miércoles, 25 de junio de 2014

Hortensio el Ponesio

Los teatros para conejos son muy extraños, los techos no son muy altos, el color naranja es su preferido y no hay butacas, solo una especie de repisas metálicas con unos pequeños agujeros para poder depositar lo que le sobra en su cuerpo.
-El numero de hoy es especial-, era la frase más usada en la tarde del teatro.
Las tres últimas semanas un gran mago había visitado la ciudad y los tenía a todos anonadados, no quedaban entradas desde hacía meses.
El gran mago Hortensio el Ponesio salió al escenario. Llevaba puesto el frac de costumbre, pero esta vez llevaba un sombrero de copa. Se lo quitó y lo enseñó a todos los presentes. Todos los conejos con los bigotes erizados, con los ojos desencajados.
-¡Conejos y conejas!-, gritaba el artista-, de este sombrero saldrá el ser más maravilloso que jamás conocerán. Nada por aquí. Nada por allá-. la expectación era máxima.
Un humo de esos que no asfixian inundó la sala, las luces se volvieron tenebrosas y el mago agarró algo y lo sacó del pequeño sombrero...
Esa mañana, Pedro cogió a todos los conejos de la granja que había degollado, limpiado y envasado la noche anterior. Los llevó, como cada semana,  al supermercado de la ciudad.

Jon Barcam

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