sábado, 21 de junio de 2014

Una historia real

En frente de la empalizada enemiga había un kiosco de helados. La calle, arrasada. No quedaba una ventana, ni hablar de los cristales. El dueño del kiosco se marchó con prisas,  había dejado fuera el cartel de los helados. Por un momento, Smith pensó que alguien podría llevárselo. Una ráfaga de viento arrastró el cartel unos metros, al final cayó. Sin pensarlo, se levantó. El sargento, siempre atento de los suyos, lo agarró por la guerrera.
-¿A dónde vas Smith?-. En la pregunta se dejó la vida, como siempre.
-Voy a recoger el cartel de los helados-. Su convicción era absoluta.
-¡Tú eres tonto!- Bramó el sargento Di Maccio. -En cuanto asomes un sólo pelo, te volarán esa estúpida cabeza.
-Pero señor…

En ese momento los dos soldados se miraron, Smith sonrió. El sargento le devolvió la sonrisa y le pasó su sucia mano por su cara. Smith cerró los ojos. Estaba en casa.

Jon Barcam

No hay comentarios:

Publicar un comentario