sábado, 7 de junio de 2014

Los militares sin miedo

 El sargento Gregson soñaba cada noche con zapatos de tacón. El sargento Gregson comía trozos diminutos de vanguardia. El sargento Gregson anhelaba amar como sólo lo hacen los hombres de verdad.
Una mañana, frente al pelotón, quedó fijo en los ojos azules del joven deseado.
-Señor Smith, ¿tiene usted la amabilidad de concederme este baile?
El señor Smith y el sargento Gregson bailaron y bailaron sin descanso. Ningún hombre se atrevió a desviar la mirada, a torcer la boca, a bajar un hombro.
Desde aquel día el sargento Gregson dejó el ejercito, dejó de dar órdenes, sólo se dedicó a amar todo aquello que le importaba, sin miedo, sin vuelta atrás. Una  maleta y la libertad de saberse el hombre perfecto.

Jon Barcam

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