miércoles, 11 de junio de 2014

Los tiburones no escriben a los muertos desnudos. Capítulo 12

Las primeras horas son extrañas. Hay algo en la memoria que te une al pasado. Aquí no hay tiempo, sólo espacio. Es difícil entender, pasará.
Eran las siguientes frases del manual, pero para José Sánchez Olmedo no significaban nada, sólo eran palabras. Había hecho el tránsito a más de dos mil nuevos seres, todos iguales, habitantes de un desconocido mundo, sin culpa, sin ataduras morales, un individuo con destino definido. Anhelo humano.
-¿Dónde está mi madre?- Los más jóvenes preguntaban casi siempre lo mismo. José Sánchez Olmedo no sabía porque. Tampoco existía la necesidad de saber.
No era recomendable tocar a los individuos del tránsito, conservaban  cierta temperatura, desconcertaba y entorpecía el trabajo. Esta vez existía la necesidad. No era lo normal y José Sánchez Olmedo lo sabía. Lo tocó. La luz taladró su cuerpo y el sentimiento se hizo presente. No reconocía el dolor. La carne se hizo vida.
- Llámame Pepe.- ¡Qué está pasando!, el pensamiento fue.
-Me llamo Raúl.- Pepe desconcertado trató de entender. Nada de esto venía en el manual, hasta entonces todo estaba claro. Tendría que ir a la Casa para preguntar qué debía hacer. Cuando te eligen para ser guía la explicación es sencilla- siempre sabrás qué hacer, todo está en el manual.- ¡Aquello no estaba en el manual!

- Raúl…- ¡¿Por qué he dicho eso de Raúl?!, Raúl se llama Raúl… Raúl… Los pensamientos de Pepe dejaron de ser inocuos. Pensaba y miraba al chiquillo de forma extraña, todo era diferente.

Jon Barcam

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