

miércoles, 20 de agosto de 2014

El perro y yo

El perro de enfrente de mi casa no para de mirarme. No ladra. No bebe. No come. Sólo me mira. El otro día me acerque y le dije:
-Guau guau?-y él me contestó.
-No creas que no te entiendo, sólo que eres un poco raro.
Me he quedado extrañado, le falta un colmillo y lo lleva postizo, se lo ha hecho un protésico muy famoso de la ciudad. A él no le ha gustado mi mirada y me ha mordido el rabo.

Jon Barcam

martes, 19 de agosto de 2014

El poeta Albert

He estado de vacaciones y he conocido a un poeta. Se llama Albert y es de Canadá. Me ha parecido un tipo bastante extraño, según parece era hijo de un aviador que combatió en la II Guerra Mundial. Su padre, que también se llamaba Albert, era un ser melancólico, siempre añoró los míticos combates de la Gran Guerra. Su hijo nunca llegó a entender la tristeza de su padre por algo tan cruel como matar a otros seres vivos que tan siquiera conocía.
Un día le pregunté si lo echaba de menos, me dijo con un acento medio inglés medio andaluz -chico, mi padre me pegaba cada noche desde su regreso de la guerra. Durante años el alcohol se agarró a su mente y  destrozó mi juventud, ¡¡¡¿Cómo quieres que lo eche de menos?!!!
Yo me callé, en el fondo no se si me importaba mucho aquello que me contaba un hombre que jamás volvería a ver en mi vida.
El sábado me acerqué al espigón donde solía ver al viejo poeta pescando, ya no estaba. Un pescador que andaba por allí me dijo que había muerto. Me enteré que su funeral sería ese mismo día en una parroquia local.
Me acerqué. Allí estaba. Una sola persona le acompañaba.
-Me llamo Teresa, ¿eres Mario? -me preguntó.
-Sí -. No tenía ganas de hablar.
-Albert me dio esto para ti.- Una pequeña hoja de papel amarillenta. Ese era su legado.
Me senté. Me restregaba la cara, no sé si estaba allí, necesitaba sentirme vivo, necesitaba estar seguro que estaba vivo.
Leí el trozó de papel. Un suspiró lleno de congoja liberó mi ánimo, mi cuerpo. La nota decía así: -Siempre querré a mi padre.

Jon Barcam

lunes, 18 de agosto de 2014

La vuelta

Una medusa me ha dicho, -chico ve a casa y arregla lo tuyo. - Yo le he hecho caso, y aquí estoy.

Jon Barcam

miércoles, 6 de agosto de 2014

Las ratas

En medio de la carretera hay una rata, de esas asquerosas, de esas con los ojos rojos y el rabo largo largo. Un coche ha pasado por encima de ella y la ha reventado. Una madre, de esas que grita al ver la rata en su casa, pone cara de pena al ver el suceso.
Conclusiones:
-¿Las ratas van al cielo?
-Cuando muere una rata, ¿hay una familia que la llora?, ¿la echa alguien de menos?
-Lo demás no me interesa, porque la mamá se irá a acostar y no se acordará más de la rata.

Jon Barcam

El obispo y sus cosinas (Siglo XIII)

Ahí tienes el traje.
Imposible
¿Cómo?
Yo soy sacerdote.
¿Y?
Que eso de ahí es un traje de monja
¿Y?
No sé, señor obispo, es que...
¿Y?
Vale

A los cinco minutos sale el susodicho vestido de monja. Esta preciosa.
Sor Pedro, ¿te has puesto las medias?
Sí, señor.
Quitatelo, todo, aquí mismo, puta.
Eso es pecado.
Lo sé


Jon Barcam

Recetas de verano

Receta de gazpacho:

Una tuerca
Una llave holandesa.
Dos regletas.
Una mirilla.
Dos botes de pintura verde.
Un enchufe
Un trozo de cable.

Modo de empleo:
Te coges la herramientas, te vas a casa de madre y, con la excusa de arreglarle los yaques de hace dos años, en el momento en que te diga -te apetece un poquito de gazpacho. Ya sabes.

Jon Barcam

La calor en el desván 1

¿Qué es eso?
Una armadura, ya sabes, para que no me...
¡Qué tontería! Yo ahora mismo con un bolígrafo te...
¿Qué es un bolígrafo?
Déjalo.

Esta mañana has decido untar la tostada por el lado contrario.
Ya.
Me puedes decir, por qué lo has hecho.
No.
Vete a la mierda.
Vale.

La parte de la fruta que desechamos, el 99,9%  de los nutricionistas gilipollas dicen que es lo mejor.
Hay un cura, de esos que hacen exorcismos, que dice que eso es obra del consumo, osea, del diablo que se aburre y dice cosas. Luego se juntan los domingos, en la hora del fútbol, y, en el descanso de los partidos, ponen un vídeo y se ríen de nosotros. -Qué os creéis, que el diablo a picado con eso del DVD.

Tengo un gato que odia que se le pinchen las ruedas del coche. El caballo trata de pintar sobre muro, le es menos humillante. Las cabras, que no son muy listas, con lo suyo, ya van, ya van...


Jon Barcam

lunes, 4 de agosto de 2014

El regalo

Tengo un solo regalo que jamás compartiré contigo. Nunca me lo podrás quitar. Lo puedo perder y jamás lo encontraré, por eso, cada día, me levanto y veo lo que me rodea  y trato de vivir sin juzgar, sin analizar, sin cometer errores, la suerte es que casi nunca lo consigo.

Jon Barcam

sábado, 2 de agosto de 2014

Paco Popov 7

En mi familia todo ha sido penuria. Mi madre está enganchada al licor de lentejas. Sus borracheras y ella pasaron a ser  muy conocidas en el nido 7 del Estado de Amazon desde el año en que salió el presidente Verde, aquello le impacto demasiado, decía que acabaríamos todos en la parrilla de San Petronilo (nunca me dio por preguntarle qué era una parrilla). Al principio se quitaba la ropa y se acababa metiendo por el segundo ano las señales semafóricas de los cruces externos. Los niños del barrio la llamaban Anatolia Culo Loco. ¡Qué cabrones!. Su padre, mi abuelo, vino varias veces desde la capital del Norte, Moscú-Samsung, para tratar de tranquilizarla. Lo conseguía durante unos días con palizas cada dos horas. ¡Mira que el abuelo está viejo, pues le daba unos puntapiés tremendos! ¿Llegaba incluso a emitir unos alaridos al compás de soltar la pierna! Daba un miedo.
Comodoro me lo regaló mi abuelo, yo tenía veinte años. Recuerdo que me dijo, -esta será tu herencia, hijo de mi hija-. El abuelo hablaba así, parece que ha salido del siglo XIII. Se llamaba Rasputón Popov y, hasta el final de sus días, fue el mafioso más temido al este de los Urales.
Desde hace unos años mi madre está recluida en la perrera Z, sé que es la peor de todas, pero allí las leyes morales son inexistentes y puede hacer y decir lo que le venga en gana. A su manera, es feliz.

Corto y cierro
Paco Popov


Jon Barcam

Anatomía del odio

Una mujer anduvo por el camino de Odiseo, eterna trastabillada, con el sólo deseo del hijo resucitado, con el sólo anhelo de la vida soñada. Joven mujer, que sin querer, encontró la verdad de su existencia. Una noche, ¡la noche!, en la que las lechuzas duermen por miedo a encontrarlo, Pereza, la hija del Tedio, se acercó al tronco milenario para probar la sabia.
Cuatro días pasaron hasta que Pereza recobró el aliento. Sólo Aurora, la hija de la mañana, consiguió despertar el conjuro. Tomó el camino de las amargas hiedras azules.
Llegó al reino de las amapolas, y allí, tomó dos copas. La primera con vino. La segunda...

Murió, sola.

Tres magos

La amargura célibe

Mirando la uña del pie derecho he visto tu cara. Era azul.
Hay una postura del codo, imposible a todas luces. He mirado detrás. He visto tus ojos.
Entre tus nalgas dejé un sacapuntas. No sabía qué hacer con él. Me dijo mi madre, los sacapuntas se dejan  entre las nalgas de las señoras rubias. No, pero al final lo he hecho. He sentido cosquillas.
Dos incólumes mujeres me arrojan al mar, tú te ahogarás, yo no, ellas me dejarán un trozo de su pecho negro hecho pedazos.

La estrías amarillas, son.

Ámame

Para los hombre que murieron en la encarnizada batalla del deseo.
Para las mujeres que suplicaron compresión sempiterna.
Para los perros, incapaces de amar.
Para ti, sobrante de anhelos de paz.
Para mi, consuelo de listos.

El jefe arruinado.

El deseo de lo inalcanzable

Miro a mi compañera y veo la locura de un sueño que no fui capaz de cumplir por la cobardía de los hombres tangentes.
Miro a mi madre.
Miro a mi padre.
Miro a mi compañero del alma del que no soy capaz de arrancar las verdades de los hombres arruinados por la fatiga de la condescendencia.
Miro a mi padre.
Miro a mi hermano.
Miro al amigo deseoso de ver la la mujer desnuda, la amada capitana del deseo fugaz incapaz de tener los bolsillos llenos de amor.
Te veo Hermano.
Me veo.


Mezclando palabras.

Paco Popov 6

-Hola
-Hola
-Hola
-Hola Paco, perdona había ido al servicio, ya sabes como es la gente de la agencia.
-Estoy a una tela de kilómetros, sino te importa, cuando te hable, contéstame. Sé que moriré pronto, pero me gustaría encontrar cierta condescendencia por  vuestra parte.
-Lo siento, Paco. Mi nombre es José San Cristobal, soy interino. Podría justificarme diciéndote que estoy sólo en la estación (que es verdad) pero no es esta la razón. Me dedico a la limpieza orgánica de los terminales de sexta generación trendiso.
-Ya te entiendo, a mi también me costó entender a esos bichos.
-No, no, si los entiendo, no te equivoques, el problema es que tengo conjuntivitis y no veo bien.
-¿Qué te ha pasado?
-Me pegué una ducha de estrolitos y no veo un carajo.
-¿No te pusiste la pantalla verdad?
-No, ¿te ha pasado a ti?
-Ya te digo
-...
-...
-¿Volverás?
-No
-¿Seguro?
-Sí
-Te deseo toda la suerte del mundo.
-Gracias José.
-Llamamé Pepi
-¿Pepi?
-Sí
-Tú puedes llamarme Paqui, pero no se lo digas a nadie.
-Espero verte pronto Pepi.
-Lo mismo Paqui.

Corto y cierro
Paco Popov.


Jon Barcam