Era su arma preferida. El embudo. Lo llenaba de cualquier cosa, líquida o sólida. Lo que más le gustaba era la carne picada. A veces la mezclaba con huevo para que entrase mejor y atorar lo antes posible. Todos acababan de la misma manera. Echaban por la nariz trocitos de grasa, magro y sangre. No les daba tiempo ni a llorar.
Jon Barcam
No hay comentarios:
Publicar un comentario