Las primeras horas son extrañas. Hay algo en la memoria que te une
al pasado. Aquí no hay tiempo, sólo espacio. Es difícil entender, pasará.
Eran las siguientes frases del manual, pero para José Sánchez
Olmedo no significaban nada, sólo eran palabras. Había hecho el tránsito a más
de dos mil nuevos seres, todos iguales, habitantes de un desconocido mundo, sin
culpa, sin ataduras morales, un individuo con destino definido. Anhelo humano.
-¿Dónde está mi madre?- Los más jóvenes preguntaban casi siempre lo
mismo. José Sánchez Olmedo no sabía porque. Tampoco existía la necesidad de
saber.
No era recomendable tocar a los individuos del tránsito,
conservaban cierta temperatura,
desconcertaba y entorpecía el trabajo. Esta vez existía la necesidad. No era lo
normal y José Sánchez Olmedo lo sabía. Lo tocó. La luz taladró su cuerpo y el
sentimiento se hizo presente. No reconocía el dolor. La carne se hizo vida.
- Llámame Pepe.- ¡Qué está pasando!, el pensamiento fue.
-Me llamo Raúl.- Pepe desconcertado trató de entender. Nada de
esto venía en el manual, hasta entonces todo estaba claro. Tendría que ir a la
Casa para preguntar qué debía hacer. Cuando te eligen para ser guía la explicación
es sencilla- siempre sabrás qué hacer, todo está en el manual.- ¡Aquello no
estaba en el manual!
- Raúl…- ¡¿Por qué he dicho eso de Raúl?!, Raúl se llama Raúl…
Raúl… Los pensamientos de Pepe dejaron de ser inocuos. Pensaba y miraba al
chiquillo de forma extraña, todo era diferente.
Jon Barcam
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