miércoles, 11 de junio de 2014

Los tiburones no escriben a los muertos desnudos. Capítulo 15

- Mañana iremos a la Gran Isla, ¿te apetece venir papá?-. Una vez que pruebas la sangre de los bípedos todo cambia, tu cuerpo, tu mente. Jacinto había tenido la gran suerte, como el noventa y nueve coma nueve por ciento de los escualos, de no haber tenido contacto con ellos, pero su familia estaba maldita. Todos lo sabían. El abuelo Benito se dejó llevar. En aguas de la Gran Isla un bípedo se rajó una pierna con una tabla voladora. La sangre se vuelve venenosa, nubla la mente. Unos días después, el mar escupía a tierra un pie izquierdo.

El abuelo Benito se volvió loco, rondaba la Gran Isla a todas horas. Un martes por la mañana avisaron a Aurora, estaba encita,- está en el sur de la Gran Isla, ya no hace caso a nadie, inténtalo tú, niña. Era el último recurso, ablandar el corazón con el vástago en camino. Imposible. Tres días después, un pescador, accidentalmente, se lo robó al mar, era presa fácil. Cuando lo rajaron encontraron un reloj de plástico del bípedo muerto. Al pescador no le hizo falta volver al mar, sería héroe hasta su muerte. Un representante se encargó de enseñarlo por todas las televisiones de la Isla, también le vendió el barco. Aurora siempre repetía,- que injusta es la vida. Ese mismo año, una tormenta tropical se tragó el barco, murió un chaval de trece años.

Jon Barcam

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