domingo, 29 de junio de 2014

Imponente

El general, recientemente ascendido, daría su primer discurso un viernes de dolores. Pasaban los días, la mente turbada por tan importante acontecimiento. Sabía que sería recordado toda su vida por ese instante. No dudaba del contenido, el gobierno le había pautado el discurso desde el principio hasta el final. - Sólo un párrafo será suyo mi general-, le dijo su secretario personal.
-Un párrafo, un sólo párrafo- se repetía una y otra vez el militar- ¿y qué digo?, ¡una sola palabra me bastaría!.
El general, después de noches sin poder dormir, se acercó a su viejo colegio y preguntó por su viejo profesor de literatura. Había muerto hacía ya diez años, le informaron. Un paseo por los pasillos del centro le hizo recordar olores, sobre todo olores. Todos permanecían allí. Una anécdota, una sólo anécdota le vino a la cabeza. Ramón, su primer amigo del alma, pintó una bandera republicana en el refectorio del colegio. El estupor fue tal  que fue destituido el director y el secretario del colegio. Ramón no volvió.
Pasados unos meses, Benito, el pelota de la clase, se atrevió a preguntar al profesor de literatura qué le había parecido el dibujo de la bandera. Don Emilio, siempre profesor, contestó.- Hijo, creo que la primera palabra del Ulises describe tal hecho a la perfección.
El general corrió al la biblioteca del centro, de manera compulsiva buscaba la obra maestra. Una sonrisa afloró en su cara. Había encontrado su  palabra.

Jon Barcam

No hay comentarios:

Publicar un comentario