domingo, 1 de junio de 2014

Los tiburones no escriben a los muertos desnudos. Capítulo 5.

5.
-Hijo, te has fijado en aquella brama. Su padre le preguntaba por aquel espécimen para provocarle, desde que lo había mandado a estudiar al Océano Atlántico su lenguaje había cambiado- los chavales son influenciables con todo lo nuevo, hay que tenerlos vigilados-. Sus compañeros estaban cansados de escuchar siempre las mismas historias. Jamás admitiría delante de ellos que echaba de menos a su hijo. Demasiado blando para un escualo.
- Si papá…, pero…,prefiero que la llames palometa, es una denominación más correcta.- Yepes conocía bien a su padre. Esta vez solo quería estar con él, por eso entró en el juego.

- ¡Eso son cosas de los atlánticos!- Jacinto hacía como que se enfadaba y pegaba una gran sacudida con su aleta dorsal tratando de mostrar su enfado. La felicidad estaba en ese instante, Jacinto y Yepes habían tenido malos momentos desde la captura de Eva.- Hijo, tu madre sabía lo que hacía, la mala suerte pasó a su lado y se quedó con ella.- A Yepes, esa explicación, no le sirvió de gran ayuda los primeros años, sólo el tiempo le ayudó a entender.

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