domingo, 1 de junio de 2014

Los tiburones no escriben a los muertos desnudos. Capítulo 3.

3.
Mikel se había duchado con agua fría. Era verano. Olvido no se había levantado. Pasaba las noches en vela con tanto calor. Mikel odiaba tener que orinar después de ducharse, se sentía sucio, sentía que tenía que volver a limpiarse. Olvido, medio dormida, medio despierta, palpaba con sus pies los pocos paraísos gélidos de las sábanas.
- Tenemos que ir a Barcelona-. Mikel se había cansado de escuchar, le gustaba vivir en la Puerta del Sol.- He comprado una maleta nueva.
- Esta vez tendrás que ir tú sola. No quiero acompañarte.- Sus ojos trataban de circundar los de ella. Era demasiado cobarde para mirarla fijamente. En eso había salido a su padre. Mamá, hasta en eso, era difícil.

Olvido se levantó. Estaba desnuda, le gustaba desayunar desnuda, amaba profundamente su cuerpo desnudo. Al principio de estar juntos, Mikel se imaginaba a todas horas lamiendo las nalgas de Olvido. Después del segundo año el erotismo se largó. Asco, intolerancia, al final una rata, seguiría ahí a pesar del deseado holocausto nuclear. Diez años es demasiado tiempo viendo el mismo culo cada mañana. ¿Qué es el culo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario