- Mañana iremos a la Gran Isla, ¿te apetece venir papá?-. Una vez
que pruebas la sangre de los bípedos todo cambia, tu cuerpo, tu mente. Jacinto
había tenido la gran suerte, como el noventa y nueve coma nueve por ciento de
los escualos, de no haber tenido contacto con ellos, pero su familia estaba
maldita. Todos lo sabían. El abuelo Benito se dejó llevar. En aguas de la Gran
Isla un bípedo se rajó una pierna con una tabla voladora. La sangre se vuelve
venenosa, nubla la mente. Unos días después, el mar escupía a tierra un pie
izquierdo.
El abuelo Benito se volvió loco, rondaba la Gran Isla a todas
horas. Un martes por la mañana avisaron a Aurora, estaba encita,- está en el
sur de la Gran Isla, ya no hace caso a nadie, inténtalo tú, niña. Era el último
recurso, ablandar el corazón con el vástago en camino. Imposible. Tres días
después, un pescador, accidentalmente, se lo robó al mar, era presa fácil.
Cuando lo rajaron encontraron un reloj de plástico del bípedo muerto. Al pescador
no le hizo falta volver al mar, sería héroe hasta su muerte. Un representante
se encargó de enseñarlo por todas las televisiones de la Isla, también le
vendió el barco. Aurora siempre repetía,- que injusta es la vida. Ese mismo año,
una tormenta tropical se tragó el barco, murió un chaval de trece años.
Jon Barcam
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