martes, 26 de agosto de 2014

Mi cocodrilo y tú perro.

   Decidí comprarme un cocodrilo el día en que vi a un perro morder a un niño. El niño sangraba como un cochino. El perro le había rebanado el cuello, y a los pocos minutos el niño murió desangrado. Sólo tenia dos años. Estaba indefenso, no por su edad, su fragilidad o por la falta de atención y cuidado de sus padres. Simplemente ese animal estaba predestinado a matar a ese niño y, ante eso, no hay nada que hacer.
   Decidí comprarme un cocodrilo porque quería vengarme del perro. Sí, sé que es una locura, pero soy incapaz de matar ni a una mosca, por eso compré este animal mortifero, él se encargaría de todo.
    Metí el cocodrilo en la piscina y llamé al vecino, que precisamente era el dueño del perro. Le pregunté por el animal asesino y me dijo que lo había dejado para que montase a una perra y tener más cachorros -asesinos,- pensé yo.
   Me indigné y, sin saber cómo, empujé a mi vecino a la piscina. El cocodrilo se merendó a mi vecino en menos de dos segundo. No me puedo olvidar del sonido de los hueso partiéndose a cada dentellada del cocodrilo.
   Me pareció una animalada lo que había ocurrido y fui a por mi escopeta y maté al cocodrilo. ¿Quién sabe?, ha sido una locura todo lo que ha pasado, en el fondo estoy contento pero no del todo, al final, no conseguí ver muerto a ese perro, aunque he oido que es esteril, quizás la estirpe asesina se quedé yerma.


Jon Barcam

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