sábado, 21 de junio de 2014

¿Qué haces?

El funcionario cogió el arma. Le daba vueltas hacia un lado y hacia otro. Pesaba más de lo que se hubiese podido imaginar. Estaba fría. La empuñadura era de madera, el resto,  negro. Por un momento pensó que ambas tonalidades, metálica y madera, no conjuntaban. Muy despacio, acercó el cañón al ojo derecho. Cerró el izquierdo. No se veía nada. Sin poder esperar más, se puso el borde del cañón sobre los labios. Deseaba hacerlo. Cualquiera diría que estaba loco. No se pudo resistir. Sacó su lengua y chupo el interior del revólver. Confirmado. Menuda decepción.

Jon Barcam

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