martes, 3 de junio de 2014

Los tiburones no escriben a los muertos desnudos. Capítulo 7

7.
- Tranquilo, tranquilo- José Sánchez Olmedo era guía de vida desde hacía diez años; este momento era el que más le gustaba, le recordaba al parto, emociones exageradamente incontroladas,- agacha la cabeza, agacha la cabeza, no tengas miedo…, así…, muy bien…, ¿Cómo te llamas?
El chico era joven, muy joven, entre trece y quince años. Se sentía extraño. No tenía miedo, nunca tuvo miedo. Era rubio, gordo y no veía muy bien. José Sánchez Olmedo, revisó los papeles y serían treinta años sin ver gran cosa, pero… ¿qué sabían ellos?
- Me llamo…, me llamo…, me…
- Tranquilo hijo, tranquilo, saldrá sólo, piénsalo, tómate tu tiempo.
- Me llamo Raúl Sánchez Cuellar. Los dos sonrieron. Los jóvenes eran más maleables, en el fondo tenían menos miedos asumidos y su atrevimiento era mayor.- No te asustes por el coro-. Era la segunda frase del manual.
-¿Qué coro?-.

¡Putas modas!

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