lunes, 23 de junio de 2014

La tía Fermina

     Cada domingo después de misa de doce, todos los niños del barrio íbamos a casa para cambiarnos de ropa. Nuestras madres no nos dejaban trastear con la ropa buena. Julio era el único niño del barrio al que su madre no se la quitaba; por la tarde tenían que ir a casa de su tía Fermina. Tomaban chocolate con churros y después paseaban  por el centro de la ciudad. Sobre las ocho de la tarde volvían a casa. Unos pocos esperábamos a Julio en la puerta. Le susurrábamos,- ¿cuánto?- y el respondía,-un duro. Nuestro domingo empezaba en ese momento.

Jon Barcan

No hay comentarios:

Publicar un comentario