miércoles, 4 de junio de 2014

El hombre protón 2

Mi padre tenía gafas. Toda su vida había usado gafas y, no sé porque, pero la mayoría de los recuerdos de mi padre eran de un hombre  con unas enormes gafas de pasta negra. Ayer por la tarde se murió, la tía Encarna decidió que no había que ponerle las gafas; cuando lo he visto por primera vez a través del cristal, metido en aquella estrecha caja, con forma de rombo, me pareció por un momento que aquel hombre no era mi padre. Le he preguntado a la tía Encarna por qué no le había puesto las gafas, y ha sido muy clara- hijo, a los muertos no se les entierra con gafas-. Me han entrado ganas de vomitar, no podía dejar de pensar que a mi padre le habían quitado parte de su alma o algo así, pero no tuve valor para decirle a mi tía que se fuese a la mierda, ¡joder mi padre era mío y yo era el que decidía! Cuando se me ha pasado el cabreo, he estado pensando en las gafas y ese empeño de mi tía por no ponérselas. Todo sale. Me he fijado como mi tía le daba las gafas a su marido,y, como no,  una nueva orden expresa-¡las guardas y punto! El otro día me dijo Pedro que tenía que ir a la ciudad para graduarse la vista, ya no era capaz de leer el periódico. Padre era miope. Mi tío Pedro es un imbécil. No lo digo por decir. Mi tío Pedro es un inútil, no sabe hacer nada, bueno, una cosa si sabe, obedecer a mi tía. Que hombre más asqueroso. Jamás ha sabido plantarle cara y encima tiene que ponerse las gafas de un muerto. Pedro es un imbécil, seguro y yo...y yo, también.

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