No estaban sentados. Tampoco de pie. Sólo veían la luz, una luz
cegadora, quizá sea blanca, la luz sólo es luz, no tiene color. El hombre tiene
la necesidad enfermiza de dar sentido a todo. Pepe estaba a su lado, era alto,
moreno, ojos negros, lo reconocería en cualquier lugar. No podía verlo.
- Date un poco de tiempo, te acostumbrarás enseguida. La
incomprensión de los nuevos era siempre la parte más complicada. La
comparación, la puta comparación para evaluar lo diferente era siempre
perniciosa. Esa idea había dejado de existir, sólo había espacio, -¿Qué
significa eso?- le preguntó una vez un viejo profesor en tránsito. Pepe repasó
una y otra vez el viejo manual. No había nada. Ese maldito viejo le hizo
evolucionar hacia el último estadio de su formación como guía. Había dejado de
ser un hombre.
- Necesito ir al baño. Raúl estaba incómodo. Pepe lo estaba más.
Allí nadie pedía ir al baño, hay cosas más importantes, los últimos resquicios
de miedo, incomprensión, pero…, pero…, ¡nadie tenía ganas de mear!
- ¿Qué te ocurre?- Pepe trataba de ser condescendiente, nada de lo
que estaba pasando venía en el manual.
- Tengo la boca pastosa y salada, quiero lavarme los dientes. Pepe
se puso la mano sobre los labios. Hacía mucho tiempo que no pensaba en los
dientes. A su cabeza le vino la imagen de su madre. Estaba sobre su cama.
Desnuda. Vieja. Muerta. Su hermana estaba a su lado. Rosa era una mujer
antigua, madre no tuvo que esforzarse demasiado para inculcarle las costumbres
viejas de mujer. Le viene a la cabeza la última discusión. Madre de cuerpo
presente. Solo le pondremos los dientes. Pero madre uso gafas toda la vida. Los
muertos no se entierran con gafas, es ridículo. Pero esa que está ahí no es
madre, parece otra persona. Está muerta y punto. Pepe guardó las gafas de su
madre en una caja vieja de cartón, con una foto de doña Emilia al lado de su
padre. Era lo único que conservaba de su madre, lo demás se lo quedó Rosa. Su
amigo Julio Pacheco siempre le decía lo mismo, - si te hubieras casado tendrías
algo más que una foto y unas gafas.
Jon Barcam
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