El general, recientemente ascendido, daría su primer discurso un viernes de dolores. Pasaban los días, la mente turbada por tan importante acontecimiento. Sabía que sería recordado toda su vida por ese instante. No dudaba del contenido, el gobierno le había pautado el discurso desde el principio hasta el final. - Sólo un párrafo será suyo mi general-, le dijo su secretario personal.
-Un párrafo, un sólo párrafo- se repetía una y otra vez el militar- ¿y qué digo?, ¡una sola palabra me bastaría!.
El general, después de noches sin poder dormir, se acercó a su viejo colegio y preguntó por su viejo profesor de literatura. Había muerto hacía ya diez años, le informaron. Un paseo por los pasillos del centro le hizo recordar olores, sobre todo olores. Todos permanecían allí. Una anécdota, una sólo anécdota le vino a la cabeza. Ramón, su primer amigo del alma, pintó una bandera republicana en el refectorio del colegio. El estupor fue tal que fue destituido el director y el secretario del colegio. Ramón no volvió.
Pasados unos meses, Benito, el pelota de la clase, se atrevió a preguntar al profesor de literatura qué le había parecido el dibujo de la bandera. Don Emilio, siempre profesor, contestó.- Hijo, creo que la primera palabra del Ulises describe tal hecho a la perfección.
El general corrió al la biblioteca del centro, de manera compulsiva buscaba la obra maestra. Una sonrisa afloró en su cara. Había encontrado su palabra.
Jon Barcam
domingo, 29 de junio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
Reflexión de un hipopótamo amaestrado
Puede que si coges un gato y una nuez, el primero juegue con la segunda, pero nunca sabrá cual es el fin nutritivo de la nuez. A pesar de todo, nos hará mucha gracia, nos parecerá entretenido, incluso nos puede despertar cierto sentimiento semejante al cariño.
Pues a mi me pasa lo mismo cuando ponen a un político a dirigir un banco o una empresa o lo que sea, ganando muchas nueces.
Jon Barcam
Pues a mi me pasa lo mismo cuando ponen a un político a dirigir un banco o una empresa o lo que sea, ganando muchas nueces.
Jon Barcam
jueves, 26 de junio de 2014
Dos objetos inolvidables
Tengo dos conceptos en la mente que sé que han influido o van a influir en mi vida.
Uno es "balón de reglamento" Sólo he conocido una persona en mi vida, siendo yo niño, cuando bebíamos coca-cola los domingos, que haya tenido un balón de reglamento. Era de los buenos, auténtico, entonces China había aprobado su constitución actual (no es ironía) y Luis sacó ese objeto de culto que era un balón. Esa misma mañana, alguien, que creo que fui yo, lanzó el tiro de su vida. El maravilloso balón se perdió a los pies de una retro-excavadora. Después, lágrimas, reproches, y una especie de tortilla de balón.
El otro concepto es un Leptro, los habrá 1,2,3,4,5,6 hasta el 23. No sé qué es, ni para que sirve, ni cual es su precio, nada de nada. Así que ¡ea!, sino tienes nombre para eso que cambiará el futuro de la humanidad, ahí te dejo un nombre, no te pediré nada a cambio, boba. En el fondo, tengo la certeza que será una chica la que cambiará el mundo hasta ahora conocido.
Jon Barcam
Uno es "balón de reglamento" Sólo he conocido una persona en mi vida, siendo yo niño, cuando bebíamos coca-cola los domingos, que haya tenido un balón de reglamento. Era de los buenos, auténtico, entonces China había aprobado su constitución actual (no es ironía) y Luis sacó ese objeto de culto que era un balón. Esa misma mañana, alguien, que creo que fui yo, lanzó el tiro de su vida. El maravilloso balón se perdió a los pies de una retro-excavadora. Después, lágrimas, reproches, y una especie de tortilla de balón.
El otro concepto es un Leptro, los habrá 1,2,3,4,5,6 hasta el 23. No sé qué es, ni para que sirve, ni cual es su precio, nada de nada. Así que ¡ea!, sino tienes nombre para eso que cambiará el futuro de la humanidad, ahí te dejo un nombre, no te pediré nada a cambio, boba. En el fondo, tengo la certeza que será una chica la que cambiará el mundo hasta ahora conocido.
Jon Barcam
Ya sé que tienes el ano limpio, pero hazlo con responsabilidad.
-¿En qué trabaja tu padre?
-Hace el trepanado de los rollos del papel higiénico.
-Y...eso del trepanado ¿qué es?.
-Son los agujeros que nos facilitan cortar los trozos de papel.
-Ya.
-No te creas, es un trabajo de mucha responsabilidad.
-¡Anda ya!
-Las empresas del sector se lo rifan.
-¿El papel higiénico?
-No, ¡mi padre!, ¡no seas estúpido!
-Explícate.
-Mi padre ha hecho un estudio y según sus conclusiones, las empresas de más de 500 trabajadores se pueden ahorrar entre un 3 y un 14% en sus gastos de papel higiénico. Eso supone un ahorro de entre 300 y 3000 euros al año.
-Y... ¿en que consiste el estudio?
-Es sencillo, según mi padre, si la distancia entre una línea de trepanado y otra disminuye, el consumo de papel baja y por tanto el gasto.
- Pero hay gente que no utiliza la línea de trepanado para romper el papel, ¡vamos que le da igual!
-Por eso también hay que hacer dos cursos para que sea efectivo el ahorro.
-¿En qué consisten?
-El primero en cómo romper el papel higiénico por el trepanado.
-¿El segundo?
-Porque no necesitas tanto papel para limpiarte el ano.
-...
-No te preocupes, yo sé que tú cortas el papel por el trepanado.
Jon Barcam
-Hace el trepanado de los rollos del papel higiénico.
-Y...eso del trepanado ¿qué es?.
-Son los agujeros que nos facilitan cortar los trozos de papel.
-Ya.
-No te creas, es un trabajo de mucha responsabilidad.
-¡Anda ya!
-Las empresas del sector se lo rifan.
-¿El papel higiénico?
-No, ¡mi padre!, ¡no seas estúpido!
-Explícate.
-Mi padre ha hecho un estudio y según sus conclusiones, las empresas de más de 500 trabajadores se pueden ahorrar entre un 3 y un 14% en sus gastos de papel higiénico. Eso supone un ahorro de entre 300 y 3000 euros al año.
-Y... ¿en que consiste el estudio?
-Es sencillo, según mi padre, si la distancia entre una línea de trepanado y otra disminuye, el consumo de papel baja y por tanto el gasto.
- Pero hay gente que no utiliza la línea de trepanado para romper el papel, ¡vamos que le da igual!
-Por eso también hay que hacer dos cursos para que sea efectivo el ahorro.
-¿En qué consisten?
-El primero en cómo romper el papel higiénico por el trepanado.
-¿El segundo?
-Porque no necesitas tanto papel para limpiarte el ano.
-...
-No te preocupes, yo sé que tú cortas el papel por el trepanado.
Jon Barcam
Instinto Básico
Hemos tratado de ayudar a los caballos, no se dejan. Las razones pueden ser variadas, sin embargo, pensamos que años de sometimiento les impiden tener una actitud positiva frente a los hechos a tratar por el Consejo Real. Al final hemos llegado a una conclusión dolorosa, todos serán sacrificados y optaremos por una nueva especie. Con toda seguridad elegiremos a las ratas, son sucias y nada nobles pero llevan toda la vida aguantando.
Jon Barcam
Jon Barcam
miércoles, 25 de junio de 2014
Hortensio el Ponesio
Los teatros para conejos son muy extraños, los techos no son muy altos, el color naranja es su preferido y no hay butacas, solo una especie de repisas metálicas con unos pequeños agujeros para poder depositar lo que le sobra en su cuerpo.
-El numero de hoy es especial-, era la frase más usada en la tarde del teatro.
Las tres últimas semanas un gran mago había visitado la ciudad y los tenía a todos anonadados, no quedaban entradas desde hacía meses.
El gran mago Hortensio el Ponesio salió al escenario. Llevaba puesto el frac de costumbre, pero esta vez llevaba un sombrero de copa. Se lo quitó y lo enseñó a todos los presentes. Todos los conejos con los bigotes erizados, con los ojos desencajados.
-¡Conejos y conejas!-, gritaba el artista-, de este sombrero saldrá el ser más maravilloso que jamás conocerán. Nada por aquí. Nada por allá-. la expectación era máxima.
Un humo de esos que no asfixian inundó la sala, las luces se volvieron tenebrosas y el mago agarró algo y lo sacó del pequeño sombrero...
Esa mañana, Pedro cogió a todos los conejos de la granja que había degollado, limpiado y envasado la noche anterior. Los llevó, como cada semana, al supermercado de la ciudad.
Jon Barcam
-El numero de hoy es especial-, era la frase más usada en la tarde del teatro.
Las tres últimas semanas un gran mago había visitado la ciudad y los tenía a todos anonadados, no quedaban entradas desde hacía meses.
El gran mago Hortensio el Ponesio salió al escenario. Llevaba puesto el frac de costumbre, pero esta vez llevaba un sombrero de copa. Se lo quitó y lo enseñó a todos los presentes. Todos los conejos con los bigotes erizados, con los ojos desencajados.
-¡Conejos y conejas!-, gritaba el artista-, de este sombrero saldrá el ser más maravilloso que jamás conocerán. Nada por aquí. Nada por allá-. la expectación era máxima.
Un humo de esos que no asfixian inundó la sala, las luces se volvieron tenebrosas y el mago agarró algo y lo sacó del pequeño sombrero...
Esa mañana, Pedro cogió a todos los conejos de la granja que había degollado, limpiado y envasado la noche anterior. Los llevó, como cada semana, al supermercado de la ciudad.
Jon Barcam
La copla española
La vida de un médico es, por lo general, muy aburrida. Pedro Azpilicueta de la Montaña y San Serván era la tercera generación de médicos en su familia. Su abuelo y su padre habían traído al mundo 2459 niños. A Pedro no le gustaba la especialidad y, después de muchos reproches y enfados, se decidió por la otorrinolaringología, -la peor de las especialidades posibles si no tienes vocación como médico-, le repetía su padre.
-¡¿Por qué no le planté cara a estos idiotas?! ¿por qué? ¿por qué?.- Se castigaba una y otra vez cada tarde al acabar la consulta,- ¡hubiera sido cualquier cosa antes que médico!-. Para su desgracia, era el mayor especialista del país en garganta y muchos cantantes famosos, y no tanto, le visitaban en su consulta de la calle Argüelles.
Una tarde se presentó en la consulta Manolita, la famosa coplera de Vallecas.
-Doctor, estoy desahuciada, mi cuerdas vocales ya no sirven.- Cuántas veces había escuchado lo mismo, ¡miles! Siempre acaba solucionándoles todos los abusos que cometían.
Un mes después y varios miles de euros en el bolsillo del Doctor Azpilicueta, Manolita fue dada de alta.
-Doctor, le debo la vida, tome este regalo, que yo creo que después de los euros que me ha sacado, es suficiente.
Al abrir la caja se encontró una boa, ¡una boa!, se dijo para sí el Doctor. Tras los agradecimientos, llantos y demás requiebros, Manolita, última de la consulta, se marchó.
Pedro se metió, como cada día, en el cuarto de baño privado; se quitó toda la ropa de médico y se pegó la ducha de rigor. Al salir, trató del quitar el vaho del espejo y esperaba, como siempre, no tener éxito, pero sin saber porque, aquel día el vaho se esfumó por completo a los pocos segundos; dio media vuelta y apareció un hombre desnudo. Era él. Hacía años que no se veía. Estaba viejo, la primera de sus conclusiones. Miró sus ojos, sin reproches. Por un segundo encontró lo que llevaba buscando toda la vida. Salió del cuarto de baño. Desnudo. Húmedo. Cogió la boa. La acarició, se la pasó por la cara y finalmente, se la enroscó al cuello.
Al otro lado del despacho, Concha, la auxiliar que ayudaba a don Pedro, quedó prendada por una voz angelical que entonaba una copla de las que pellizcan el corazón: "Apoyá en el quicio de la mancebía,
miraba encenderse la noche de Mayo..."
-¡¿Por qué no le planté cara a estos idiotas?! ¿por qué? ¿por qué?.- Se castigaba una y otra vez cada tarde al acabar la consulta,- ¡hubiera sido cualquier cosa antes que médico!-. Para su desgracia, era el mayor especialista del país en garganta y muchos cantantes famosos, y no tanto, le visitaban en su consulta de la calle Argüelles.
Una tarde se presentó en la consulta Manolita, la famosa coplera de Vallecas.
-Doctor, estoy desahuciada, mi cuerdas vocales ya no sirven.- Cuántas veces había escuchado lo mismo, ¡miles! Siempre acaba solucionándoles todos los abusos que cometían.
Un mes después y varios miles de euros en el bolsillo del Doctor Azpilicueta, Manolita fue dada de alta.
-Doctor, le debo la vida, tome este regalo, que yo creo que después de los euros que me ha sacado, es suficiente.
Al abrir la caja se encontró una boa, ¡una boa!, se dijo para sí el Doctor. Tras los agradecimientos, llantos y demás requiebros, Manolita, última de la consulta, se marchó.
Pedro se metió, como cada día, en el cuarto de baño privado; se quitó toda la ropa de médico y se pegó la ducha de rigor. Al salir, trató del quitar el vaho del espejo y esperaba, como siempre, no tener éxito, pero sin saber porque, aquel día el vaho se esfumó por completo a los pocos segundos; dio media vuelta y apareció un hombre desnudo. Era él. Hacía años que no se veía. Estaba viejo, la primera de sus conclusiones. Miró sus ojos, sin reproches. Por un segundo encontró lo que llevaba buscando toda la vida. Salió del cuarto de baño. Desnudo. Húmedo. Cogió la boa. La acarició, se la pasó por la cara y finalmente, se la enroscó al cuello.
Al otro lado del despacho, Concha, la auxiliar que ayudaba a don Pedro, quedó prendada por una voz angelical que entonaba una copla de las que pellizcan el corazón: "Apoyá en el quicio de la mancebía,
miraba encenderse la noche de Mayo..."
Jon Barcam
Otra estupidez
Hola, buenos días. Soy Froyuta su nueva depiladora.
Hola.
No tenga miedo, soy experta, ¿qué necesita?
Quiero que me lo quite todo.
¿Todo?
Todo
¿Todo?
Todo
La hormiga cogió las tijeras del 5 y, sin pensárselo dos veces, le dio un tajo a ras de piel en el único pelo de su cuerpo.
¿Qué le parece?
¡Una salvajada!
Pues..., ahora no tiene remedio, esto no vuelve a crecer jamás.
Ya, quiero el libro de reclamaciones.
No tengo.
¡Quiero la hoja de los precios!
No tengo
Pero...
No soy depiladora
¿?
Yo soy una peluquera en serie, jajajajaja.
Jon Barcam
Hola.
No tenga miedo, soy experta, ¿qué necesita?
Quiero que me lo quite todo.
¿Todo?
Todo
¿Todo?
Todo
La hormiga cogió las tijeras del 5 y, sin pensárselo dos veces, le dio un tajo a ras de piel en el único pelo de su cuerpo.
¿Qué le parece?
¡Una salvajada!
Pues..., ahora no tiene remedio, esto no vuelve a crecer jamás.
Ya, quiero el libro de reclamaciones.
No tengo.
¡Quiero la hoja de los precios!
No tengo
Pero...
No soy depiladora
¿?
Yo soy una peluquera en serie, jajajajaja.
Jon Barcam
martes, 24 de junio de 2014
Idiotez 1
Tengo una silla con dos patas
Tengo una moto con cuatro ruedas
Tengo un volígrafo que escribe tinta invisible
Y tengo una letra v que siempre la escribo con v.
Lo de la silla, la moto y el voli no me importa, pero me gustaría escribir volígrafo con v.
Jon Barcam
Tengo una moto con cuatro ruedas
Tengo un volígrafo que escribe tinta invisible
Y tengo una letra v que siempre la escribo con v.
Lo de la silla, la moto y el voli no me importa, pero me gustaría escribir volígrafo con v.
Jon Barcam
Strong Country
Enumero:
1. Niños en el umbral de la pobreza.
2. Sindicalistas de UGT gastándose el dinero de los cursos para los trabajadores y desempleados en comidas y muebles.
3. Rey aforado por el grupo parlamentario popular.
4. Crecimiento vegetativo negativo por muchos años.
5. Ministro del Interior declara que si Cataluña se independiza será víctima del terrorismo ( más o menos).
6. La indemnización por despedidos tendrá que pagar impuestos a partir de cierta cantidad (encima de puta...)
Estas han sido las noticias más comentadas del día, yo me quedo con una que no ha salido en los medios de comunicación. Hoy ha nacido una niña en un hospital español, el parto fue complicado, muy difícil, será, dentro de unos años, presidenta del gobierno de nuestro amado país.
Jon Barcam
1. Niños en el umbral de la pobreza.
2. Sindicalistas de UGT gastándose el dinero de los cursos para los trabajadores y desempleados en comidas y muebles.
3. Rey aforado por el grupo parlamentario popular.
4. Crecimiento vegetativo negativo por muchos años.
5. Ministro del Interior declara que si Cataluña se independiza será víctima del terrorismo ( más o menos).
6. La indemnización por despedidos tendrá que pagar impuestos a partir de cierta cantidad (encima de puta...)
Estas han sido las noticias más comentadas del día, yo me quedo con una que no ha salido en los medios de comunicación. Hoy ha nacido una niña en un hospital español, el parto fue complicado, muy difícil, será, dentro de unos años, presidenta del gobierno de nuestro amado país.
Jon Barcam
El libro y el alemán
Un libro tienes varias partes. No, no me refiero al contenido intelectual. Me refiero a las partes físicas que tiene cada libro. Esto que voy a contar sólo pasa en los libros buenos, esos de pasta dura, esos que duran toda la vida.
En 1854 un encuadernador de la región de Hessen, en el mismo corazón de Alemania, llamado Hans Günter, se dedicaba a este maravilloso trabajo. Ponía en cada una de sus obras todo el amor y virtud de las que disponía. Nunca, desde que empezó a trabajar, había estado satisfecho con el trabajo realizado. Pasaron los años y los años hasta ser uno de los maestros encuadernadores más apreciados del país, pero Hans nunca estaba satisfecho, su obsesión por buscar la perfección le hizo ser un hombre cada vez más infeliz.
Una mañana se levantó y preguntó a su mujer por su hijo Otto. Su mujer se echó en sus brazos llorando desconsolada. Hans asustado le preguntó qué le pasaba, ella entre sollozos, apenas comprensibles, le dijo que Otto había muerto hacía dos meses.
Hans quedó paralizado. ¡Cómo podía ser que no se hubiese dado cuenta que su amado hijo había muerto! Desde ese instante decidió no volver a trabajar jamás con libros.
Pasaron los años, muchos años, y un día de primavera, un joven soldado se presentó en su casa. Su ropa estaba sucia y desgastada. Su cara marcada por años guerra agotadora, sin embargo, sus ojos reflejaban una luz que Hans no reconocía pero que llamó su atención.
-Soldado, a pesar del frío, el hambre, la muerte, ¿por qué te brillan los ojos de esa manera tan maravillosa?
-Vuelvo a casa señor, con mi hijo-. el corazón de Hans fue atravesado por una espada candente. Las lágrimas vinieron a sus ojos.
-¿Qué le pasa señor?- El soldado no quería causar dolor a nadie más.
-Nada hijo, sólo que yo no supe volver a tiempo.
-No le entiendo señor.
-No es nada, hijo.
Hans invitó a lavarse y cenar al soldado. También le ofreció una cama donde descansar. Cuando el soldado se fue a la cama, sacó de su morral una pequeña fotografía y, a la vez, cayeron un montón de papeles. Quedaron descolocados en el suelo. Hans le ayudó a recogerlos y le preguntó al soldado.
-¿Qué son estos papeles soldado?
-Son las cartas que mi hijo me mandó cada semana desde que empezó la guerra. No puedo tirarlas, han sido las que me han mantenido vivo durante todo este tiempo.
Los ojos de Hans se volvieron a llenar de lágrimas.
-Si quieres puedes leerlas, yo ya no las necesito, ¡se las regalo!
A la mañana siguiente, cuando el soldado se levantó. Hans se despidió del soldado y en el último momento le ofreció un regalo. Un libro.
-¿Qué es esto Hans?
-Son las cartas que te mandó tu hijo. Las he encuadernado para que las guardes para siempre.
-Pero, te las he regalado.
-No puedo aceptarlo, este libro es tu hijo, este libro, eres tú.
El soldado marchó. Hans volvió a su taller y empezó de nuevo a encuadernar libros. Muy pocos, ya que, en cada uno de ellos, en la parte donde está la cabezada, ponía un trocito de su corazón.
PD: ¿Se puede hacer lo mismo con un e-book? Quizá dentro de unos años encontremos el romanticismo en la pantalla, nunca se sabe.
Jon Barcam
En 1854 un encuadernador de la región de Hessen, en el mismo corazón de Alemania, llamado Hans Günter, se dedicaba a este maravilloso trabajo. Ponía en cada una de sus obras todo el amor y virtud de las que disponía. Nunca, desde que empezó a trabajar, había estado satisfecho con el trabajo realizado. Pasaron los años y los años hasta ser uno de los maestros encuadernadores más apreciados del país, pero Hans nunca estaba satisfecho, su obsesión por buscar la perfección le hizo ser un hombre cada vez más infeliz.
Una mañana se levantó y preguntó a su mujer por su hijo Otto. Su mujer se echó en sus brazos llorando desconsolada. Hans asustado le preguntó qué le pasaba, ella entre sollozos, apenas comprensibles, le dijo que Otto había muerto hacía dos meses.
Hans quedó paralizado. ¡Cómo podía ser que no se hubiese dado cuenta que su amado hijo había muerto! Desde ese instante decidió no volver a trabajar jamás con libros.
Pasaron los años, muchos años, y un día de primavera, un joven soldado se presentó en su casa. Su ropa estaba sucia y desgastada. Su cara marcada por años guerra agotadora, sin embargo, sus ojos reflejaban una luz que Hans no reconocía pero que llamó su atención.
-Soldado, a pesar del frío, el hambre, la muerte, ¿por qué te brillan los ojos de esa manera tan maravillosa?
-Vuelvo a casa señor, con mi hijo-. el corazón de Hans fue atravesado por una espada candente. Las lágrimas vinieron a sus ojos.
-¿Qué le pasa señor?- El soldado no quería causar dolor a nadie más.
-Nada hijo, sólo que yo no supe volver a tiempo.
-No le entiendo señor.
-No es nada, hijo.
Hans invitó a lavarse y cenar al soldado. También le ofreció una cama donde descansar. Cuando el soldado se fue a la cama, sacó de su morral una pequeña fotografía y, a la vez, cayeron un montón de papeles. Quedaron descolocados en el suelo. Hans le ayudó a recogerlos y le preguntó al soldado.
-¿Qué son estos papeles soldado?
-Son las cartas que mi hijo me mandó cada semana desde que empezó la guerra. No puedo tirarlas, han sido las que me han mantenido vivo durante todo este tiempo.
Los ojos de Hans se volvieron a llenar de lágrimas.
-Si quieres puedes leerlas, yo ya no las necesito, ¡se las regalo!
A la mañana siguiente, cuando el soldado se levantó. Hans se despidió del soldado y en el último momento le ofreció un regalo. Un libro.
-¿Qué es esto Hans?
-Son las cartas que te mandó tu hijo. Las he encuadernado para que las guardes para siempre.
-Pero, te las he regalado.
-No puedo aceptarlo, este libro es tu hijo, este libro, eres tú.
El soldado marchó. Hans volvió a su taller y empezó de nuevo a encuadernar libros. Muy pocos, ya que, en cada uno de ellos, en la parte donde está la cabezada, ponía un trocito de su corazón.
PD: ¿Se puede hacer lo mismo con un e-book? Quizá dentro de unos años encontremos el romanticismo en la pantalla, nunca se sabe.
Jon Barcam
Filosofía del pingüíno.
Es estúpido quitarse la ropa para volvérsela a poner.
Es de tontos comer para seguir comiendo.
Es inútil trabajar para seguir trabajando.
Pero si no te vistes, no comes y no trabajas, no puedes bucear.
Jon Barcam
Es de tontos comer para seguir comiendo.
Es inútil trabajar para seguir trabajando.
Pero si no te vistes, no comes y no trabajas, no puedes bucear.
Jon Barcam
lunes, 23 de junio de 2014
Una pequeña historia sobre la Selección Española
Hablaré sólo de fútbol. Quiero contar cómo vi la primera Eurocopa (segunda en las vitrinas de nuestra Selección) que ganó esta generación de futbolistas. Pasé unos días en Bruselas, ciudad multicultural por excelencia. Nuestros anfitriones eran españoles, inmigrantes extremeños durante los años setenta, sus hijas hispano-belgas, los nietos, belgas. Al principio, los balcones de la ciudad estaban engalanados con banderas de todos los participantes, a medida que pasaban eliminatorias, los balcones se iban vaciando. Recuerdo un instante en la pequeña plaza del niño ese meando (no se como se escribe en francés) coincidimos con italianos, ellos nos reconocieron a nosotros. Empezaron susurrando Italia, Italia, Italia; nosotros respondimos (nunca me hubiera imaginado gritando el nombre de mi país). Al final, ganamos esa Eurocopa, siendo uno de los momentos más importantes de mi vida. No se puede comparar al nacimiento de mis hijas, o mi boda, o tantas historias de mi vida, pero esos hombres me tiñeron mi corazón de rojo y gualda para siempre. Siempre hablaré bien de vosotros, porque yo os viví, yo os sentí.
Jon Barcam
Jon Barcam
La tía Fermina
Cada domingo después de misa de doce, todos los niños del
barrio íbamos a casa para cambiarnos de ropa. Nuestras madres no nos dejaban
trastear con la ropa buena. Julio era el único niño del barrio al que su madre
no se la quitaba; por la tarde tenían que ir a casa de su tía Fermina.
Tomaban chocolate con churros y después paseaban por el centro de la ciudad. Sobre las ocho de
la tarde volvían a casa. Unos pocos esperábamos a Julio en la puerta. Le susurrábamos,-
¿cuánto?- y el respondía,-un duro. Nuestro domingo empezaba en ese momento.
Jon Barcan
domingo, 22 de junio de 2014
A Cassandra
Este es un blog para escribir cosas que me hacen sentir bien. Este era el primero y único de mis fines, con mayor o menor virtud, con mejor o peor calidad. pero sobre todo, para hacerme sentir que soy alguien importante para mi mismo y eso no tiene precio. Por eso, y como única excepción, quiero comentar algo que ha sucedido recientemente a un familiar:
Hace unos días ha muerto una niña de 11 años, hija de una prima de mi mujer. Vivían en Bélgica, todos son belgas, salvo los abuelos, ellos son extremeños. Allí la sanidad es privada. La enfermedad ha sido fulminante, pero a los padres y demás familiares les queda la sensación, o mejor dicho, tienen la certeza, que se podía haber hecho algo más. Es difícil de demostrar, pero parecer ser que criterios económicos, de prestigio del hospital y demás ... han impedido abrir esa pequeña ventana a la esperanza.
Por todo esto, la sanidad pública española es tan importante, salva vidas, nada más y nada menos.
Besos para ti Cassandra, niña bonita.
Juan Antonio
Hace unos días ha muerto una niña de 11 años, hija de una prima de mi mujer. Vivían en Bélgica, todos son belgas, salvo los abuelos, ellos son extremeños. Allí la sanidad es privada. La enfermedad ha sido fulminante, pero a los padres y demás familiares les queda la sensación, o mejor dicho, tienen la certeza, que se podía haber hecho algo más. Es difícil de demostrar, pero parecer ser que criterios económicos, de prestigio del hospital y demás ... han impedido abrir esa pequeña ventana a la esperanza.
Por todo esto, la sanidad pública española es tan importante, salva vidas, nada más y nada menos.
Besos para ti Cassandra, niña bonita.
Juan Antonio
¡Ya soy un hombre!
Miguel llevaba
meses esperando la oportunidad. Vigilaba la habitación de sus padres cada vez
que volvía del colegio. No se atrevía a dar el paso. Mamá dejaba abierta la
puerta. Por el hueco podía ver trozos de cosas. La mesilla de papá, una lámpara
de noche, un vaso de agua, un despertador. Pero su vista buscaba otra cosa. Su
cuerpo se estremecía al pensar en el momento en el que sus pies, sus pies...
El
domingo Miguel se levantó tarde. Sus padres ya habían desayunado. Mamá se había
ido con Marisa al médico, estaba resfriada. Oía la voz de su padre que le
decía- ahora te pongo el desayuno Miguel- las palabras se hacían cada vez más
audibles. Cuando apareció en la cocina, llevaba unas zapatillas nuevas, ¡eran
horribles!
Terminó
su desayuno y recogió el tazón de leche. Al acercarse a la pila vio por la
ventana el cubo de la basura. Allí estaban. No se lo pensó dos veces, ¡a por
ellas!
Estaban frías,
pero fue la primera vez que se sintió como un hombre.
Jon Barcam
sábado, 21 de junio de 2014
¿Qué haces?
El funcionario cogió el arma. Le
daba vueltas hacia un lado y hacia otro. Pesaba más de lo que se hubiese podido
imaginar. Estaba fría. La empuñadura era de madera, el resto, negro. Por un momento pensó que ambas
tonalidades, metálica y madera, no conjuntaban. Muy despacio, acercó el cañón
al ojo derecho. Cerró el izquierdo. No se veía nada. Sin poder esperar más, se
puso el borde del cañón sobre los labios. Deseaba hacerlo. Cualquiera diría que
estaba loco. No se pudo resistir. Sacó su lengua y chupo el interior del
revólver. Confirmado. Menuda decepción.
Jon Barcam
Una historia del día
Si decides dedicar tu vida a la
familia, si quieres que la cosa salga más o menos bien tienes que dejar todo lo
demás. Los hijos exigen mucho y a todas horas, día y noche, todos los días del
año, durante toda una vida.
A veces se tuercen las cosas y un
hijo no va por tu camino. Es en ese preciso instante es cuando una madre
necesita del cabeza de familia.
Pero, qué podía esperar de un hombre
así.
Jon Barcam
La selección y el rey
Me levantaba a las ocho de la mañana, todos los sábados.
Abría el cajón de los calcetines y sacaba las medias negras; procuraba
encajármelas bien en mis delgadas piernas, a la altura de la rodilla las
doblaba, con delicadeza, para que la franjas horizontales quedasen iguales
alrededor de mi pierna. Después, el pantalón corto y la camiseta.
Salía de casa con el traje de la selección. Era el número
uno. Nadie más tenía uno igual en todo el barrio. Durante unos años fui el más
importante. Un sábado, Pedro salió de su casa con un traje del Real Madrid,
llevaba el número de Juanito.
Yo también tuve que abdicar.
Jon Barcam
Una historia real
En frente de
la empalizada enemiga había un kiosco de helados. La calle, arrasada. No
quedaba una ventana, ni hablar de los cristales. El dueño del kiosco se marchó
con prisas, había dejado fuera el cartel
de los helados. Por un momento, Smith pensó que alguien podría llevárselo. Una
ráfaga de viento arrastró el cartel unos metros, al final cayó. Sin
pensarlo, se levantó. El sargento, siempre atento de los suyos, lo agarró por
la guerrera.
-¿A dónde vas
Smith?-. En la pregunta se dejó la vida, como siempre.
-Voy a recoger
el cartel de los helados-. Su convicción era absoluta.
-¡Tú eres
tonto!- Bramó el sargento Di Maccio. -En cuanto asomes un sólo pelo, te volarán
esa estúpida cabeza.
-Pero señor…
En ese momento
los dos soldados se miraron, Smith sonrió. El sargento le devolvió la sonrisa y
le pasó su sucia mano por su cara. Smith cerró los ojos. Estaba en casa.
Jon Barcam
El rey cucaracha
Las hormigas tienen una especie de apósito en la parte inferior de su cuerpo. Ellas lo llaman tapón, pero como no se pueden comunicar con los delfines, por razones de logísticas, estos a su vez tampoco se lo pueden decir a los perros, que a su vez tienen los mismos problemas, con lo que a los humanos no les llega la información. Esta es la razón por la que yo, el rey cucaracha, no puedo decirle a mis súbditas las ratas que las hormigas tienen un tapón en la parte inferior de su cuerpo.
Estoy seguro que te estarás preguntando cómo las cucarachas hemos sometido a las ratas, pero eso, es otra historia.
Jon Barcam
viernes, 20 de junio de 2014
Relatos de miedo 4
Era su arma preferida. El embudo. Lo llenaba de cualquier cosa, líquida o sólida. Lo que más le gustaba era la carne picada. A veces la mezclaba con huevo para que entrase mejor y atorar lo antes posible. Todos acababan de la misma manera. Echaban por la nariz trocitos de grasa, magro y sangre. No les daba tiempo ni a llorar.
Jon Barcam
Jon Barcam
Relatos de miedo 3
La piel acartonada de un zorro les da una falsa pista.
-Esta carretera es mortal para el que la cruza.
-¿Cuántos zorros no hemos encontrado esta semana?
-Tres; dos hembras y un macho.
-¿Crees que hay un asesino de zorros?
-No lo sé. La semana pasada nos encontramos una pata de un caballo.
-Es verdad, olvidé lo de ese pobre mesteño. ¿Crees que hay alguna conexión?
-No lo sé. No soy policía.
Jon Barcam
-Esta carretera es mortal para el que la cruza.
-¿Cuántos zorros no hemos encontrado esta semana?
-Tres; dos hembras y un macho.
-¿Crees que hay un asesino de zorros?
-No lo sé. La semana pasada nos encontramos una pata de un caballo.
-Es verdad, olvidé lo de ese pobre mesteño. ¿Crees que hay alguna conexión?
-No lo sé. No soy policía.
Jon Barcam
Relatos de miedo 2
Un soldado tumbado sobre la nieve tiñe de rojo muerte todo lo que le rodea. En su bolsillo izquierdo la receta de tarta de manzana de su madre. En su bolsillo derecho el mando a distancia de la tele,-¡es mía!, le decía a sus hermanos.
Al final de la tarde, antes de las ocho, murió. Un hombre delgado se acercó y sacó un trozo de papel de su bolsillo izquierdo y un mando a distancia del derecho. No buscó nada más, ni dinero, ni oro. Nada.
Seis meses después, un joven maestro de Brooklym comía tarta de manzana sentado en el sillón de casa, en la tele, una partido de béisbol.
Jon Barcam
Al final de la tarde, antes de las ocho, murió. Un hombre delgado se acercó y sacó un trozo de papel de su bolsillo izquierdo y un mando a distancia del derecho. No buscó nada más, ni dinero, ni oro. Nada.
Seis meses después, un joven maestro de Brooklym comía tarta de manzana sentado en el sillón de casa, en la tele, una partido de béisbol.
Jon Barcam
Últimas noticias del Reino de Castilla
So pretexto del artículo del periódico monárquico, solo caben tres ideas:
1. Este año de 2076 es el de la coronación del tercer miembro de la dinastía de los Condón.
2. La gente, y con ello me refiero a los súbditos, no se ha acostumbrado al apellido de la nueva dinastía reinante desde 2068. Las razones parecen estar muy claras, aunque, todo sea dicho de paso, nadie se atreve a decir ni una sola palabra, ya sea hablada o escrita.
3.Este nuevo y querido rey, al que deseamos, como a los anteriores, larga vida, esperemos que nos dure un poquito más que los tres meses que duró su antecesor, mas que nada porque, como se votó en la Cámara Única, se rige por sorteo del Cupón de los Operados de Ano, el famoso CUO y éste sólo se celebra dos veces al año, con lo que el Reino de Castilla quedó vacante durante tres meses (por cierto, muy productivos para los familiares del difunto, según dicen las malas lenguas).
Otras noticias importantes a destacar fueron la prolongación de las guerras de los antiguos conciudadanos catalanes y vascos. Según las últimas noticias los combates por el territorio turolense se han recrudecido. En palabras del General Pons: -Teruel ha sido toda la vida territorio catalán. Haremos lo que esté en nuestra mano para que vuelva al sitio que le corresponde.
Desde la capital del Reino de Castilla
Plasencia
Año de 2076
Josemi Erda
Jon Barcam
Desde la capital del Reino de Castilla
Plasencia
Año de 2076
Josemi Erda
Jon Barcam
jueves, 19 de junio de 2014
Relatos de miedo 1
Ha llegado
el momento.
Yo no
quiero. Soy consciente de mi fin. No quiero, intento aferrarme. No quedan
asideros. Miro mis manos. No tengo dedos, sólo quedan muñones
ensangrentados. El dolor se fue.
Siento
arrepentimiento. La vida se quedó corta, demasiado corta.
Siempre
imaginé que el instante sería rápido. No lo es.
Oigo a mi
hija. ¿Por qué grita? Oigo a mi hijo ¿Por qué llora?
Oigo a mi
marido,- callaos, no tenéis vergüenza. Una punzada mortal me atraviesa el alma.
Mis hijos no son mi producto. Mis hijos, ¿cuándo dejaron de serlo?
Adiós. Mi
último legado, aquí…
Jon Barcam
Agradecimientos
Para mi entrada número 100 sólo quiero dar las gracias a mis lectores, a todos, españoles, americanos, rusos, ucranianos, alemanes, franceses, mexicanos, belgas, guatemaltecos y británicos.
A todos muchas gracias.
Posdata: Si hay por ahí alguna agencia de inteligencia nacional o extranjera, gracias por seguirme, también os quiero.
Jon Barcam
A todos muchas gracias.
Posdata: Si hay por ahí alguna agencia de inteligencia nacional o extranjera, gracias por seguirme, también os quiero.
Jon Barcam
La Dinastía Borbónica.
-Buenos días doctor, estoy muy preocupada.
-Haber, ¿qué le ocurre?
-Oigo voces.
-Uff, ¿desde cuándo?
-Hace dos semanas.
-¿Ha ocurrido algo en su vida, alguna situación de estrés?
-No doctor, todo sigue igual.
-¿Oye las voces a todas horas o en algún momento del día?
-Sólo cuando estoy cerca del niño.
-¿Qué niño?
-Mi hijo.
-Ya.
-¿Alguna cosa más?
-Sí, bueno, las voces acaban convirtiendo en risas y al final en carcajadas.
-¿?
-Así es doctor.
-Me podía haber traído al niño y ver si hay algo extraño.
-Está fuera, ¿le llamo?
-Llámelo.
-¡¡¡¡Felipe Sixto!!!!, pasa, que te llama Don Emilio.
Jon Barcam
-Haber, ¿qué le ocurre?
-Oigo voces.
-Uff, ¿desde cuándo?
-Hace dos semanas.
-¿Ha ocurrido algo en su vida, alguna situación de estrés?
-No doctor, todo sigue igual.
-¿Oye las voces a todas horas o en algún momento del día?
-Sólo cuando estoy cerca del niño.
-¿Qué niño?
-Mi hijo.
-Ya.
-¿Alguna cosa más?
-Sí, bueno, las voces acaban convirtiendo en risas y al final en carcajadas.
-¿?
-Así es doctor.
-Me podía haber traído al niño y ver si hay algo extraño.
-Está fuera, ¿le llamo?
-Llámelo.
-¡¡¡¡Felipe Sixto!!!!, pasa, que te llama Don Emilio.
Jon Barcam
Pronósticos reales
Telegrama de hace 15 días de un miembro del gobierno, repúblicano:
Todo según los previsto STOP Afloran los sentimientos republicanos STOP Está cerca el momento de la III República STOP Por cierto, hemos hablado con el camarada del Bosque y parece ser que la selección está para ganar el mundial de Brasil STOP
Jon Barcam
Todo según los previsto STOP Afloran los sentimientos republicanos STOP Está cerca el momento de la III República STOP Por cierto, hemos hablado con el camarada del Bosque y parece ser que la selección está para ganar el mundial de Brasil STOP
Jon Barcam
miércoles, 18 de junio de 2014
España, la mejor selección de todos los tiempos
En los momentos difíciles hay que estar con nuestra gente.
Con todos ellos.
Pecado de españoles, la fidelidad.
Así somos, así seremos.
No. No. No.
Necesitas buscar la manera de amar a los que no te aman.
Quiere a tus traicioneros.
Eres el hombre maldito que busca el calor de la victoria.
Lucha, Lucha, Lucha!
Un equipo de leyenda.
Jon Barcam
Los tiburones no escriben a los muertos desnudos. Capítulo 23
-Pasa
hija. Dame un beso. Deja aquí tu maleta. Te la recojo yo -. Estaba claro a
quien salía Olvido, su madre hablaba igual que ella.-Yo creo que a tu madre le
encanta Azorín-, le decía Mikel, a la vez que soltaba una carcajada contenida.
Olvido era de ciencias.
-¿Has
desayunado?, ¿tienes hambre?
-Basta
mamá, por favor. Si necesito algo te avisaré. Gracias-. Era como escuchar la
conversación entre dos autómatas. A pesar de todo, Olvido estaba calmada.-
¿Dónde está?
-Se
lo han llevado a Leganés. Por lo visto no había camas en Madrid. Me llamó su
hermana. Está vivo de milagro-. A Juana se le notaba enseguida cuando estaba
nerviosa, no tenía tacto.- No sé gran cosa. El psiquiátrico ese está bien,
pero… ya sabes es un psiquiátrico…- Juana sentía mucho aprecio por Mikel, la
visitaba de vez en cuando y le contaba cómo estaba su hija. Olvido no lo sabía
y eso hacía crecer el valor de las visitas.
-¿Dónde
está Teresa?-. La hermana de Mikel era policía. No le interesó nunca la vida de
su hermano. El día en que la llamaron, hacía tres años que no sabía nada de él.
Era el único familiar que le quedaba vivo a Mikel. No lo quería, lo odiaba.
Teresa estaba enamorada de Olvido y Mikel se la quitó, al menos, eso pensaba
ella. No se lo perdonaría jamás.
-Esta
es su dirección-. Un papel arrancado de un cuaderno con letras en negro y una
dirección del sur de Madrid. Un barrio como otro cualquiera, entre Ciudad
Lineal y San Blas.
El
portal estaba lleno de propaganda. Era increíble la cantidad de publicidad que
se podía depositar en los buzones en un solo día. A Mikel le gustaba leer esos
grandes folletos, con grandes televisores, tablets y demás aparatos
electrónicos. Se hacía ilusiones y soñaba con montar una gran sala de cine, un
sonido espectacular y una imagen más allá de lo tridimensional. Las ilusiones
de los pobres van triturando a pocos las esperanzas de una vida normal.
Olvido empezó a sentirse incómoda, no le
gustaba el olor a humedad del edificio. A medida que iba subiendo escaleras, la
temperatura ambiente iba subiendo. Tenía que ser pisos de alquiler en su
mayoría. Todo estaba demasiado descuidado. Hacía mucho tiempo que no se
pintaban las escaleras. Muchos inmigrantes. Los olores de las comidas los
delataban. Diferentes. El cordero le daba ganas de vomitar, recuerdos de una
infancia de legumbres. Se tapó la boca, imposible remediarlo, las arcadas le
venían desde lo más profundo de su estómago. ¡Dios que asco!
Llamó
al timbre de manera compulsiva, tenía que entrar. La puerta se abrió y Olvido
pasó sin que Teresa la invitase. La conocía bien, no le molestó.
-Hola
Olvido, pasa por favor-. No era ironía. Puro amargor, rancio, de ese que ya no
se va.
No
le costó demasiado encontrar el baño, Teresa tenía la puerta abierta y se podía
ver desde la entrada. Unos minutos más tarde. Las dos estaban en la cocina. Sentadas
alrededor de una mesa de doble hoja. Llena de migas de pan del desayuno. Nunca
fue una chica aseada para la casa.
-¿Por
qué me has llamado?- Olvido fue directa.
-Yo
también me alegro de verte-. Estaba peor de lo que se imaginaba.
-Por
favor, Teresa. Se miró las uñas, ya no estaba enamorada de ella. No era mala,
sólo salió perdiendo.
-Me
llamaron hace una semana. No sabía nada de que lo habíais dejado y tuve que ir
al hospital.
-¿Cómo
está?
-No
habla, no come. Está sedado y conectado a una máquina que le ayuda a vivir. Los
médicos dicen que no está en coma es como una especie de catatonia. Pensé que
tú podrías ayudarlo-. Había sinceridad en las palabras de Teresa.
-¿Podemos
verlo ahora?
Las
dos examigas se marcharon a Leganés. Ni una sola palabra por el camino. Ni una
sola mirada. Nada, no quedaba nada.
Unos
pequeños tramites y en pocos minutos se dirigieron a la habitación donde habían
alojado a Mikel. Olvido se sorprendió, pensó que oiría voces de enajenados,
comportamientos antinaturales. Nada. Mucho silencio. Al fondo del pasillo una
enfermera les indicó la habitación en la que estaba Mikel. Una mano miedosa
empujaba la puerta. Al fondo, la contraluz. La vista se hizo. Un grito desgarrador. Un desmayo. Sangre en el suelo.
Jon Barcam.
El PSOE y yo
-La verdad mamá es que el PSOE va a salir enriquecido con todo esto. Varios candidatos sólo van a reforzar el discurso y saldrá adelante un partido renovado y más fuerte.
-¡Ya te has afiliado! ¿a qué sí? se lo he dicho a tu padre,- verás como este hijo tonto se afilia a estos viejunos en vez de a los de Cogemos.
-Será Podemos mamá.
-¡A qué te doy!
Jon Barcam
-¡Ya te has afiliado! ¿a qué sí? se lo he dicho a tu padre,- verás como este hijo tonto se afilia a estos viejunos en vez de a los de Cogemos.
-Será Podemos mamá.
-¡A qué te doy!
Jon Barcam
Boceto de ley orgánica de rey-jefe de estado jubilado
Boceto de la ley orgánica para un rey jubilado:
Punto 1: ¿Cómo hay que llamarlo después de la jubilaición?
1-. Abuelo
2.- Yayo.
3.-El pesao ese.
4.- El que no acaba de irse.
5.-Ese.
6.-Este.
7.-Aquel.
Punto 2: Lo de la cabeza.
1.- Se sigue machando púas.
2.-No se hace nada.
3.-Según lo haga el primero que cada uno obre.
Punto 3: Las perras.
1.- Todo para el nuevo.
2.- Que decida la mujer del nuevo, como en to las casas.
3.-Pensión grupo A1 para el que se va.
Punto 4: La casa y los coches:
1.- Pal jubilao.
2.-Pal nuevo.
3.-Hacemos un palacio nuevo y así no se discute. Será multiusos (esto último lo han incluido los de IU.¡Había que hacer una concesión, cojones!)
4.-Los coches ¡que se quede con ellos hombre! (palabras de uno de los que entran)
Punto 5: el del apellido raro, ¿qué hacemos con él?
1.- Yo que sé.
2.- Allá ellos.
3.- Hay que coger a un Sánchez pa estar más cerca de los súbditos. Ej: ¡Cuello de Oro no vale!
Punto 6: Los yaques
Unanimidad: según vayamos yendo, como es costumbre.
Jon Barcam
Punto 1: ¿Cómo hay que llamarlo después de la jubilaición?
1-. Abuelo
2.- Yayo.
3.-El pesao ese.
4.- El que no acaba de irse.
5.-Ese.
6.-Este.
7.-Aquel.
Punto 2: Lo de la cabeza.
1.- Se sigue machando púas.
2.-No se hace nada.
3.-Según lo haga el primero que cada uno obre.
Punto 3: Las perras.
1.- Todo para el nuevo.
2.- Que decida la mujer del nuevo, como en to las casas.
3.-Pensión grupo A1 para el que se va.
Punto 4: La casa y los coches:
1.- Pal jubilao.
2.-Pal nuevo.
3.-Hacemos un palacio nuevo y así no se discute. Será multiusos (esto último lo han incluido los de IU.¡Había que hacer una concesión, cojones!)
4.-Los coches ¡que se quede con ellos hombre! (palabras de uno de los que entran)
Punto 5: el del apellido raro, ¿qué hacemos con él?
1.- Yo que sé.
2.- Allá ellos.
3.- Hay que coger a un Sánchez pa estar más cerca de los súbditos. Ej: ¡Cuello de Oro no vale!
Punto 6: Los yaques
Unanimidad: según vayamos yendo, como es costumbre.
Jon Barcam
martes, 17 de junio de 2014
¡Si es que da lo mismo!
-¿Nombre?
-Serafín...Serafín... de lo otro no me acuerdo
-¿De qué otro?
-No sé, me falta algo.
-No sé de qué habla, ¿qué sabe hacer usted?
-Pues creo que estaba en el paro desde hace... pues tampoco sé eso.
-¡Estos putos muertos no se enteran de nada!
Jon Barcam
-Serafín...Serafín... de lo otro no me acuerdo
-¿De qué otro?
-No sé, me falta algo.
-No sé de qué habla, ¿qué sabe hacer usted?
-Pues creo que estaba en el paro desde hace... pues tampoco sé eso.
-¡Estos putos muertos no se enteran de nada!
Jon Barcam
Violencia contra las mujeres, ¿tú qué haces?
-¿Nombre?
-P.O.J.
-¿Sabía usted que su vecina era una mujer maltratada?
-No sé que decirle.
-Explíquese.
-Oíamos voces, no sé si alguna torta, aunque podía ser otra cosa.
-¿Por qué no denunció?
-¡Oiga que yo no la he matado!
-Pero podría haber hecho algo más, ¿no le parece?
-...
Jon Barcam
-P.O.J.
-¿Sabía usted que su vecina era una mujer maltratada?
-No sé que decirle.
-Explíquese.
-Oíamos voces, no sé si alguna torta, aunque podía ser otra cosa.
-¿Por qué no denunció?
-¡Oiga que yo no la he matado!
-Pero podría haber hecho algo más, ¿no le parece?
-...
Jon Barcam
lunes, 16 de junio de 2014
¿Dónde estás?
-Entiendo que no estás dispuesta a cambiar.
-...
-Responde, por favor.
-...
-¡Me tienes harto!¡Te odio!
-...
-¡Manolo cada vez que pierdes el mando de la tele se te pone cara de loco!
Jon Barcam
-...
-Responde, por favor.
-...
-¡Me tienes harto!¡Te odio!
-...
-¡Manolo cada vez que pierdes el mando de la tele se te pone cara de loco!
Jon Barcam
Los tiburones no escriben a los muertos desnudos. Capítulo 22
El frío de la mañana arrancó de su cuerpo la impaciente necesidad
de orinar. La ausencia de control le hizo exigir a su acompañante parar en una
alejada estación de servicio. Las odiaba. Le daban asco.
Allí estaba, de pie, frente al urinario. La porcelana parecía que
hubiese sido puesta por error en la vieja pared, mitad desconchada, mitad
alicatada a base de rancios azulejos descoloridos. Un incontrolado hilo de agua
dejaba la marca cetrina de la vejez, de la ausencia de interés por el
desgastado negocio.
-¡No soporto estas situaciones!-. Fermín estaba asustado-, ¡joder,
joder, joder!-. Parte de la personalidad de Fermín era así. A pesar de los años
no podía controlar su ansiedad ante un momento que él calificaba para sus
adentros como fatídico. Recordó la vez anterior, demasiado duro, demasiado
extraño para un hombre corriente. Bajo la excusa de la enfermedad sobrevenida,
el progenitor de otro magnífico alumno desapareció todo el fin de semana.
Recluido en su habitación, la madre no paraba de excusarse por la cobarde
ausencia. Fermín se prometió no volver a cometer la misma torpeza. Pero cuando
el veneno entra en el cuerpo, la necesidad se vuelve vampírica,-este será mi
último intento-, no paraba de repetirse en los momentos de duda. Además, había
algo más, el deseo.
Volvió al coche en apenas dos minutos, sacudía sus manos a la vez
que maldecía el local. Montó deprisa en el coche, Julio lo puso en marcha y
empezó a moverse con la lentitud del que no se atreve a decir nada, con la
lentitud del “no molesten“.
-¿Quieres tomar un café?, apenas quedan veinte kilómetros-. Julio era
consciente del cambio de tonalidad de Fermín,
a pesar de todo, se vio obligado a preguntarle.
-¡No! ¡Odio estos sitios! Está bien tomaré una manzanilla-. Julio
percibió esa parte del hombre que hasta ahora se había negado. Le vino a la
cabeza lo que un desconocido le dijo a las puertas del departamento los
primeros días en que se dejó caer por allí- con los meses se convierte en el
mismísimo diablo-, en ese instante pensó que eran los complejos de algún pretendiente
abandonado en el zaguán de la vida soñada.
Julio volvió a estacionar el coche en el mismo lugar de donde se
había separado hacía pocos segundos. Freno de mano lento, pensativo, calculando
si todo aquello había sido un error, un escalofrío recorrió su cuerpo. Su padre,
su padre, su padre escaneaba el alma de todo ser vivo, nunca fallaba. Era el
instante, el momento preciso en el que descifró las sentencias de don Rafael,
el viejo profesor de filosofía,- chavales, la educación es como el aire,
siempre está, no paramos de respirar, no paramos de aprender, aunque no
queramos, cada palabra, cada gesto, cada molécula que nos rodea puede
condicionarnos nuestra vida-. Eso era precisamente lo que había hecho su padre,
de cada palabra, de cada gesto, de cada molécula que su padre había depositado
en él, sólo una idea se había apoderado de todo su ser, el miedo. Un miedo
sutil, imperceptible, condicionante de cada instante, el peor de los miedos, el
que no se reconoce como tal.
-¿Quieres que te hable de mi padre?-. La falta de curiosidad de
Fermín molestaba profundamente a Julio.
- ¿Necesitas hablarme de tu padre?- Fermín trató de concentrarse
en algo que le distrajese de sus pensamientos obsesivos. En realidad, en ese
momento de su vida, no le importaba mucha gente y menos el padre de uno de sus
alumnos. Curiosamente, casi todos ellos sentían la necesidad de hablar de sus
progenitores.
- Sólo quiero ponerte sobre aviso-. Julio lo necesitaba.
- Adelante, créame prejuicios-. Fermín era implacable.
- Es mala persona.- No dudo ni un instante. Esas palabras,
resumían una vida.
Fermín, en los primeros años, ejerció como médico de cabecera en
un pequeño pueblo de Toledo. Había oído muchas veces hablar a hijos de padres,
a padres de hijos, la gente utilizaba el médico para desahogarse, el catarro se
convirtió en la salvación, en la válvula de escape de tantas miserias
familiares. Por eso, aquellas palabras de Julio no eran para él desconocidas,
eran los viejos recuerdos de otra vida.
Fermín vio al niño atrofiado que jamás se convertirá en hombre, la
debilidad humana y la gran pregunta, por qué estaban allí, por qué iban a aquel
lugar; se preguntó si todo aquello no era un plan minuciosamente trazado por un
estudiante con ganas de plantarle cara al padre omnipotente. Qué debía decir,
que debía hacer. Posó su mano sobre el muslo de Julio y lo palmeo con suavidad
varias veces, finalmente lo agarró con fuerza,- no te preocupes, somos listos,
nos haremos con ese mal bicho-. Julio esbozó una leve sonrisa tapado por sus
gafas de sol negras. No volvió a abrir la boca hasta que llegaron al pueblo.
-Vamos al Ayuntamiento, mi padre es el alcalde.
Jon Barcam
Futuro, tómate algo.
Año 2056, Febrero, 2.
Cuanto había cambiado el mobiliario de una casa en los últimos veinte años. Mucho. No, ese no es el concepto. Si alguien del 2030 hubiera entrado en esta estancia de la casa, le hubiera costado adivinar dónde se encontraba. Moncayo seguía siendo el mismo niño de siempre, con la nueva medicación superaba los 100 años sin dificultad y, además, con la agilidad de un hombre de 50, ¡que barbaridad! diría su madre. En el fondo era un sentimental. Recordaba a su madre más que nunca. Dicen que eran uno de los efecto secundarios de la pastilla milagrosa. Necesito hacer una tortilla de patatas. No tengo sartén, ni huevos, ni patatas, menos mal que nunca me gusto la cebolla. Juana X tráeme estos alimentos y te compraré un nuevo juguete para tus noches de acalorameinto. ¡Que bobo eres! Juana X es mitad humana mitad cíber, la puedes programar como tu quieras.
Coge la otra pastilla y vete al sur, quizá se te pase la nostalgia.
Jon Barcam
Cuanto había cambiado el mobiliario de una casa en los últimos veinte años. Mucho. No, ese no es el concepto. Si alguien del 2030 hubiera entrado en esta estancia de la casa, le hubiera costado adivinar dónde se encontraba. Moncayo seguía siendo el mismo niño de siempre, con la nueva medicación superaba los 100 años sin dificultad y, además, con la agilidad de un hombre de 50, ¡que barbaridad! diría su madre. En el fondo era un sentimental. Recordaba a su madre más que nunca. Dicen que eran uno de los efecto secundarios de la pastilla milagrosa. Necesito hacer una tortilla de patatas. No tengo sartén, ni huevos, ni patatas, menos mal que nunca me gusto la cebolla. Juana X tráeme estos alimentos y te compraré un nuevo juguete para tus noches de acalorameinto. ¡Que bobo eres! Juana X es mitad humana mitad cíber, la puedes programar como tu quieras.
Coge la otra pastilla y vete al sur, quizá se te pase la nostalgia.
Jon Barcam
domingo, 15 de junio de 2014
Reflexiones sobre 5 pecados descapitalizados
Aquel hombre tenía la costumbre de montar su caballo mesteño los días de luna llena. El resto ingresaba en la habitación 234 del pasillo norte.
La monja saltaba la pared del convento de Santa Clara todos los domingos por la noche. A las cinco de la mañana del lunes entraba en la capilla central a maitines, el olor la delataba, pero Dios la perdonaba.
Siete hombres desnudos trabajan en una gasolinera, siempre tienen clientela, a pesar de las carnes caídas, las canas y la falsedad en sus ademanes con la clientela. En el nightclub de al lado, cada vez que algún cliente pregunta por la gasolinera, las prostitutas sonreían y señalan con el dedo.- por allí, por allí están esos golfos.
Esteban no tenía miedo a las culebras, su madre, cuando era chico, atrapó una y le arrancó la cabeza con los dientes. Esteban tenía miedo a las mariposas, su madre nunca fue capaz de atrapar ninguna.
El juez Harrelson llevó a la horca a 27 individuos en su vida, sin reparos, así es la ley. El último año de vida, su mujer se atrevió a juzgar su aptitud como juez. Doce meses después, se tiró por el puente del ferrocarril.
Jon Barcam
La monja saltaba la pared del convento de Santa Clara todos los domingos por la noche. A las cinco de la mañana del lunes entraba en la capilla central a maitines, el olor la delataba, pero Dios la perdonaba.
Siete hombres desnudos trabajan en una gasolinera, siempre tienen clientela, a pesar de las carnes caídas, las canas y la falsedad en sus ademanes con la clientela. En el nightclub de al lado, cada vez que algún cliente pregunta por la gasolinera, las prostitutas sonreían y señalan con el dedo.- por allí, por allí están esos golfos.
Esteban no tenía miedo a las culebras, su madre, cuando era chico, atrapó una y le arrancó la cabeza con los dientes. Esteban tenía miedo a las mariposas, su madre nunca fue capaz de atrapar ninguna.
El juez Harrelson llevó a la horca a 27 individuos en su vida, sin reparos, así es la ley. El último año de vida, su mujer se atrevió a juzgar su aptitud como juez. Doce meses después, se tiró por el puente del ferrocarril.
Jon Barcam
viernes, 13 de junio de 2014
Los tiburones no escriben a los muertos desnudos. Capítulo 21
Fermín tenía dos piernas, una era de madera. Nunca hablaba de
ello. Julio pensaba que con el tiempo se acostumbraría a verlo desnudo, con la
pierna y el muñón a la altura de la rodilla. Se equivocaba, cuando Fermín se daba
cuenta que lo estaba mirando, Julio retiraba la mirada. No hablaban de eso, era
demasiado pronto o quizá había pasado el momento. El respeto al hombre mutilado
había sustituido al descaro de los primeros meses.
- No te he hablado de mi padre, puedes preguntarme lo que
quieras.- Julio empezaba a sentirse incómodo ante la ausencia de curiosidad de
Fermín.
- No necesito saber nada…bueno… ¿háblame de tu madre?-. Eso no
estaba en el guion y Julio se quedó mirando a Fermín, –no me lo puedo creer,-
pensaba.
Jon Barcam
Los tiburones no escriben a los muertos desnudos. Capítulo 20
Esa noche tocaba ronda por la zona más cercana a la costa. A nadie
le gustaba ese destino, sólo los más fuertes eran capaces de soportarlo.
Jacinto era el más fuerte de todos. Cuando era un adolescente su madre le hizo
jurar que resistiría cualquier tentación. Su carácter se había formado en torno
a esa promesa.
-¿Qué tal el chico?- Narciso había sido su segundo escolta durante
los últimos seis años, cuidaba de su lado más débil. Sólo los que son de absoluta
confianza pueden ocupar ese puesto. Era un hermano, dispuesto a lo que sea por
salvar al jefe.
- Creo que bien-. Eso sonó extraño, Jacinto no dudaba y Narciso lo
sabía. Calló.- No sé, lo noto diferente, quizá me esté haciendo viejo-. Eso era
imposible, Jacinto era el escualo más despiadado que existía en esa parte del
océano desde hacía años, estaba en la parte más importante de su carrera, le
quedaría al menos otros cuatro o cinco años más como gran jefe.
- Si necesitas contarme algo ya sabes…- Jacinto lo sabía.
Jon Barcam
Mas compañeros de Diego Lobo
2. Clemente Pérez Torrefacto (El niño
del tamboril)
Edad:
18 años
Profesión:
Sin especificar, o quizá tamborilero.
Nacionalidad.
Española, en el momento de hacerle esta pregunta él a su vez preguntó qué era
eso de la nacionalidad. Una vez entendido el concepto, no paraba de cantar,-yo
soy español, español, español, español…-
Habilidades:
Sabe tocar el tamboril y una flauta con dos agujeros. Hasta el momento no se
conocen más habilidades. A decir verdad, tiene una gran habilidad para liarse
porros con la mano que toca la flauta.
¿Qué
hace en este lugar?. Según parece, el Coronel podría ser su padre y no sabe qué
hacer con él. A pesar de todo tiene una capacidad innata para relacionarse con
los demás seres de su especie. No es listo, no es tonto, está en ese lugar
reservado a los felices.
De
momento tiene encargado levantar a sus compañeros de batalla con el tamboril y
la flauta a las 6:00 am cada mañana.
3. Dolores Estaban Solores. (Lola)
Edad:
entre 65 y 75 años.
Profesión:
Jubilada. Pensión no contributiva. Desde hace dos meses busca en los
contenedores del barrio la comida que tiran las pequeñas tiendas. Al principio
lo hacía a escondidas, ahora es “al puta jefa”, así le llaman el resto de los
jubilados y algún heroinómano que no puede con su alma.
En
su vida laboral activa no paró nunca desde los siete años. Años cotizados en la
Seguridad Social 0. Según ella misma nos ha comunicado, cuando tenía 64 años
alguien le informó de cómo funcionaba el sistema de pensiones en España. Todavía
se pregunta a menudo cómo es posible que le den 450 euros al mes sin trabajar.
Ha
trabajado como: planchadora, costurera, peón de albañil, peluquera,
maquilladora, enterradora y posiblemente en dos docenas de profesiones que
nadie sabría calificar. Nunca ejerció como puta, aunque no le faltaron ofertas.
Nacionalidad:
española, madrileña de toda la vida.
Forma
parte del grupo por sus habilidades innatas para manejar el cotarro. Será la mande
a este grupo heterogéneo.
Jon Barcam
Diego Lobo
Centro de
Entrenamiento Militar El Carrucho
Hora: 6:00 AM
Día 1
Ninguno
de los presente en aquel barracón eran militares y en su gran mayoría tampoco
lo podrían haber sido, ya que cuando la obligación de cumplir el servicio
militar se extinguió casi todos ellos no habían cumplido los dieciocho, además
en el barracón había dos chicas exentas por razones obvias, la única excepción
era Diego, que por edad pudo haber cumplido el servicio militar, pero optó, o
mejor, su padre optó por la objeción de conciencia, haciendo una prestación
social sustitutoria para el arzobispado de Madrid. Diego nunca comentó en casa
que trabajos desempeñaba para los curas, su padre tampoco le preguntó, pero lo
cierto era que aquellos nueve meses su olor corporal era una mezcla entre
legía, heces, talco y colonia de bebé.
El
total de miembros que formaban aquel grupo para ser instruido eran cinco, tres
varones y dos mujeres.
1.- Margarita Polchen Rivagorda (La cubana)
Nacionalidad:
Argentina, a partir del 23 de marzo de 2004 Hispano-argentina.
Profesión:
Actriz, cantante, modelo, humorista, mundo del espectáculo en todas sus
vertientes y ladrona.
Edad:
39 años.
Descripción
física: 174 cm de altura, delgada, cuerpo bien proporcionado, morena, ojos
verdes.
Llega
a España el 15 de junio de 2002, en pleno corralito, razones económicas.
Oficio
en nuestro país: al principio intentó trabajar en su ámbito profesional, tras
varios fracasos, se puso en contacto a
través del presentador de Telecinco Miguel Segarra con la agencia de contactos
“La pollita rosa”. En la primera cita fue detenida por la policía, por agresión
a L.M. J., según sus propias palabras -“¡joder! es que este tío lo único que
quería era llevarme al catre; las dos primeras veces que me tocó el culo lo
deje pasar, pero en el primer intento de tocarme la concha lo fulminé”-. Según
el parte de lesiones, el caballero fue atendido en el Hospital de la Paz con
politraumatismos y una pérdida de memoria que se prolongó durante 4 meses, lo
cual le favoreció bastante en su ámbito familiar.
Último
oficio conocido, ladrona, su especialidad en dicho campo, robo de obras de
arte, joyas, o cualquier tipo de material que pueda estar recogido en museos,
galerías de arte y, ocasionalmente, en alguna casa que contenga dicho objetos.
Hasta la fecha no se le conocen acciones violentas contra personas, a excepción
de su primera detención.
Mentalmente
es inteligente dentro de lo razonable, manipuladora con ambos sexos, sabe muy
bien cuáles son sus recursos y sabe perfectamente aprovecharlos.
Las
razones por las que ha sido seleccionada para el proyecto Templeton ya han sido
expuestas, dentro del grupo necesitamos a una mujer que sea capaz de manipular
a nuestro objetivo mientras se lleva a cabo el resto de la operación. Ella no
sabe aún las razones por las que ha venido a este lugar, al menos las reales.
En principio, ha sido convencida por nuestro grupo para llevar a cabo el robo
más escandaloso de una obra de arte de toda la historia, la hemos convencido
diciéndole que íbamos a robar Las Meninas del famoso pintor sevillano, quizá
por su carácter o su origen argentino, pero su respuesta fue clarividente.- “no
hay huevos”.
Jon Barcam
Las hermanas Barmort 4
Muere el enajenado. La mente no entiende más allá de si
misma.
Nace el Narrador. Las niñas lo necesitan.
Sofie
Claire
Cada noche las gatas se acercan al ágora de la Ciudad de
Plata. La carne se llena de vida. Todos iguales, todos hermanos por la luz de
la luna.
Sofie necesita saber.
-Hermana, ¿dame el secreto de la vida? Quiero ser la gata
más feliz del universo, ¿qué he de hacer? Dame una respuesta hermana mía.
Claire no sabe contestar.
-No sé qué es lo que buscas amor mío. Padre nos trae el
pescado fresco cada día. Los amigos todos juntos cada noche maúllan miles de
canciones. Esta es la vida perfecta, ¿qué echas en falta?
-No lo sé, por eso te pido ayuda. Tengo un dolor en mi
cuerpo por el que se me escapa la vida entera, dame solución.
-Tus ojos se vuelven redondos, hermana. Creo saber qué te
pasa.
-Es más que una necesidad.
-Es amor.
Jon Barcam
Brasil y la III República española
Alguien hablaba de la conveniencia de que la selección brasileña no fuese eliminada a las primeras de cambio, así las protestas de los ciudadanos no serían más cruentas. Si la protesta quiere estar revestida de cierta madurez no puede depender del fútbol. Sin embargo, estamos hablando de seres humanos y la conveniencia, o no, de su forma de vida con respecto a otras formas de vida, es decir la maldita comparación, es absurda. Cada uno es como es.
Ahora me surge la duda si era el momento de la reivindicación republicana en España. Puede que sí, puede que no. No-lo-sé. Esta es una buena respuesta y no ha pasado nada. Debemos apostar por el futuro, si realmente creemos en el republicanismo o en la III República debemos educarnos y educar en este sentimiento, tarde o temprano llenará cuerpo y mente de los ciudadanos y surgirá como una respuesta natural, sin violencia, sin miedo. En España, república es guerra. Esta idea nociva es un lastre que tardaremos años en quitarnos de encima, y ¡fíjate los años que han pasado!, ¿quién alimenta esa idea?. Da igual. Para muy pocos, (sin poder evitar la maldita comparación) república es igualdad, libertad, educación, valores que, parece ser, que no se enseñan. Lo que sí parece claro es que la III República tardará en llegar, las razones, todas.
Ahora me surge la duda si era el momento de la reivindicación republicana en España. Puede que sí, puede que no. No-lo-sé. Esta es una buena respuesta y no ha pasado nada. Debemos apostar por el futuro, si realmente creemos en el republicanismo o en la III República debemos educarnos y educar en este sentimiento, tarde o temprano llenará cuerpo y mente de los ciudadanos y surgirá como una respuesta natural, sin violencia, sin miedo. En España, república es guerra. Esta idea nociva es un lastre que tardaremos años en quitarnos de encima, y ¡fíjate los años que han pasado!, ¿quién alimenta esa idea?. Da igual. Para muy pocos, (sin poder evitar la maldita comparación) república es igualdad, libertad, educación, valores que, parece ser, que no se enseñan. Lo que sí parece claro es que la III República tardará en llegar, las razones, todas.
Jon Barcam
jueves, 12 de junio de 2014
Diego Lobo, mucho más.
Centro de
Entrenamiento Militar El Carrucho.
Ministerio de
Defensa.
Hora: Indeterminada
Sito: Lugar
indeterminado entre las provincias de Cáceres y Salamanca.
El autobús de Avanzabus paró en un
lugar llamado Madrigal de la Vera. En seguida Diego pudo adivinar que se
trataba de una localidad de Extremadura, más que nada porque se lo preguntó al
conductor del autobús durante el viaje, al menos en siete ocasiones. El
conductor sólo se limitó a contestarle las tres primeras, luego lo tomó por el
típico tonto que monta en el autobús de línea.
Los últimos cien kilómetros iba diciéndose
para sus adentros- tengo que advertirle al conductor que no se vaya porque
tengo que coger mi equipaje, ahí llevo todas mi cosas, incluidas las medicinas
y parte del dinero que me ha dado mi padre, pero no sé en qué momento he de
decírselo para no parecer un idiota, ¿espero a que me apee o debo decírselo ya?,
imagino que él debe de saber que metí mi maleta en el gran maletero del
autobús…- Estaba claro que las emociones de Diego estaban descontroladas, todo
era nuevo, se había lanzado por fin a luchar con todas sus fuerzas contra
aquello que le había atormentado los últimos quince años y lo mejor era que por
primera vez alguien le había inspirado la suficiente confianza para hacerlo.
Para sus adentros estuvo repasando
segundo por segundo toda la última conversación que había tenido con el doctor
Cuello de Oro.- Creo que me dijo que sólo llevase tres pares de calzoncillos,
pero luego mi padre me hizo dudar, y he metido veinte pares, nunca se sabe, a
lo mejor todo va más lento de los esperado y tengo que estar más días en ese
lugar.
De lo que iba a consistir la terapia
apenas sabía nada. El doctor le dio el billete para el autobús y sólo le pidió
que llevase una pequeña maleta con aquello que fuese más imprescindible para
él, fármacos, alguna crema especial, en definitiva enseres que su equipo no
pudiera proporcionarle de primeras. De los calzoncillos no dijo nada. Todo lo
demás se lo proporcionarían en el lugar donde se produciría su milagrosa
recuperación.
Bajó del autobús y un hombre de vestido
con chándal rojo se le acercó.
-¿Don Diego Lobo? Aquel hombre
presentaba un aspecto de lo más normal, a pesar del color de su chándal.
- Sí, soy yo, pero, por favor, llámeme
Diego-. Nunca le había llamado de don y no le gusto, le daba la sensación de
ser una persona más mayor de lo que era y en realidad le aterraba envejecer.
Un todo terreno de esos hindúes con
tanto éxito durante los años ochenta sería el medio de transporte. Diego había
cogido su bolsa de viaje del autobús de ruta. No le pareció extraño que aquel
individuo no se presentara, pero sí se extrañó cuando cogió de malas maneras su
bolsa de viaje y la arrojó con desdén al maletero del viejo todoterreno.
En seguida se hizo de noche, estaba
al principio de la primavera y todavía oscurecía temprano. Diego preguntó
cuánto duraría el viaje, pero aquel tipo de chándal rojo ni si quiera le miró
para contestarle. Diego trató reflexionar y mostrar su cara menos obsesiva y
pensó que era sordo, -¡no podía haber gente tan mal educada!, con la pasta que
dice papá que cuesta el tratamiento todo tenía que ser amabilidad y buenos modales.
Después de casi una hora de viaje,
más de la mitad por caminos de tierra, llegaron a lo que parecía el destino.
Diego apestaba, después de la tercera vomitona dejó de pensar, sólo trató de
conservar la poca dignidad que le quedaba. Con los ojos casi cerrados pudo ver
una cancela y sobre ella un letrero. Al principio no le dio la mayor
importancia, lo típico de propiedad privada o prohibido entrar, pero siguió
leyendo el resto del texto y su sorpresa fue mayúscula.
-¿Perdone caballero que le moleste,
ahí pone instalaciones militares?-. Su voz estaba entre quebrada y gangosa. De
un momento a otro se iba a poner a llorar. Miró al cielo para evitar que sus
lágrimas no brotaran, pero le fue imposible. Era lo peor, no poder llorar a gusto.
Por supuesto, aquel individuo seguía sin hablarle, a Diego le daba lo mismo,
por alguna razón pensaba que estaba a punto de pasarle algo que se escapaba a
su control por primera vez en su vida y el miedo que sentía era diferente al
que sentía cuando estaba obsesionado. Estaba igual de asustado, pero en
realidad pensó,- entonces esto es el miedo de verdad, ¡bah!, el mío es más
jodido.
Sólo media hora más de viaje a
ninguna parte, entre árboles achaparrados, que debían ser encinas y el olor a
jara, un olor que le traía recuerdos de familia, domingos, futbol, primos.
Aquel coche paró, tocó su claxon ante una cancela. Un pórtico rectangular,
pintado de blanco anunciaba lo que pareció una lectura equivocada, ¡ya no había
duda!, Centro de Entrenamiento Militar El Carrucho, Ministerio de Defensa.
El coche paró delante del único
edifico que se divisaba a esa hora de la noche. En la pequeña escalinata se
adivinaba la figura de una persona, parecía que iba vestido con una bata, su
rostro no se distinguía en la oscuridad. El del chándal rojo se apeó del coche,
no se cortó en describir la situación al otro individuo.
-Viene hecho una porquería, ha
vomitado seis veces, está llorando y seguro que se ha cagado. El individuo
soltó la bolsa de viaje de Diego a los pies de aquel tipo y se marchó.
Aquel hombre se fue acercando poco a
poco al coche, Diego no veía nada. Ya estaba a su lado, pero a Diego le daba
miedo levantar la cabeza para saber quién era aquel tipo, después de tan
tremendo viaje parecía que ya se esperaba cualquier cosa. Sintió una mano sobre
su hombro y la voz que oyó le devolvió a la vida.
-Diego… Diego… Diego, espero no
haberme equivocado contigo.
-Doctor Cuello de Oro, se le olvidó
decirme que también era militar.
Jon Barcam
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