Comenzar una nueva vida siempre es difícil, no quiero decir la palabra cambiar, porque en mis quince días de vida, he aprendido que cambiar de vida es imposible. Puedes adaptarte a nuevos retos, modificar pensamientos, costumbres, pero tu vida es única y es imposible cambiarla.
Y, así, despacio, sin pensar demasiado, Pepe el Mosca, caminó todo el día, tratando de explotar sus seis sentidos hiperdesarrollados. Olía, tocaba, observaba, escuchaba y por un momento se olvidó de sus otros dos sentidos. Y así empezó a vivir de verdad.
Pasó al lado de un pequeño riachuelo y allí vio un pez muerto desde hacía al menos un día. Vio su ojo muy abierto y pensó en su madre, en su tío Serafín al que no había conocido y en la mujer que no había amando y en los hijos que nunca podría criar. Y supo que él no era un Cabeza Gorda, fue consciente por primera vez que era un mosca, un maldito mosca al que solo le quedaban seis días de vida. Seis maravillosos días de vida.
Y durmió, y se montó en su Ferrari F40 descapotable, con cuatrocientos caballos de potencia y se vio golpeado por el aire en su espalda, como si volase, feliz, feliz. Y fundó un partido político. Y se vio corrigiendo a Diego Rivera en su último mural. Y pelaba una naranja y en cada gajo un niño mordía sus dedos, el hambre hacia estragos. Y compró un Sony Xperia y Steve le dijo que su teléfono era mejor.
Despierto, se preguntó quién era. Una mosca se posó sobre su frente. Instinto; su mano rápida como una ala de abeja golpeo y apretujó la mosca contra el frontal.
-Pepe, despierta ya. Los garbanzos están en la mesa.
Juan Antonio Barroso
sábado, 21 de febrero de 2015
domingo, 8 de febrero de 2015
Pepe el Mosca: día 14
Pepe, soy Dios, el Dios mosca. No quiero que mates a nadie. Solo has tenido una vida desafortunada. Esa mujer no tiene la culpa de tus desgracias. Recuerda que eres un mosca. Tu vida no es muy larga. Morirás en pocos días. Te animo a que hagas el bien. Solo el bien. Alabado sea yo. Maricón.
Un respingo me hizo levantarme, eran las cuatro de la tarde llevaba todo el día durmiendo. Estaría malo. Me acordé del sueño. Sería Él, realmente. Tenía hambre, la patatera hubiera estado bien, pero soy un mosca, los mosca no comemos patatera.
Declina, chaval declina, rosa..., no eso no joder, ¡abandona!. Era mi voz, mi propio yo dándome órdenes.No.
Te quiero Marta, necesito que hagamos lentejas con Nocilla.
-¡Qué pasa!.- Un sobresalto levantó a Pepe de su cómodo lecho de pelo rubio. Sentado, arruinado moralmente, tenía que tomar una decisión. Bajó de aquello tan peludo e hizo una fogata, quemó quijada y todos aquellos instrumentos que pudieran servir para hacer el mal. Y como punto final se arrancó su otra ala. Y empezó a cantar:
"Echame a mi la culpa de lo que pase...."
Juan Antonio Barroso
Un respingo me hizo levantarme, eran las cuatro de la tarde llevaba todo el día durmiendo. Estaría malo. Me acordé del sueño. Sería Él, realmente. Tenía hambre, la patatera hubiera estado bien, pero soy un mosca, los mosca no comemos patatera.
Declina, chaval declina, rosa..., no eso no joder, ¡abandona!. Era mi voz, mi propio yo dándome órdenes.No.
Te quiero Marta, necesito que hagamos lentejas con Nocilla.
-¡Qué pasa!.- Un sobresalto levantó a Pepe de su cómodo lecho de pelo rubio. Sentado, arruinado moralmente, tenía que tomar una decisión. Bajó de aquello tan peludo e hizo una fogata, quemó quijada y todos aquellos instrumentos que pudieran servir para hacer el mal. Y como punto final se arrancó su otra ala. Y empezó a cantar:
"Echame a mi la culpa de lo que pase...."
Juan Antonio Barroso
martes, 3 de febrero de 2015
Pepe el Mosca: día 13
Allí estaba esa zorra. La rubia que había acabado con toda mi felicidad. Ya no me importaba nada. Sólo quería acabar con ella. Estaba tumbada, tomando el sol o qué se yo, se untaba con ese líquido que tanto nos gusta a los moscas.
Saltaría sobre su cabellera y ...y ...y ¿y qué podía hacer una mierda de mosca como yo? Aquella tipa era enorme. Sí le metía la quijada en el cráneo, apenas sentiría nada, una pequeña molestia y encima de un plumazo me fulminaría. Tenía que pensar en la forma de aniquilar a esa bestia, en la forma en cómo un mosca se podía cargar a un Cabeza Gorda.
(Nota del autor: ante la ausencia de ideas, se pide a la concurrencia imaginación y ayuden a esta modesta persona a encontrar el remedio para mi querido Pepe el Mosca)
Así pasaron las horas del día y quedó dormidito, acurrucadito, esa bestia asesina sin corazón que era el Hijoputa.
Juan Antonio
Saltaría sobre su cabellera y ...y ...y ¿y qué podía hacer una mierda de mosca como yo? Aquella tipa era enorme. Sí le metía la quijada en el cráneo, apenas sentiría nada, una pequeña molestia y encima de un plumazo me fulminaría. Tenía que pensar en la forma de aniquilar a esa bestia, en la forma en cómo un mosca se podía cargar a un Cabeza Gorda.
(Nota del autor: ante la ausencia de ideas, se pide a la concurrencia imaginación y ayuden a esta modesta persona a encontrar el remedio para mi querido Pepe el Mosca)
Así pasaron las horas del día y quedó dormidito, acurrucadito, esa bestia asesina sin corazón que era el Hijoputa.
Juan Antonio
lunes, 2 de febrero de 2015
Pepe el Mosca: día 12
Está claro que el ADN de un mosca tiene cosas que nadie ha investigado porque en el momento que proseguí mi camino, con mi mochila y mi quijada, no podía de dejar de tararear canciones de Leño, Obus y otros grupos musicales que eran totalmente irreconocibles para mí. Me había vuelto loco, imposible, creo que siempre estuve mas para allá que para acá. No me preocupaba.
Paré en lo alto de una montaña de mierda, estaba llena de compañeros locos por comerse toda aquella porquería, yo, pregunté con voz grave y muy alta:
.¿Chicos, han visto por aquí a una rubia?- Lo muy cabrones ni me miraron, estaban tan hambrientos que no les importaba nada. No sé que pasó, pero me subí a aquella montaña y empecé a cortar cabezas, alas, patas, todo lo que se interponía en el filo de mi quijada quedó partido en dos. Cuando el agotamiento se hizo presa de mi, mi cordura volvió . Unos ojos llorosos me miraban.
-Me llamo Esteban, no me hagas daño, por favor.- Un pequeño mosca me suplicaba que no lo matase.
-¿La rubia?
-Por allí.- Me señaló hacia una pared, y sí, tenía razón, allí estaba la rubia.
-Gracias- Levanté mi quijada y rematé a Esteban, ya le había cortado un ala, y pensé que no era necesario que pasase por las mismas calamidades que había pasado yo.
Juan Antonio Barroso
Paré en lo alto de una montaña de mierda, estaba llena de compañeros locos por comerse toda aquella porquería, yo, pregunté con voz grave y muy alta:
.¿Chicos, han visto por aquí a una rubia?- Lo muy cabrones ni me miraron, estaban tan hambrientos que no les importaba nada. No sé que pasó, pero me subí a aquella montaña y empecé a cortar cabezas, alas, patas, todo lo que se interponía en el filo de mi quijada quedó partido en dos. Cuando el agotamiento se hizo presa de mi, mi cordura volvió . Unos ojos llorosos me miraban.
-Me llamo Esteban, no me hagas daño, por favor.- Un pequeño mosca me suplicaba que no lo matase.
-¿La rubia?
-Por allí.- Me señaló hacia una pared, y sí, tenía razón, allí estaba la rubia.
-Gracias- Levanté mi quijada y rematé a Esteban, ya le había cortado un ala, y pensé que no era necesario que pasase por las mismas calamidades que había pasado yo.
Juan Antonio Barroso
domingo, 1 de febrero de 2015
Pepe el Mosca. día 11
Todo es maravilloso. Pioja y Mosca están completamente enamorados. Pero la vida es cruel. La mujer utiliza una especia de rastrillo por el que sólo pasan sus tísicos pelos y se los lleva por delante. Una imagen eterna, una imagen de amor inolvidable. El mosca de rodillas frente a una pequeña tumba, donde ha depositado el cuerpo de su amada. Allí hace el terrible juramento:
-Moriré, si es necesario, pero a esa bicha me la voy a llevar por delante. Ha vuelto el hijoputa.
El resto del día lo pasó llorando. No le hacían falta la plañideras, le sobraban, se las hubiera cargado, lleno, como estaba, de las rabia más mortal.
Casi al finalizar la noche, recogió su antigua quijada, su antiguo macuto y fue en busca de la mujer que le había arrancado lo más preciado en su vida.
-Pioja, te amo.- No paraba de repetirse en su viaje sin retorno.
Juan Antonio Barroso
-Moriré, si es necesario, pero a esa bicha me la voy a llevar por delante. Ha vuelto el hijoputa.
El resto del día lo pasó llorando. No le hacían falta la plañideras, le sobraban, se las hubiera cargado, lleno, como estaba, de las rabia más mortal.
Casi al finalizar la noche, recogió su antigua quijada, su antiguo macuto y fue en busca de la mujer que le había arrancado lo más preciado en su vida.
-Pioja, te amo.- No paraba de repetirse en su viaje sin retorno.
Juan Antonio Barroso
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