martes, 30 de diciembre de 2014

Que te compre otro

Interminable, el deseo corrupto,  en las Navidades del año 92, de aquellos hijos que no ven, más allá de su sentido.
Unas gafas rotas en la bandeja de la entrada y unas llaves. Cruzadas. Padre no había salido de casa. Madre nunca salía de la cocina y, cuando lo hacía, solo iba al dormitorio. Toda una vida.
Mientras, mi vecino, ese que se parece a Scrooge, come tortillitas de sésamo con miel, y yo,  lo veo a través de mi ventana, y él, tomando una taza de té amargo, ve pasar los años como días. Años que crepitan al son de rutina.
Joice, dile a tu madre que los irlandeses son todos unos hijos de puta. Díselo. Nunca les entenderemos.

Juan Antonio Barroso

jueves, 11 de diciembre de 2014

Benitos os odio

        Un chasquido me despierta cada mañana, Pepa, la señora del piso de al lado, se ha enchufado la morfina, como cada día, a las ocho en punto. Se va morir y ella lo sabe,- lo único que quiero es no sufrir Benito. Luego me doy cuenta que una persona que se llama Benito no es digno de confianza. Los Benitos de mi vida me la han jugado siempre que han podido. Una vez, mejor, la primera vez, en el patio del colegio, Benito Molina me quitó el bocadillo y, lo peor no fue eso, se lo dijo a todo el mundo. Nunca más volvería a comer un bocadillo en el recreo.
         Mi madre me dijo un día que si me comía el bocadillo todos los días. Le contesté que sí, pero que necesitaba que me lo hiciese más grande. Benito estaba creciendo y sus necesidades eran mayores.

Juan Antonio Barroso.

domingo, 26 de octubre de 2014

Consejos anales

Si necesitas una balón de fútbol violeta vete a casa del tintorero de la calle Joaquín Rodrigo, él te cederá el secreto de cómo teñir una pelota. Si tienes que comer sandía sin pipos vete a casa de Marta Andrade, su marido dice que tiene lengua de lagartija, ya te puede imaginar (que asco). Sí necesitas pantalones con el nuevo sistema air- chon, ya sabes como los del anuncio "disfruta por fuera y por dentro" vete a casa de Mariano Chin Ju, los trae de contrabando de Brasil, no el país, el barrio de las afueras de Beijing.
Ya sabes que a veces no te entiendo, pero intento poner un punto de anormalidad a la vida corriente que llevas, que llevo. Ríete si puedes, pero si quieres reírte de verdad llámame, mi teléfono es el 639733368, pregunta por Jon. Te contaré la vez que estuve en el hospital con piedras en un riñón y me puse un enema ante la convicción absoluta que me estaba cagando. Todo era fruto de tu imaginación.

Jon Barcam

sábado, 25 de octubre de 2014

Mi primer amigo

Querida madre:

Me han condenado a tener mi cara pegada al suelo durante cinco años. Para todo. Todo el tiempo. Mi primera semana ha sido dura. Si piensas que comer es difícil, tienes que ver como hago mis necesidades.
Ya sabes que siempre he sido una persona, ante todo, que se adapta a las circunstancias sobrevenidas, quizás porque nunca lo tuve fácil, lo que quiero decirte es que después de esta primera semana he conseguido adaptarme.
He conocido a  mi primer amigo, no tiene nombre, tampoco habla, es un ratón. Te parecerá una locura pero nos comunicamos de alguna manera, en él he encontrado la fidelidad que tanto me ha faltado en mi vida.
Te seguiré escribiendo.
Siempre tuyo Benito


Jon Barcam

miércoles, 22 de octubre de 2014

Colores depresivos

Es imposible que vuelvas a encontrar unos pies con zapatos naranjas.
Atormentado estaba toda la semana.
Pero las casualidades de la vida dejan de serlo cuando el hecho más extraño se repite dos veces en siete días.
¡Otros zapatos de color naranja!
El médico me dijo que la enfermedad se llamaba Orange Prim. Qué nombre más bonito, se lo pendré a uno de mis perros.
A lo peor se extiende en menos de dos meses y acabas viéndolo todo de color naranja.
Trate de memorizar todos los colores de todos los objetos que tenía a mi alrededor. Fue fácil con los objetos que conocía, pero de vez en cuando me encontraba algo de color naranja que ya no podía distinguir qué era. Pregunté a Rosa, ella lo veía todo de color, pues eso, rosa. Tenía un problema similar al mío, salvo que su enfermedad aún  no estaba diagnosticada.
He recordado, después de un año con Orange Prim, que mi color favorito es el verde pero soy incapaz de recordar cómo era.
Lo peor de todo son las noches, también son naranjas.
Cuando cierro los ojos...
He tratado de encontrar una solución y Blanca, ya sabes, me ha dicho que me centre en las cosas que son naranjas. Me paso el día tomando zumos, cambiando bombonas, viendo fotos de Scooby Doo y recreándome con las bonitas puestas de sol. 
Hace una semana me he encontrado a Violeta, estaba algo pálida, bueno, en realidad, con un naranja más claro. Me ha dicho, que tengo suerte, ella lo único que hace todo el día es intentar estar con cosas de color violeta. No recuerda ninguna.

Jon Barcam

lunes, 20 de octubre de 2014

Sexo marciano.

¿Cuál es la cantidad de veneno que tenemos que comprar?
Depende
Explícate
Pues no es lo mismo un conejo que mi madre.
Está bien, quiero matar una moto.
¿De qué año?
Anterior a la Gran Guerra.
Y que dice el Corso
No está de acuerdo, pero según la constitución de Orange Green, los de Burgos tienen soberanía propia en caso de atentar contra motos y motos con sidecar.
Ya
¿Entonces?
Pasa del azúcar, es mala pero no es letal.
¿Y?
No sé...
No tengas miedo, no te delataré.
Está bien, échale cuarto y mitad de choped de canguro
Brutal
No fallarás
Eres malvado
Te quiero
Sabes que no tendrás sexo por esto, ¿verdad?
Que te lo crees tú, te he echado biodramina en el café de esta mañana
Pero ¿eso no es para los mareos?
Sí, pero a partir de los dieciocho dispara la lívido
¡Qué cabrón!
No, digas esas palabras... no te pegan.

Jon Barcam

La ventana indiscreta

Su madre creyó que aquel regalo al hijo adolescente no traería nada bueno.- Unos anteojos a un chaval de quince años no es cosa buena Manolo.- Esas fueron las palabras de Mercedes el día que fueron al bazar a comprar el regalo de cumpleaños.
No hizo falta ni esperar un sólo día. Por la noche, el muchacho desenfundó los binoculares y se puso a mirar por la ventana.  No exageró si digo que Nacho pasó las noches de su juventud mirando a través de aquel adictivo aparato.
Como era de esperar, la edad lo cura todo y dejó de mirar el día que le propuso a su novia que se casase con él. Ella, por supuesto, aceptó.
El mismo día de la boda, un invitado inesperado, se acercó al novio y le dijo al oído las siguientes palabras:
-Mi mujer siempre se ha preguntado, por qué nunca te acercaste a casa a preguntar el misterio de cómo doblar unos calcetines.

Jon Barcam

sábado, 18 de octubre de 2014

Muerte en la comunidad

Un gitano suele ir a la  casa de mi vecino, según me dice, le vende  bolsas de ajos,- "son tiernos y frescos". Dos euros.
Un viejo en la puerta de un bar se desmalla y queda inconsciente. En breves momentos morirá. Su familia se enterará de la tragedia tres días después. El hombre va indocumentado y nadie lo conoce.
El portero de mi finca le dice a mi padre que esta mañana ha venido un rumano y le ha vendido al vecino del cuarto lo de siempre. Pienso que este portero es demasiado indiscreto.
Esta mañana mi vecino, está llorando desconsoladamente. Le he preguntado qué pasaba. Me ha dicho que murió su padre hace unos días.
Esta tarde mi vecino se ha tirado del balcón de su casa. Ha muerto.
Una nota del periódico cuenta una historia un tanto extraña. Según dicen, un chaval joven, de raza indeterminada, que solía vender ajos por las casas, le ha pasado una papelina de coca a un cliente habitual,  le vendía  ajos y  coca. El cliente andaba con prisas y dejó la papelina y los ajos en  mostrador de la cocina. El padre del comprador, que pasaba unos días con la familia, se ha tomado la papelina, pensando que era el bicarbonato sódico que le encargó a su hijo, -estos malditos ardores. El pobre hombre murió a la salida del bar, donde entró a pedir ayuda. Todo el mundo pensó que era un borracho. Nadie le ha socorrido.
Conclusión: Si muere alguien, es por algo, a pesar que siempre hay gente que dirá eso de: pero si estaba bien. El portero, el peor enemigo del vecino.

Jon Barcam

jueves, 16 de octubre de 2014

Los melocotones de mi padre

Las dimensiones de la lata de melocotones son las precisas. Mi padre era así de taxativo. Jamás trató de enfrentarse al jefe y mucho menos por una lata de melocotones pero siempre defendía lo suyo. A mi madre una lata de melocotones de medio siempre le pareció poca cosa. Entraban nueve mitades y en casa eramos cinco. Mi padre siempre decía que con una mitad le valía, a esas alturas de la comida siempre  perdía el apetito. 
El jefe, sin avisar a mi padre, cambió las medidas de las latas de melocotones. Desde aquel día, en casa ,sólo se comía piña.

Jon Barcam

miércoles, 15 de octubre de 2014

Maltrato infantil

Mi padre me miraba como una serpiente. Sus ojos siempre clavados en los míos. Su cabeza se movía de un lado a otro. No había escapatoria.
Mi madre trataba de quitarle hierro al día a día. Su frase,-déjalo Alonso-. Nunca sirvió para nada. Estaba seguro que le servía de acicate para torturarme con mayor minuciosidad.
Un día le quité el arma reglamentaria y maté a mi madre.
Supongo que conseguí que todo cambiase, nunca volvió a maltratarme de la misma manera.

Jon Barcam

martes, 14 de octubre de 2014

Él, su epitafio y la falta de compromiso de los hijos de hoy en día

Unos días de descanso de uno mismo dan para mucho, sobre todo para darse cuenta de la necesidad que tenemos de nosotros mismo para vivir. Ese es el epitafio que tienes que poner en mi tumba.
No te entiendo.
Quiero que cuando me muera pongas en mi lápida esa frase, ¿te has enterado ahora?
La verdad sigo sin entenderte.
Pues creo que he sido bastante claro.
Pero, ¿de dónde has sacado la idea del epitafio?
No sé, me gusta que me recuerden por algo original, así como trascendental y que obligue a pensar al que pase por mi tumba.
Pero es que ya no recuerdas quién demonios eres, uy ¡perdón!

Jon Barcam

lunes, 22 de septiembre de 2014

Baraona 7

No hay disculpa para ningún delito. Estas palabras estaban marcadas a fuego en el cabeza de Baraona. Él sabía perfectamente que esas ideas eran pura fantasía. Un hombre puede cometer un delito por incontables causas y si escuchamos sus puntos de vista, al final, la mayoría nos parecen razonables. Por eso era tan bueno Baraona, la empatía. Era capaz de ponerse en el lugar del más despiadado de los delincuentes, cualesquiera que hubieran sido sus actos. A veces parecía que entraba en trance cuando leía aquellas montañas de papeles relacionadas con aquellos individuos. Para sus adentros, siempre se repetía la misma frase,- sólo son hombres, como yo.
No le gustaba beber, pero lo necesitaba para encontrar la inspiración, la musa, aquello que le llenaba de esos mosquitos que le susurraban los caminos que debía seguir. 
Ese cuadro, qué demonios tenía ese cuadro. Se metió en internet y vio las fotos de la pintura. Se acordó de cuando era joven, del instituto. Cómo era posible que hubiese más de cien fotos y todas con colores distintos, ¿cuál sería el auténtico?
Una mujer lavando los pies a una niña, tapada ésta con un paño blanco. Un mueble. Una alfombra, Papel pintado. Un jarrón con agua. La palangana. ¿Qué, qué, qué?
¿Qué estaba buscando?

Jon Barcam

sábado, 20 de septiembre de 2014

domingo, 14 de septiembre de 2014

Baraona 6

Baraona era un tipo soltero, sólo le gustaban las mujeres para un par de noches y además en su casa, después un taxi la llevaba de vuelta al lugar que ellas eligiesen. No quería enamorarse, aunque jamás tuvo esa suerte. Era un tipo solitario por elección propia, su carácter fuera de las comisarías dónde había desarrollado su trabajo era muy diferente al que mostraba en público, en el fondo odiaba estar sólo, pero había algo que le impedía compartir sentimientos con una mujer. Era joven, tarde o temprano, la necesidad de compartir le llega a todos los hombres.
La misma mañana que regreso a Madrid fue a visitar a su amigo Otto van Hormanh. Lo había conocido tras un robo que se había producido en la galería dónde trabajaba. Otto era el encargado de tasar las obras. Eran dos hombres jóvenes y no se sabe por qué pero de ahí surgió una pequeña amistad que ya duraba tres años. Cuando Baraona tenía dudas relacionadas con el arte, le consultaba, sí Otto no sabía del tema, le enviaba a algún experto competente. Sólo se habían visto una vez por motivos no profesionales, en la semifinal de la Champions del Real Madrid contra el Bayern, Otto le regaló las entradas; un pequeño favor que Baraona le hizo con unas monedas romanas que había en su galería. La vida era así.
-Hola Otto, ¿qué me puedes decir de ese cuadro americano?
-Tengo algo, pero, dime una cosa, ¿por qué te interesa?
-Es sólo curiosidad.
-Ezequiel, no me tomes el pelo.
-Esta bien, creo que lo han robado del museo americano en el que estaba.
-¡No jodas!, sí es una de las obras más emblemáticas de la pintura americana.
-El ladrón creo que es de aquí.
-...

Jon Barcam

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Baraona 5

    De vuelta en el avión Baraona pensó en las palabras del Sheriff- ese cuadro esconde la verdadera razón por la que Cassatt se fue a Europa-. Después de aquellas palabras un timbre anunció la reanudación de la siguiente conferencia. No volvió a ver al Sheriff.
    -Por favor, me puede traer un whisky con zumo de naranja natural-. Los nervios de Baraona en el avión no le dejaban pensar. Serían demasiadas horas metido en aquel pequeño habitáculo, con la garantía de que, en caso de accidente, no sobreviviría. Sólo era una fobia, de las pocas que tenía.
Cuando llegase a Madrid visitaría a su amigo Otto van Hormanh, trabajaba en la Galería Kreisler, le pediría su opinión sobre la información sobre el dichoso cuadro. ¡La puta curiosidad!, se repetía una y otra vez, ese era su gran defecto, hasta ahora había tenido suerte, aunque era consciente que tarde o temprano le jugaría una mala pasada.


Jon Barcam

lunes, 8 de septiembre de 2014

Baraona 4

   -Mary Cassatt, pintora estadounidense, muchos la consideran la persona que introdujo el impresionismo en el país norteamericano. Estudio en la Academia de Bellas Artes de Pennsylvania, durante varios años, los primeros, pero aquello no era suficiente para una mente inquieta. Decidió marchar a Europa. Alemania, España y, al final, la capital del arte, París, donde desarrollaría el grueso de su carrera. La ceguera acabó con una de las mejores artistas de los siglos XIX y XX. Una verdadera pena. 
   Estas fueron las primeras lecciones de arte que recibía el comisario Baraona por parte  del sheriff Hotlomt, en realidad, por parte de cualquier persona. Nunca le atrajo el arte, el latín o la literatura. En su familia, médicos todos de profesión, no se les hubiera pasado nunca por la cabeza que alguien se dedicara a las letras. No había que ser muy listo para adivinar que su opción por el Cuerpo Nacional de Policía fue un auténtico disgusto en tan laureada familia. Los motivos, nunca los comentó, sabía que a su padre le molestaba más el silencio que las razones de la traición.
   -El baño, esa pintura siempre me ha fascinado. Sabe que soy del mismo pueblo que Mary.- Baraona se sintió un poco incomodo, que querría decir todo aquello-. Sabe una cosa, ese cuadro esconde las razones por las que Cassat marchó a Europa...


Jon Barcam

domingo, 7 de septiembre de 2014

Baraona 3

 La primera vez que oyó hablar Baraona de Mary Cassatt fue en una conferencia internacional de seguridad celebrada en Chicago. Le encantaba ir a esos sitios, más que nada porque le permitía hacer lo que más le gustaba, viajar. Su vocación como policía era muy limitada, pero Baraona siempre fue un tipo con suerte, casi todos sus objetivos vitales le habían salido a la perfección. Su hermana Claudia, que posiblemente era la persona que mejor lo conocía, decía de él, que su mayor cualidad era una especia de empatía manipuladora, captaba de tal manera a la gente que lo rodeaba, que conseguía hacer lo que él quería, absolutamente todo.
Un policía vestido con traje azul oscuro se acercó por detrás durante un descanso de la tercera conferencia del día.
-Me llamo James Hotlomt, soy el Sheriff de una pequeña ciudad del estado de Pensilvania .- Su facilidad para el español era pasmosa, tenía acento, pero conjugaba y concordaba a la perfección.
-Encantado, me llamo Ezequiel Baraona, comisario español.- Quizás demasiado formal, pero en el fondo el ego le traicionaba ante los iguales.
-Me gustaría comentarle algo de suma importancia para los EEUU, Comisario-. Baraona tenía el olfato del mejor de los podencos, cómo resistirse a aquella confesión-. ¿Conoce usted la obra "El baño" de Cassat.
Baraona empezar  a dar vueltas a su cabeza, tenía que salir airoso de aquella pregunta, él había estudiado veterinaria, no tenía ni idea de arte.
-Puede ser, ahora mismo no lo tengo claro.-El sheriff no se extraño, la ignorancia de los extranjeros sobre la cultura norteamericana era igual a la de los americanos sobre los foráneos.
-Es una de las obras más importantes de la pintura norteamericana del siglo XIX. Tengo el convencimiento que un ladrón de su país la ha sustraído del museo de Chicago dónde se exponía y nadie se ha percatado hasta ahora.

Jon Barcam

domingo, 31 de agosto de 2014

El mes del pato

Es el mes del pato televisivo, si me pones en la nieve me quedo, pero sólo porque estoy disecado,  no te creas que estoy tranquilo. Necesito volver a la tele, con la mierda del plasma todo va fatal, por favor, si alguien conoce una tele vieja que quiera adoptarme, díganselo a mi dueña. Está en el nicho 3 de la fila 4 del pasillo norte.

PD: Me mató Felipe, el marido de la señora, el muy cabrón siempre ha dicho que si pudiera me mataría mil veces mas, qué asco me ha cogido, ¡¡¡asqueroso!!!

Jon Barcam

Ezequiel Baraona 2

Ramínez no esperó a llamar por teléfono. Rápidamente subió las escaleras hasta el despacho del Comisario.
-Jefe, la mercancía ha desaparecido.- Trataba de no levantar la voz, era la peor de las noticias que le podía dar al famoso Comisario.
-No se ponga nervioso y revise otra vez el almacén.- A Ezequiel Baraona no se le podía pasar por la cabeza que algo o alguien que estuviese bajo su mando no fuese controlado por su persona.
-Jefe, ¡por favor!
Baraona levantó los ojos del ordenador y se quedó con la mirada quieta sobre las manos de Ramírez. No sabía qué hacer por primera vez en diez años. Cómo explicar a las autoridades que una de las obras de arte más importantes de la pintura norteamericana había sido robada de un almacén de la policía española.

Jon Barcam

viernes, 29 de agosto de 2014

Pon un plátano en tu vida golfo.

De qué color es el plátano.
No tengo ni idea.
Dígamelo.
No
Le doy una pera
De qué color
No

No
Te vienes a ver una película
No
Me quieres


Jon Barcam

The first novel Jon Barcam. She´s addictive

Comisario Ezequiel Baraona

El subinspector Méndez llevaba tantos años haciendo la pelota a todos los jefes que habían pasado por la unidad que ya resultaba digno de admirar la facilidad con la que entraba en acción.
- Jefe, el decomiso ha llegado, cuándo usted crea oportuno empezamos a estudiar la mercancía.
Ezequiel Baraona llevaba en la policía no más de diez años. Una carrera fulgurante, sin duda, pero la suerte siempre estuvo a su favor, misiones arriesgadas, buenos chivatazos, hombres siempre dispuestos a darlo todo, en definitiva, una carrera que no tendría límites, al menos eso pensaban todos hasta ese momento.
- Gracias Méndez, enseguida bajaré a echar un vistazo, estoy pendiente de una llamada del Ministro, Ramírez que se ponga el uniforme de bonito, ella será la encargada de hablar con los medios.
Méndez salió del despacho, sin haber puesto una sola objeción a las ordenes del Señor Comisario. Los había visto de todos los colores en su casi treinta años de profesión y no quería arriesgarse las primeras semanas en caer en desgracia ante el jefe.
Los almacenes dónde la policía guardaba los diferentes decomisos de las operaciones eran un lugar seguro. Sólo un policía de guardia tenía acceso a ellos. Una firma, con un número de identificación eran necesarios para entrar en aquellos lugares. Sin embargo, la función pública se relaja, se dejan de cumplir las normas a la mínima, esas normas son para gente de la que uno no se fíe, pero aquí somos todos compañeros, era la frase más usada por todos los que bajaban a aquellos almacenes. Con el tiempo, nadie firmaba y así, pasó lo que tenía que pasar.
-Sí señor ministro, está todo bajo control, en menos de una hora, la prensa está convocada, y la mercancía estará preparada en la sala de prensa para que pueda ser fotografíada... no sé preocupe, está todo preparado...sabemos de la importancia de la operación para usted... ¡para el país por supuesto!, ya me entiende...

Jon Barcam

martes, 26 de agosto de 2014

Primera Novela













http://www.amazon.es/Mateo-Flinch-Born-Run-Barcam-ebook/dp/B00N17VR4W/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1409089584&sr=8-1&keywords=mateo+flinch

El club del capital.

Una vez cumplido el propósito inicial, Fernando Milán  se dispuso a redactar la carta de encuentro con los clientes del club:
 
Queridos clientes:
Quiero comunicarles que ya está a la venta el abono para el mes de noviembre. En el lado oeste mostraremos la decapitación de un banquero, como ya habrán leído en los periódicos, es el caso de este banquero zurumbático que permitió que sus ganancias entraran en proceso de crecimiento negativo hasta alcanzar el 30%. 
En el lado norte tenemos al alcalde de Santa María de Po que creyó que el poder estaba en sus manos. El consistorio en pleno nos mandó su caso y fue sentenciado al desmenbramiento de sus extremidades, todas.
Y, por último en el centro de edificio, para goce personal mío, tenemos al antiguo gestor de nuestra gloriosa organización. Como ya saben sus señorías tuvo un momento de flaqueza y pensó si todo esto que hacemos tiene algún sentido. Será ejecutado por sus propios hijos con la cubertería de la madre.
Sin otro parecer reciban cordial saludo.
FM

Jon Barcam

Mi cocodrilo y tú perro.

   Decidí comprarme un cocodrilo el día en que vi a un perro morder a un niño. El niño sangraba como un cochino. El perro le había rebanado el cuello, y a los pocos minutos el niño murió desangrado. Sólo tenia dos años. Estaba indefenso, no por su edad, su fragilidad o por la falta de atención y cuidado de sus padres. Simplemente ese animal estaba predestinado a matar a ese niño y, ante eso, no hay nada que hacer.
   Decidí comprarme un cocodrilo porque quería vengarme del perro. Sí, sé que es una locura, pero soy incapaz de matar ni a una mosca, por eso compré este animal mortifero, él se encargaría de todo.
    Metí el cocodrilo en la piscina y llamé al vecino, que precisamente era el dueño del perro. Le pregunté por el animal asesino y me dijo que lo había dejado para que montase a una perra y tener más cachorros -asesinos,- pensé yo.
   Me indigné y, sin saber cómo, empujé a mi vecino a la piscina. El cocodrilo se merendó a mi vecino en menos de dos segundo. No me puedo olvidar del sonido de los hueso partiéndose a cada dentellada del cocodrilo.
   Me pareció una animalada lo que había ocurrido y fui a por mi escopeta y maté al cocodrilo. ¿Quién sabe?, ha sido una locura todo lo que ha pasado, en el fondo estoy contento pero no del todo, al final, no conseguí ver muerto a ese perro, aunque he oido que es esteril, quizás la estirpe asesina se quedé yerma.


Jon Barcam

miércoles, 20 de agosto de 2014

El perro y yo

El perro de enfrente de mi casa no para de mirarme. No ladra. No bebe. No come. Sólo me mira. El otro día me acerque y le dije:
-Guau guau?-y él me contestó.
-No creas que no te entiendo, sólo que eres un poco raro.
Me he quedado extrañado, le falta un colmillo y lo lleva postizo, se lo ha hecho un protésico muy famoso de la ciudad. A él no le ha gustado mi mirada y me ha mordido el rabo.

Jon Barcam

martes, 19 de agosto de 2014

El poeta Albert

He estado de vacaciones y he conocido a un poeta. Se llama Albert y es de Canadá. Me ha parecido un tipo bastante extraño, según parece era hijo de un aviador que combatió en la II Guerra Mundial. Su padre, que también se llamaba Albert, era un ser melancólico, siempre añoró los míticos combates de la Gran Guerra. Su hijo nunca llegó a entender la tristeza de su padre por algo tan cruel como matar a otros seres vivos que tan siquiera conocía.
Un día le pregunté si lo echaba de menos, me dijo con un acento medio inglés medio andaluz -chico, mi padre me pegaba cada noche desde su regreso de la guerra. Durante años el alcohol se agarró a su mente y  destrozó mi juventud, ¡¡¡¿Cómo quieres que lo eche de menos?!!!
Yo me callé, en el fondo no se si me importaba mucho aquello que me contaba un hombre que jamás volvería a ver en mi vida.
El sábado me acerqué al espigón donde solía ver al viejo poeta pescando, ya no estaba. Un pescador que andaba por allí me dijo que había muerto. Me enteré que su funeral sería ese mismo día en una parroquia local.
Me acerqué. Allí estaba. Una sola persona le acompañaba.
-Me llamo Teresa, ¿eres Mario? -me preguntó.
-Sí -. No tenía ganas de hablar.
-Albert me dio esto para ti.- Una pequeña hoja de papel amarillenta. Ese era su legado.
Me senté. Me restregaba la cara, no sé si estaba allí, necesitaba sentirme vivo, necesitaba estar seguro que estaba vivo.
Leí el trozó de papel. Un suspiró lleno de congoja liberó mi ánimo, mi cuerpo. La nota decía así: -Siempre querré a mi padre.

Jon Barcam

lunes, 18 de agosto de 2014

La vuelta

Una medusa me ha dicho, -chico ve a casa y arregla lo tuyo. - Yo le he hecho caso, y aquí estoy.

Jon Barcam

miércoles, 6 de agosto de 2014

Las ratas

En medio de la carretera hay una rata, de esas asquerosas, de esas con los ojos rojos y el rabo largo largo. Un coche ha pasado por encima de ella y la ha reventado. Una madre, de esas que grita al ver la rata en su casa, pone cara de pena al ver el suceso.
Conclusiones:
-¿Las ratas van al cielo?
-Cuando muere una rata, ¿hay una familia que la llora?, ¿la echa alguien de menos?
-Lo demás no me interesa, porque la mamá se irá a acostar y no se acordará más de la rata.

Jon Barcam

El obispo y sus cosinas (Siglo XIII)

Ahí tienes el traje.
Imposible
¿Cómo?
Yo soy sacerdote.
¿Y?
Que eso de ahí es un traje de monja
¿Y?
No sé, señor obispo, es que...
¿Y?
Vale

A los cinco minutos sale el susodicho vestido de monja. Esta preciosa.
Sor Pedro, ¿te has puesto las medias?
Sí, señor.
Quitatelo, todo, aquí mismo, puta.
Eso es pecado.
Lo sé


Jon Barcam

Recetas de verano

Receta de gazpacho:

Una tuerca
Una llave holandesa.
Dos regletas.
Una mirilla.
Dos botes de pintura verde.
Un enchufe
Un trozo de cable.

Modo de empleo:
Te coges la herramientas, te vas a casa de madre y, con la excusa de arreglarle los yaques de hace dos años, en el momento en que te diga -te apetece un poquito de gazpacho. Ya sabes.

Jon Barcam

La calor en el desván 1

¿Qué es eso?
Una armadura, ya sabes, para que no me...
¡Qué tontería! Yo ahora mismo con un bolígrafo te...
¿Qué es un bolígrafo?
Déjalo.

Esta mañana has decido untar la tostada por el lado contrario.
Ya.
Me puedes decir, por qué lo has hecho.
No.
Vete a la mierda.
Vale.

La parte de la fruta que desechamos, el 99,9%  de los nutricionistas gilipollas dicen que es lo mejor.
Hay un cura, de esos que hacen exorcismos, que dice que eso es obra del consumo, osea, del diablo que se aburre y dice cosas. Luego se juntan los domingos, en la hora del fútbol, y, en el descanso de los partidos, ponen un vídeo y se ríen de nosotros. -Qué os creéis, que el diablo a picado con eso del DVD.

Tengo un gato que odia que se le pinchen las ruedas del coche. El caballo trata de pintar sobre muro, le es menos humillante. Las cabras, que no son muy listas, con lo suyo, ya van, ya van...


Jon Barcam

lunes, 4 de agosto de 2014

El regalo

Tengo un solo regalo que jamás compartiré contigo. Nunca me lo podrás quitar. Lo puedo perder y jamás lo encontraré, por eso, cada día, me levanto y veo lo que me rodea  y trato de vivir sin juzgar, sin analizar, sin cometer errores, la suerte es que casi nunca lo consigo.

Jon Barcam

sábado, 2 de agosto de 2014

Paco Popov 7

En mi familia todo ha sido penuria. Mi madre está enganchada al licor de lentejas. Sus borracheras y ella pasaron a ser  muy conocidas en el nido 7 del Estado de Amazon desde el año en que salió el presidente Verde, aquello le impacto demasiado, decía que acabaríamos todos en la parrilla de San Petronilo (nunca me dio por preguntarle qué era una parrilla). Al principio se quitaba la ropa y se acababa metiendo por el segundo ano las señales semafóricas de los cruces externos. Los niños del barrio la llamaban Anatolia Culo Loco. ¡Qué cabrones!. Su padre, mi abuelo, vino varias veces desde la capital del Norte, Moscú-Samsung, para tratar de tranquilizarla. Lo conseguía durante unos días con palizas cada dos horas. ¡Mira que el abuelo está viejo, pues le daba unos puntapiés tremendos! ¿Llegaba incluso a emitir unos alaridos al compás de soltar la pierna! Daba un miedo.
Comodoro me lo regaló mi abuelo, yo tenía veinte años. Recuerdo que me dijo, -esta será tu herencia, hijo de mi hija-. El abuelo hablaba así, parece que ha salido del siglo XIII. Se llamaba Rasputón Popov y, hasta el final de sus días, fue el mafioso más temido al este de los Urales.
Desde hace unos años mi madre está recluida en la perrera Z, sé que es la peor de todas, pero allí las leyes morales son inexistentes y puede hacer y decir lo que le venga en gana. A su manera, es feliz.

Corto y cierro
Paco Popov


Jon Barcam

Anatomía del odio

Una mujer anduvo por el camino de Odiseo, eterna trastabillada, con el sólo deseo del hijo resucitado, con el sólo anhelo de la vida soñada. Joven mujer, que sin querer, encontró la verdad de su existencia. Una noche, ¡la noche!, en la que las lechuzas duermen por miedo a encontrarlo, Pereza, la hija del Tedio, se acercó al tronco milenario para probar la sabia.
Cuatro días pasaron hasta que Pereza recobró el aliento. Sólo Aurora, la hija de la mañana, consiguió despertar el conjuro. Tomó el camino de las amargas hiedras azules.
Llegó al reino de las amapolas, y allí, tomó dos copas. La primera con vino. La segunda...

Murió, sola.

Tres magos

La amargura célibe

Mirando la uña del pie derecho he visto tu cara. Era azul.
Hay una postura del codo, imposible a todas luces. He mirado detrás. He visto tus ojos.
Entre tus nalgas dejé un sacapuntas. No sabía qué hacer con él. Me dijo mi madre, los sacapuntas se dejan  entre las nalgas de las señoras rubias. No, pero al final lo he hecho. He sentido cosquillas.
Dos incólumes mujeres me arrojan al mar, tú te ahogarás, yo no, ellas me dejarán un trozo de su pecho negro hecho pedazos.

La estrías amarillas, son.

Ámame

Para los hombre que murieron en la encarnizada batalla del deseo.
Para las mujeres que suplicaron compresión sempiterna.
Para los perros, incapaces de amar.
Para ti, sobrante de anhelos de paz.
Para mi, consuelo de listos.

El jefe arruinado.

El deseo de lo inalcanzable

Miro a mi compañera y veo la locura de un sueño que no fui capaz de cumplir por la cobardía de los hombres tangentes.
Miro a mi madre.
Miro a mi padre.
Miro a mi compañero del alma del que no soy capaz de arrancar las verdades de los hombres arruinados por la fatiga de la condescendencia.
Miro a mi padre.
Miro a mi hermano.
Miro al amigo deseoso de ver la la mujer desnuda, la amada capitana del deseo fugaz incapaz de tener los bolsillos llenos de amor.
Te veo Hermano.
Me veo.


Mezclando palabras.

Paco Popov 6

-Hola
-Hola
-Hola
-Hola Paco, perdona había ido al servicio, ya sabes como es la gente de la agencia.
-Estoy a una tela de kilómetros, sino te importa, cuando te hable, contéstame. Sé que moriré pronto, pero me gustaría encontrar cierta condescendencia por  vuestra parte.
-Lo siento, Paco. Mi nombre es José San Cristobal, soy interino. Podría justificarme diciéndote que estoy sólo en la estación (que es verdad) pero no es esta la razón. Me dedico a la limpieza orgánica de los terminales de sexta generación trendiso.
-Ya te entiendo, a mi también me costó entender a esos bichos.
-No, no, si los entiendo, no te equivoques, el problema es que tengo conjuntivitis y no veo bien.
-¿Qué te ha pasado?
-Me pegué una ducha de estrolitos y no veo un carajo.
-¿No te pusiste la pantalla verdad?
-No, ¿te ha pasado a ti?
-Ya te digo
-...
-...
-¿Volverás?
-No
-¿Seguro?
-Sí
-Te deseo toda la suerte del mundo.
-Gracias José.
-Llamamé Pepi
-¿Pepi?
-Sí
-Tú puedes llamarme Paqui, pero no se lo digas a nadie.
-Espero verte pronto Pepi.
-Lo mismo Paqui.

Corto y cierro
Paco Popov.


Jon Barcam

jueves, 24 de julio de 2014

El hombre protón 15

     Pedro decidió abandonar el mundo el día en que yo dejé a su hermana. No había vuelto a saber de él desde que recibí la amenaza. Sabía cómo era, hubiera matado a mi padre, sólo por hacerme ver su extremo concepto de la justicia. Le he dado muchas vueltas todos estos años y una cosa he tenido siempre clara, nunca tendré un amigo como Pedro, ninguno de nosotros tendrá un amigo como Pedro, mis colegas también lo saben y, especialmente, Bote.
    Unas fiestas del pueblo de hace más de veinte años, Bote se acercó al corrillo donde estaba nuestra pandilla, tendríamos alrededor de quince años. Bote venía con la ropa de faena, eso era raro, las jornadas en la ferretería eran maratonianas pero le gustaba ponerse guapo como al que más. Lo que no era tan extraño es que su camisa venía teñida de sangre. Pedro se levantó como un resorte del banco donde estamos todos sentados, y con una voz amarga y venenosa preguntó a Bote con el más absoluto cariño.
      –Bote, por favor, no me digas que te ha vuelto a pegar. –Había chicas delante, agachó su cabeza, ya no le quedaban ánimos para sonrojarse. –Bote, por favor..., por favor amigo mío.
     –Pedro... –Quería hablar, la garganta estaba trenzada, los ojos llenos de lágrimas, la boca desfigurada y lo que era peor, el silencio culpable de todos los que estábamos presentes asistiendo durante años a la tortura del niño que nunca sería hombre.
      Pedro lo abrazó fuertemente, –tranquilo compañerito, tranquilo. –Trataba de susurrarle pero todos los presentes oíamos al padre que siempre debió tener ese niño, –no te preocupes yo te ayudaré, esto se acabó.
      Durante el otoño del mismo año, en la hora de la siesta, un incendio asoló todo el edificio donde estaban la vivienda y la ferretería de Serafín, él estaba dentro, falleció debido a la inhalación de humos según un informe oficial. Bote tuvo suerte, no estaba en el pueblo ese día.

    Jon Barcam


miércoles, 23 de julio de 2014

Paco Popov 5

Día 5
Nunca pensé que íbamos a tardar tanto tiempo en llegar a la Luna. Resulta que hay un gobernador que personalmente comprueba las credenciales de todos los que van a llegar a la estación del Emir Julay Admun Sufur, señor de la Estación Universal Coca-cola, (las cosas habían cambiado en los últimos años de tal manera que todo estaba irreconocible, el tema religioso se quedó sin dogma, sólo prevalecían algunos caprichos de hombres ricos que se apoyaban en una fe que había perdido todo su contenido original, quiero decir, la religión se convirtió en excusa para someter a hombres y mujeres).
El gobernador era un tal Federico Smith, más conocido como Fede Guan Quenobi, el extremo por el que se dio este sobrenombre para mi es completamente desconocido. Lo cierto, es que llevaba una vieja capa desgastada, con capucha y una especia de linterna de acción dirigida que usaba a modo de espada láser, (una espada creo que es un instrumento de los hombres de otras eras en la que no existía ni la fusión nuclear)
Nada más llegar a la Luna, nos hicieron pasar por una sala a Comodoro y a mí. Nos hicieron quitarnos la ropa y quedarnos peloteritos. (Yo encantado) Apareció Fede Guan, cómo no, con su linterna espada. Nos apuntó a la cara, los pies y el pene. Después se acercó a mi oreja, y entre risas, soltó una frase incomprensible para mí, -bonito puñalito nena.

Corto y cierro
Paco Popov


Jon Barcam

Paco Popov 4

Día 4

¡Estamos eufóricos! Me refiero a Comodoro y a mi mismo. Nos han dado la gran noticia, el gran cosmonauta Anatoli Wendelson Ramires se unirá a nosotros en la Luna. Según parece también padece una enfermedad terminal y, gracias a los servicios prestados, le han concedido el honor de unirse la expedición (aunque Comodoro y yo pensamos que el honor es para nosotros)
Lo cierto es que llevamos una jornada agotadora de trabajo, el habitáculo es pequeño, me refiero al del pilotaje de la nave, apenas quepo y además Comodoro se ha empeñado en estar todo el rato a mi lado, – no hay mal que por bien no venga – así es que lo he reprogramado para quitarle ese instinto de chupar la zona testicular de los humanos. No quiero que el gran Anatoli piense que mi perro es un degenerado (un poco si que le gusta, pero es mi perro).

Corto y Cierro
Paco Popov


Jon Barcam

martes, 22 de julio de 2014

El hombre protón 14

        Salí a la calle, se presentó otro momento para haber fumado. No me atreví a ir más allá de las dos escaleras de acceso de la oficina de mi padre. Un muro invisible me impedía ir más allá. No podía ir más allá. Me vinieron a la cabeza las últimas palabras de mi padre, – por favor … dame mi última oportunidad--. Qué era todo aquello, mi padre poco más que suplicándome. El hombre que no me había dado un beso en su vida. Me estaba volviendo loco, sólo quería ser una persona normal.
          Decidí darme la vuelta y volver, no podía dejar escapar su última oportunidad y quizás la mía.
         Al entrar vi como mi padre miraba hacia su mesa. Con un lápiz garabateaba de manera compulsiva. Era como una de esas impresoras que van a toda velocidad. Al principio, rayas, círculos, más rayas. Se adivinaba algo majestuoso, precioso en todos sus matices. A medida que iba pasando el tiempo, la compulsión se tornó en suavidad, en ternura con aquel dibujo, como si tratase con pura seda.
       Finalmente, mi padre levantó su cabeza, me miró a los ojos. Con su mano derecha, manchada de carbón, me arrojó la cuartilla.
    Hijo, busca a esta mujer, necesito que le entregues esta carta.


Jon Barcam

Popov 3

Día 3
Tengo un perro. Se llama Comodoro, ahora que lo pienso no sé si los nombres de los animales se han de escribir con mayúsculas. No lo sé. Quiero a Comodoro, con eso basta para escribir su nombre con todas las mayúsculas posibles. Es mitad perro de carne y hueso y mitad perro robot. Lo bueno es que la parte que ensucia es robótica con lo cual no hay que recoger nada; la parte del morro es perruna, con lo que el cariño es verdadero o más verdadero que los perros que son solo de metal y plástico. No quería que viniese conmigo, pero he llegado a la conclusión que somos dos productos defectuosos a los que nadie querrá ni tan siquiera como héroes interplanetarios.
Hoy salimos para la Luna. En 2020 montaron una estación gigantesca. El problema es que el dueño es un fundamentalista musulmán y todos deben llevar la cara cubierta, incluido los varones. Es extraño como una creencia puede coartar la libertad de las personas, pero en realidad, el dinero manda y el proyecto que presentó la Agencia Norteafricana sólo lo pudo subvencionar este elemento. No lo conozco, pero según hablan de él en el centro es un gran experto en sodomía. Llevo un trozo de patatera, dicen que le vuelve loco, y así, pues tendremos la posibilidad de probar sus encantos.

Jon Barcam


domingo, 20 de julio de 2014

Paco Popov, misión a Saturno

Días dos
Estoy agotado, anoche salí por el bulevar de la Estación Espacial Catalana (primer punto de control de la ruta)(también conocida como Estación Pep Guardiola, no tengo ni idea de quién es, pero para ponerle el nombre a una subestación espacial… ya puede ser)
Al principio me costó entenderme con la gente, casi todas eran mujeres y estaban a lo suyo. Finalmente conocí a un tal Santiago Fernández, ingeniero jefe de la subestación. Bebimos un montón de copas de absenta y a las dos horas pasó el coche recogedor y nos dejó en nuestros habitáculos. No recuerdo gran cosa, salvo que Santiago me invitó a quedarme en su habitación para beber y hablar de nuestras cosas. Me pareció una chorrada perder el tiempo hablando, yo hubiese preferido sexo.
Esta mañana acudiré el médico para que me vea una herida que tengo en el hombro derecho, me la hice en el despegue, un vendito se le olvidó ponerme bien los anclajes y salí despedido hacía la consola superior. No ha pasado nada para lo que podía haber pasado. Con el golpe perdí una cápsula de oxígeno. Informé a central y me comentan que no me preocupe, que todo está bajo control.
Corto y cierro
Paco Popov.


Jon Barcam

El hombre protón 13

Seguía apoyado sobre la pared del Ayuntamiento. Pensaba en lo que le había dicho a Paqui. Hubiera sido capaz de irme con ella a cualquier lugar, dejaría plantada a mi novia. Soy un desgraciado. A pesar de mis años no tenía ni idea qué hacer con mi vida. Me daba asco a mí mismo, me estaban entrando ganas de vomitar. Apoyé mis manos sobre la pared del edificio y traté de provocarme las arcadas. Mi cuerpo se retorcía tratando de que mi estómago rebotase sobre mi boca. ¡Joder! Ni para eso valía.
-Hola Andrés, necesito tu ayuda.
 Teresa. Hacía seis años que no la veía. Después de nuestra ruptura, Pedro le prohibió no volver a verme. Pedro tenía malas pulgas y era capaz de cualquier cosa. En eso salía a su padre. Llevaban el veneno en la sangre.
Teresa es la segunda novia que he tenido en mi vida. Entre ella y yo sólo hubo sexo. Ni una pizca de cariño, sólo sexo. Los dos lo teníamos claro desde el principio, sabíamos que nuestra relación se basaba en puro instinto animal. Por eso, el día en que se nos acabó el deseo, mi mejor amigo, Pedro Cifuentes, no entendió que finiquitásemos nuestra relación. Teresa era su hermana.

-Hola Teresa.
Estaba preciosa. Le gustaba pintarse los labios de un rosa brillante. Labios carnosos, insinuantes. Sus enormes pechos  y sus anchas caderas, te invitaban a soñar con la mujer perfecta en la cama.
- Pedro ha desaparecido.
-Teresa, sabes que mi padre ha muerto y… que tu hermano me odia-. Trataba de justificarme, no estaba para ayudar a nadie.
-Eres la única persona en la que confío. Necesito tu ayuda.- Parece que la cosa iba en serio.  Teresa empezó a llorar, ella nunca lo hacía, ni siquiera cuando era una niña.

-¿Qué ha pasado Teresa?- Me acerqué a ella. Al llegar a su altura, me vino a la memoria los olores de la lujuria sagrada de aquella diosa, y las palabras de Pedro,- si la vuelves a tocar mato a tu padre. La filosofía de mi mejor amigo era muy clara,- el daño se hace en vida.

Jon Barcam

jueves, 17 de julio de 2014

El hombre protón 12

La verdad es que estaba intrigadísimo, mi padre no era sentimental, sólo me dio un consejo en mi vida- hijo tienes que ser honrado con todo el mundo, pero sobre todo, contigo mismo-. Nunca lo entendí, quizá ahora sea el momento. Entre tanto, mi padre se levantó de su silla, iba despacio, arrastrando los pies hacia la puerta del local. Hasta ahora no me había fijado en su forma de andar, ¿estaba realmente enfermo? Dio la vuelta al cartel y cerró la puerta con llave. ¡Madre que raro! Mi padre jamás había cerrado la oficina antes de las siete de la tarde. En ocasiones no aparecía por casa ni tan si quiera para comer, siempre había algún cliente con el que tomar chatos de vino para engancharle con algún seguro o para solucionar los papeles del paro de algún pipiolo primerizo. Bajó las persianas de los grandes ventanales, casi estábamos a oscuras. Volvió arrastrando sus enormes pies, y se dejó  caer sobre la silla. Enseguida se dio cuenta de la falta de luz y me mandó encender la del local. Volvió a sacar otro cigarrillo Ducados del primer cajón de la mesa, me ofreció uno, sabía perfectamente que yo no fumaba. Me arrepentí de no haber fumado nunca, otra oportunidad perdida. Cayó en la cuenta y en seguida  me pidió disculpas. Sacó el mechero, hizo girar la rueda que raspaba la piedra, prendió el gas. Muy despacio, muy sonoro. La primera calada, honda, muy honda, una fuerte respiración acompañaba; los ojos cerrados, después, el humo, siempre bien dirigido. Todo un ritual de deleite para mi padre. Cruzó sus manos sobre la mesa, los codos apoyados, la cabeza parecía que colgaba de sus hombros. Finalmente, se rearmó y me miró. Me pareció percibir una leve sonrisa, quizá era solo deseo. Mi padre. Ese par de segundos de silencio me hubieran bastado para abrazarlo fuerte, tocarle su pelo, besarle la cara, agarrarlo como al compañero herido. De nuevo, ganó la parte de mi mente cobarde.
-Hijo, ¿cómo definirías mi profesión?, quiero decir, ¿tú cuál crees que es mi profesión?- Andrés pensó que la enfermedad está muy avanzada y que su padre empezaba  a delirar.
-No sé padre, supongo…- Me quede pensando unos instantes, no quería herir sus sentimientos, dada la situación. Empecé a pensar en su pregunta e imagine que era ese tipo de profesional oscuro que arregla los problemas de los demás, del que nadie se acuerda a la hora elogiarlo, que es necesario para la vida cotidiana, pero una vez muerto nadie hablaría bien de él y, lo que es peor, tampoco mal.- Padre usted es un empresario de los seguros y además se dedica a la gestión de los diferentes problemas administrativos que tienen los paisanos del pueblo-. Una vez que me oí pronunciar estas palabras me parecieron más horribles todavía que la primera opción. Mi padre era tan oscuro, tan triste, como la definición de su trabajo.
Suspiró profundamente, volvió a recostarse sobre la silla y me miró, esta vez sí que sonrió. Se reincorporó y dobló el espinazo hacia la derecha. Sin dejar de mirarme abrió uno de los cajones de su mesa, creo que era último por el esfuerzo y sobre todo porque su mejilla tocaba el borde de la mesa. Se iba incorporando con dificultad. Todo parecía tan lento, hacía años que no estaba tanto tiempo junto a mi padre, tenía la necesidad de disfrutar cada momento. En su mano, una vieja carpeta, de esas de cartón, sujetada con pequeños lazos. Dejó de mirarme y se quedó mirando la vieja carpeta. ¿Qué podría contener? Su mirada era inexpresiva. Con su dedo pulgar acariciaba las viejas solapas. Se acercó la carpeta a su cara y se dio pequeños golpecitos sobre su frente. No pude ver su cara, sólo oí su respiración, parecía que tratase de captar la esencia, pero ¿de qué? Volvió a recostarse sobre la silla y con los ojos cerrados agarró la carpeta con fuerza, pegada a su pecho. No le importó que yo estuviese allí, no  le importaba el resto del mundo.
Finalmente, volvió a enseñarme sus ojos azules, y me sonrió,  esta vez era real. Me ofreció la carpeta. No dijo nada más. Yo no dije nada. Me quedé mirando a mi padre y la abrí.
Mi primera impresión me hizo pensar que aquel hombre se había vuelto loco, me había dado una vieja carpeta llena de dibujos desgastados por el paso del tiempo. Traté de centrarme en la situación, todo aquello obedecería a un propósito, pero se me escapaba. Como siempre, no quería defraudarle. De las primeras cuartillas apenas quedaba nada, todo estaba demasiado borroso. Miré a mi padre, intentando que me diese algún tipo de explicación, pero él estaba en otro lugar, en otro tiempo. Pensé que aquellos folios guardaban algo extremadamente importante para mi padre y yo, todavía, no lo había conseguido ver. Puse la carpeta sobre  la mesa. Tomé el foco de la lámpara para tener toda la luz posible
Al principio, manos, en diferentes posiciones; bocas grandes, pequeñas, abiertas; pies, muchos pies; narices en forma de gancho, narices perfectas. Seguí pasando las páginas y pude descubrir como los dibujos iban ganando en riqueza y calidad, primero un paisaje, después unos niños riendo, flores, muchas flores. Se notaba que aquellos dibujos habían sido creados por manos expertas. Ya no podía parar, quería ver más. Llegué al primero que me hizo temblar en mi silla. Era  el rostro de una mujer. Una mujer bellísima. Miré a mi padre, el sentía lo mismo que yo. La era  mujer joven, su pelo negro, no lo tenía muy largo, rizado, algunos de los rizos le tapaban  la mejilla izquierda. Sus pómulos sobresalían lo justo. No era una cara plana, no era de esas caras chinas de porcelana, era la cara perfecta, la cara de la mujer que todo hombre desea. Nariz pequeña, respingona, sin pretensiones. Sus labios carnosos, grandes, sin ser excesivos, pero delataban erotismo por todas partes, labios para ser besados toda una vida. Sus ojos. No paraba de mirarme, me intimidaba, el dibujante supo atrapar el instante, el preciso instante en el que aquella mujer iba a decir o hacer algo. Era justo el momento que sólo los grandes pintores saben captar.
Mi cuerpo se estremeció de nuevo cuando mis ojos vieron la firma, al principio no entendí su significado. Las iniciales L.H., Leopoldo Hurtado. ¡Mi padre! No podía ser un artista. Mi padre era el ser más carente de sentimientos que había conocido jamás. Levanté la vista, le miré, ansiaba preguntarle qué era todo aquello. Quería saber porque un hombre que había sido capaz de dibujar aquellas maravillas, no había sido capaz de mostrar su amor por mí. Él se percató enseguida y agarró con fuerza una de mis manos. Yo la retiré enseguida. Ya no valía, ya estaba endurecido, encallado como él. Furioso, arrojé la carpeta sobre la mesa y me levanté.
-Pero, ¿qué esto padre?, ¿qué quiere usted de mí? Quería largarme de allí, todo aquello no estaba ocurriendo. Mi padre se levantó.

-Hijo, por favor, siéntate, dame sólo mi última oportunidad.

Jon Barcam

miércoles, 16 de julio de 2014

El hombre protón 11

-Ya han pasado muchos años, pero creo que era de justicia que te lo contase. Si te queda alguna duda, no sé quién es tu padre biológico. Pero quiero que te quede muy claro que tu padre soy yo, así es como me siento, por eso, he hecho algo que puede que no entiendas, espero que  con el paso del tiempo me lo agradezcas-. Mi padre se quitó las gafas y se enjugó el sudor de su cara con su pañuelo. Se notaba a la legua que todo aquello era doloroso para él.
-Padre me está asustando, de qué se trata.
-Hijo, lo que te voy a contar debe permanecer en el más absoluto secreto entre tú y yo, al menos hasta el día en que me muera, que no ha de tardar mucho-. Miré horrorizado a mi padre, no me podía imaginar que hablaba en serio.- Todo lo que he hecho en esta vida ha sido pensando en tu bienestar y, en su momento, en el de tu madre. Tengo cosas que he de contarte y que me tienen martirizado desde hace mucho tiempo. Sé que soy una persona oscura, poco cariñoso y lo he pagado toda mi vida. Ahora que moriré en pocas semanas, me he dado cuenta del gigantesco error que he cometido.
Parecía como si mi padre tuviese sentimientos, o algo así, no supe asimilar en ese momento.
-Tengo sesenta y cuatro años, tú tienes treinta y dos, más o menos tienes la misma edad que yo tenía cuando eché a perder mi vida-. No pude aguantarlo más.
-¡Padre, por favor, cuénteme de una vez qué es lo que pasa!- Mi padre abrió sus grandes ojos, en parte extrañado por mi forma de hablarle y en parte por mi ansia de conocimiento.

-Hijo sólo te pido no me juzgues-. Hizo una pequeña pausa, volvió a  sacar su pañuelo blanco de su bolsillo derecho, pareció limpiarse los ojos con él, no estaba llorando.

Jon Barcam

martes, 15 de julio de 2014

Historia del cosmonauta Paco Popov

Día 1
Mi nombre es Francisco Popov. Soy español, de Oviedo (capital de Asturias). Año de 2037, julio, a pocas horas del despegue de la nave Seat Pontevedra (sin duda la más avanzada de su generación).
Tengo 31 años, soy especialista en ciencia médica a distancia tetradimensional y ficción de átomos andróginos, fundamental ambas disciplina para una misión tan complicada como la que ahora nos toca al Centro de Investigación del Sur de Europa.
Antes me llamaba Teresa, pero mi madre me cambio de sexo porque ella quería un chico, desde el RD de 234/2025, esta situación es legal (a veces tengo dolores menstruales o algo parecido. El psiquiatra conductual del centro, el doctor Benito, dice que es psicosomático, muy inusual desde el punto de vista físico, yo le contesto que no tengo claro que es psicosomático)
Mi padre se llama Andrés, bueno, en realidad se llama Lola. Él no estaba a gusto con su cuerpo e hizo la operación inversa a la mía, con la salvedad que en su caso fue consentida. Trabaja en el centro de control del Estado de Amazon, en el antiguo continente asiático, es la Jefa de Purgas (según me llegan algunos mensajes de la SANTA RED, los chinos la conocen como la Puta Lola. No me sienta mal, porque a Lola siempre la he visto como a mi padre. Es complicado).
Mañana parto para Saturno. Soy el primero. Nadie más quería ir. La verdad es que me muero, me quedan seis meses de vida. La vida es una mierda, tengo cáncer de testículos. Si a mi madre no se le hubiese metido en la cabeza cambiarme de sexo, nada de esto hubiera sido posible.
Mi madre se llama Anatolia Popov es hija de un antiguo jefe de la mafia rusa. La quiero, bueno, ahora la odio, pero siempre la he querido. Y sí, lo sé, llevo el apellido de mi madre, ¡joder, mi padre se llamaba Andrés Culo!


Jon Barcam

lunes, 14 de julio de 2014

El amor, el amor, el amor

Tendremos que fingir, ¿no te parece?
No sé, pienso que no es necesario
¡¿Pero tú en qué mundo vives?!
No te enfades, por favor.
¡Cómo no me voy a enfadar!
Estamos enamorados, ¿verdad?
...
¿Verdad?
Si, creo que sí.
Yo estoy enamorado de ti.


En ese instante Sor Teresa irrumpe en el despacho con un sobre en el que se podía ver adherida una pegatina roja en la que se podía leer URGENTE.- Señor Obispo, es para usted, es la carta que estaba esperando desde Roma.
Gracias Sor Teresa, le presento a la Madre Superiora Sor Olvido.

Jon Barcam

domingo, 13 de julio de 2014

El hombre protón 10

-Antes de nada tengo que confesarte algo. No sé si eres realmente mi hijo-. ¡Joder! mi padre me estaba poniendo realmente nervioso.- Perdóname Andrés, no me he explicado bien, a todos los efectos legales eres mi hijo y yo te considero como tal-. Era la mayor muestra de cariño que había recibido por su parte desde que tengo uso de razón.- Todo empezó en el momento en que  tu madre y yo hicimos… un trato, llamémoslo así-. Titubeo, que extraño.  La cosa se pone interesante.- Al principio, cuando tu madre y yo empezamos a relacionarnos,- sólo un hombre como mi padre era capaz de hablar así del amor,- todo iba perfecto, parecía que  todo era estupendo, pero a las dos semanas, ya me di cuenta cómo era tu madre. Supe que no me quería, eso estaba claro, pero ella necesitaba algo que no se atrevió a pedirme, no me preguntes qué era,  jamás lo descubrí. Al cabo de tres semanas dejamos de salir, en realidad  me dejó, no sé si fue un arrebato, un momento de locura, yo sabía que tarde o temprano pasaría, aunque nunca podía imaginarme que ocurriese tan pronto. 
Mi padre me estaba contando todo aquello como el viejo profesor cuenta a sus alumnos por infinita vez la historia de la Restauración española, no había sentimiento, ni buenos, ni malos, estaba completamente vacío. Mi padre prosiguió.
 -Dos meses después tu madre vino a verme. Me confesó que estaba embarazada, no pregunté de quién. Hicimos el trato y me casé con ella. A los nueve meses naciste tú y nadie sospechó nada. Al final, como mal menor, la gente del pueblo pensó que tu madre y yo nos habíamos casado de penalti.
-¿En qué consistió el trato? , perdóneme padre por preguntar.
-Fue sencillo, ella estaría siempre a mi lado y a ti y a ella no os faltaría de nada, ahí iban incluidas tus tías y tu abuela. Siento decírtelo así, pero una de mis grandes equivocaciones fue enamorarme de ella. Después se presentó la mala suerte; llegó  cuando tú tenías apenas cinco años, y ella murió. No pude disfrutar mucho de ella y,  por si fuera poca la desgracia, tú perdiste a tu madre.

- No importa padre, sé que mi madre nunca me quiso, me pegaba constantemente, me maldecía, me decía que era lo peor que le había pasado en la vida, era cruel, pero no me importaba, con el tiempo aprendí a ignorarla, aprendí a que no me hiciese daño-. Nunca antes había hablado así de mi madre, pero era el momento. En la cara de mi padre no me pareció ver signo alguno de sorpresa o de lástima, nada. A mí me daba igual, nunca pensé en echarle la culpa por aquellos malditos años.

Jon Barcam

viernes, 11 de julio de 2014

La fuente

En medio de la plaza del pueblo hay una fuente,  fuente que está vacía desde hace dos años. Años atrás un General trató de llenar la fuente con cerveza. Cerveza fue lo único que no encontró en el pueblo. Pueblo que se dedica al cultivo de la uva desde hace seis siglos.
Siglos atrás un alcalde trató levantar un monolito después de beber todo el vino de la comarca. Comarca famosa por la tozudez de sus vecinos. Vecinos que, tras una decisión de última hora, echaron al alcalde del pueblo. Pueblo que, desde entonces, conmemora este hecho en la fuente que está en medio de la plaza del pueblo.

Jon Barcam

jueves, 10 de julio de 2014

El Hombre protón 9

La semana antes de morir mi padre me llamó al despacho. Está en la avenida principal del pueblo. Sin lujos. Tiene una mesa, dos sillas, una para los clientes y otra para él. En las paredes, nada, salvo un reloj, siempre con diez minutos de adelanto. Sobre su mesa un lapicero, muchos bolígrafos, un par de cuadernos de espiral, una lámpara y, por supuesto, el teléfono, siempre el maldito teléfono, de día y de noche, en la oficina y en casa. La gente no tiene piedad.
Mi padre estaba sentado. Miraba por encima de sus grandes gafas de pasta negra. Vestía una camisa blanca, corbata y pantalones de tergal negros. Siempre igual, no lo recuerdo vestido de otra manera. En la mano derecha el Bic, de punta fina, en la izquierda el Ducados humeante. Odiaba el olor del tabaco, salvo el de mi padre.
 Hacía meses que no pasaba por la oficina, no le gustaba que merodease  por allí. Nunca quiso enseñarme el oficio. Mi padre se dedicaba a los seguros, además maneja el papeleo de medio pueblo. Era un hombre muy preparado, no se sabía muy bien en qué, pero sabía defenderse de la administración y de los paisanos, y eso era muy apreciado por la gente del pueblo. Los más viejos le llamaban Don Leopoldo, a mí, me hacía gracia.
-Siéntate Andrés-. Nunca me llamó hijo. Andrés fue lo más próximo que estuvo de algo cariñoso. No sé si mi padre me quería, yo sí lo quería, demasiado, por eso me dolía tanto que no me mostrase su cariño. Obedecí, siempre lo hacía. Yo no dije nada, siempre esperaba que él tomase la palabra.
-Hijo, no me andaré con rodeos, ya sabes como soy. Me muero-. No entendí muy bien que quería decir aquello. Él no era amigo del llanto o de la risa, decía las cosas como eran.
-No le entiendo padre-. Dejo su bolígrafo y se subió las gafas. Dio una honda calada a su cigarrillo y se recostó sobre la silla. Se me quedó mirando.
-Tengo que contarte algunas cosas antes de que llegue el momento de que te quedes solo-. Parecía que mi padre iba en serio.  Es cierto que las últimas semanas había perdido peso, pero no me pareció algo anormal. Supuse que con la crisis querría aprovechar la ropa de cuando era más joven.

-Dígame padre-. Así eran las cosas entre nosotros, sin dramatismos.

miércoles, 9 de julio de 2014

El hombre protón 8

               -Hola Andrés-. Giré mi cabeza y allí estaba. Preciosa como siempre, sus caderas anchas me hacían lamentar no haberle metido mano más a fondo.
                -Hola Paqui-. Parece ser que seguía igual de torpón en mi forma de expresarme cuando la veía.
                -Me ha dicho Maco que estabas aquí detrás y venido a darte el pésame-. Se abalanzó sobre mí. Enseguida noté como sus pechos me rozaban ligeramente las solapas de mi chaqueta. Me dio el primer beso. Siempre era ella la que besaba, no ponía la cara, sólo besaba. Que bien olía, agua de colonia fresquita, en su piel, se tornaba dulce. Me empezaron a temblar las manos. Una gota de sudor instantánea surgió de mi nuca y resbaló por todo mi espinazo. Cuando cruzó su boca con la mía no me pude resistir. La besé. Ella, se dejó besar. Era Lo más excitante que me había pasado en mi vida. Mis piernas estuvieron a punto de doblarse y caer allí mismo. Por un momento pensé que me había orinado. No. Era el calentón.
                -Lo siento Paqui, no quería hacerlo, deben de ser los nervios-. Ella me sonrió y con su mano derecha sacó un pañuelo de su bolso barato y me limpio la boca.
                -Nunca supiste besar bien, te manchas todos los morros de carmín-. No sabía que decir.
                -¿Sabes qué me voy a casar?, si todavía me quieres puedo dejarla y mañana mismo nos vamos de esta mierda de sitio-. ¡¡¡Dios mío pero qué estoy diciendo!!! Pensé que me había vuelto loco. Para mi sorpresa Paqui no dijo nada. Solo me miro, sonrió y se fue. Antes de doblar la esquina se giró y me dijo las últimas palabras que cruce con ella en mi vida.

                -Tú te mereces algo mejor.

Jon Barcam


martes, 8 de julio de 2014

Un hombre

Siete hombres cruzando una carretera en busca de alimento para sus hijos. Al llegar a la mediada uno de ellos decide volverse a casa.
Seis hombres en la puerta de un supermercado deciden robar comida para sus hijos. Al cruzar la puerta, uno de ellos decide volverse a casa
Cinco hombres llevan carros de comida, todos menos unos. Sale cruzando la puerta.
Cuatro hombre salen a la calle y llenan sus coches. Un policía dispara.
Tres hombre huyen. van a casa para dar de comer a sus hijos. Uno de ellos pierde el control, pierde la vida.
Dos hombres se miran en la puerta de sus casas. Un niño espera y sonríe al padre teñido de rojo.
Un sólo hombre puede explicar, pero no lo hace.

Jon Barcam

El hombre protón 7


                -Tienes que hablar con el de la funeraria, me ha dicho que necesita la firma del familiar más cercano al difunto. El muy desgraciado no me ha dejado firmar a mí y eso que soy su hermana. En los momentos de dar la cara frente a los demás mi ti era la más llorona, la más querida, la más falsa. Cuanto la odiaba. Pronto se acabaría la promesa de mi padre para con ella, pensé que, al menos, que debía hacerlo mientras mi padre estuviese de cuerpo presente, después, se acabó.
                Salí del ayuntamiento, tenía ganas de fumar un cigarrillo, de estar solo. A cada paso que daba, me cruzaba con alguien que me daba el pésame. Ya no sabía si era buena idea. Me fui a la parte de atrás del edificio, allí estaría tranquilo, no tenía ganas de aparentar nada. Apoyado sobre la pared, cerré los ojos y recosté mi cabeza sobre el frío muro. Me acordé de mi madre. Teresa Beltrán. No la echaba de menos, apenas tengo recuerdos agradables, se murió cuando yo tenía doce años. Seguramente sufrí un trauma o algo así. No la quería. Mi madre solo quería a su madre y a sus hermanas. No sé por qué se casó con mi padre; supongo que al final se quedó embarazada, o algo así, y tuvo que aguantarse conmigo. Me pegaba a menudo, siempre estaba nerviosa, todo le hacía saltar y perder los estribos. Supongo que no era feliz con la vida que le había tocado.
                Yo creo que tampoco soy feliz. Pero lo peor es que no sé por qué. Imagino que la vida es así. No hay nada más. A veces veo la televisión, esos anuncios donde salen familias felices con los niños y los abuelos, y me pregunto si eso es real o sólo es algo que el gobierno nos quiere vender para que no les demos problemas y seamos más dóciles. No lo sé. Llegados a este punto, siempre me pregunto qué hago en este mundo y aquí es donde siempre me digo lo mismo, no valgo para morir, sólo quiero vivir, pero no sé cómo hacerlo.

Jon Barcam

domingo, 6 de julio de 2014

Vista

La vista es el más complicado de los siete sentidos. Nos engaña, te engaña, me engaña. Pienso en cuantas formas tengo de ver las cosas. Descubro que sin incontables. Pienso en por qué a veces miro y no veo o no recuerdo lo que vi. Pienso que es le sentido más valorado pero el más defectuoso. Siempre nos engaña. Siempre.

Jon Barcam

El hombre protón 6

Felipe y Maco tenían a Serafín sujeto contra la pared del Ayuntamiento, Serafín no se enteraba de nada, solo se reía. Pobre idiota. Bote, estaba a mi lado. Era el hijo de Eusebio el ferretero. Cuando era chico, me pasaba horas con Bote en la trastienda de la ferretería, le hacíamos el inventario a su padre, lo colocábamos todo de forma meticulosa- el secreto de un buen ferretero es saber dónde está hasta el último clavo- el padre de Bote tenía muy malas pulgas, cuando no encontraba algo, lo pagaba con Bote. Un día me lo encontré con un brazo escayolado. Se había caído de la escalera de la ferretería al intentar coger una caja demasiado pesada.- Ya sabes Andrés. -Ya sé Bote.
                Bote se abalanzó sobre Serafín; le apretaba el cuello contra la pared. Todos nos reíamos. Serafín empezó a llorar, pero no se le oía. Sus lágrimas se vertían sobre la cara, no paraban. Todos nos reíamos. Maco le dio una patada en la entrepierna. Serafín cayó al suelo, encogido. Todos miramos a Maco.
                -¡Joder Maco, te has pasado!. La cara de Maco era como la se esos soldados en combate a los que se les va la cabeza. Felipe ayudó a levantarse a Serafín. Le limpiaba el traje, sacudía los pantalones. Agarré a Serafín por los hombros y lo apoyé contra la pared.
                -Tranquilo Serafín, sólo ha sido una broma. El muy tonto, paró de llorar y empezó a reírse.

                -Agmigo, agmigo miog. Fue la primera vez que entendí lo que decía aquel pobre desgraciado, después de tantos entierros y una patada en la entrepierna. 

Jon Barcam.

sábado, 5 de julio de 2014

El hombre protón 5

Me llamó Andrés Hurtado y dentro de una semana me caso con mi tercera novia de toda la vida. Se llama Dolores Ariza, es vasca. No estoy seguro, creo que la quiero. En realidad, después de la Paqui, todas las mujeres con las que he estado, no tienen nada que ofrecerme. Las mujeres me aburren después de los tres primeros meses, el sexo empieza a ser algo cotidiano y después sólo queda el cariño, y el cariño es algo asqueroso. Los amigos son algo mejor, sobre todo después de la primera traición, a partir de ese momento ya sabes quienes son tus amigos de verdad. Padre me decía que tenía que casarme, que no podía quedarme solo, y menos depender de la bruja de mi tía Encarna. Encarna era la hermana mayor de mi padre. Padre la odiaba, pero nunca se atrevió a decírselo. Su padre, mi abuelo, le hizo prometer en el lecho de muerte que debía cuidar de toda su familia, y sobre todo de la tía Encarna. Padre decía que una promesa en el lecho de muerte era sagrada, y si es a un padre, te ataba en mayor medida. Así fue como padre tuvo que tragar con aquel demonio toda su vida. Padre quería al abuelo demasiado. El abuelo sólo quería a la tía Encarna.

                La señora Miguela era mi vecina, de esas de siempre, tenía tres hijos, todos marcharon fuera en los años sesenta, todos marcharon al País Vasco. Los veranos del pueblo los recuerdo por la cantidad de coches que llegaban, todos venían del norte o de Madrid. Pedro, el hijo mayor de la señora Miguela tenía un R12, era blanco, olía a plástico del bueno. En la parte de atrás del coche venían dos niños y una niña. La niña era Dolores, mi prometida. Hace tres años volvió al pueblo, su padre había muerto y en sus últimas voluntades estaba lo de enterrarse junto a su madre. En el entierro nos saludamos. Hacía casi veinte años que no nos veíamos. Estaba muy guapa. Después, pasaron unos días y acabamos en la cama de su abuela, todavía olía a la señora Miguela.

Prototipo

Cuántas probabilidades hay de encontrar un hombre, de derechas (republicano en EEUU) católico, con buen trabajo, heterosexual, fiel a su mujer, padre perfecto. 0. Quiero decir cero, por si no se entiende.
Cada cual es cada cual. Por eso, cuando nos encontramos a un hombre de izquierdas, gay, homosexual, infiel a su marido, sin hijos, pero, pero, pero va a misa todos los domingos y fiestas de guardar, tampoco nos lo creemos.  

Jon Barcam

jueves, 3 de julio de 2014

El hombre protón 4

Serafín es el más tonto del pueblo. Lleva toda la noche al lado del cristal que le separa de mi padre. Quería a mi padre. ¡No, es mentira!, Serafín lo hace en todos los entierros, se queda horas y horas velando a los difuntos. Lo mejor de todo es que no llora ni hace ruido. Se levanta de vez en cuando y con voz gangosa me dice al oído,- ¡Gijo leg vamog a gechar de menog! Mis colegas y yo tardamos más de una docena de entierros en comprender qué era lo que decía. Me acuerdo que fue en el entierro de Paco el Mosquete. Mi amigo Maco nos echó un órdago- ¡Alguien podría de una vez saber qué es lo que dice Serafín en los entierros! No hacía falta más. Maco se puso manos a la obra. Empezó a vigilar a Serafín, lo estuvo cronometrando más de tres horas seguidas y llegó a la conclusión de que cada diecisiete minutos se levantaba a ver a la viuda, le daba un abrazo y le soltaba la famosa frase. Después del estudio, Maco nos reunió a todos. 
¡Presentes! Maco, Felipe, Bote y yo.
                - Chicos, esta misión es importante para este pueblo, ¡nadie!, repito, ¡NADIE! sabe qué narices dice Serafín, y nosotros después de tantos entierros, vamos a descubrirlo esta misma tarde-. Maco era así. Le gustaban las películas de Vietnam y trataba de imitar a los sargentos que trataban de inculcar valor, honor y todas esas chorradas de los militares. En el fondo, nos gustaba cuando hablaba así; tengo que confesar que algunos discursos me ponían la piel de gallina.

                -Felipe tú ofrécele un cigarrillo a Serafín, esa es una oferta que nunca rechaza. Era verdad, a Serafín le gustaba fumar, aunque no sabía; hacía gestos extraños cada vez que daba una calada, parecía como si diese a luz un ratón por la boca.- Y tú Andrés, estarás esperando en la parte de atrás del ayuntamiento. Luego ya veremos...

Jon Barcam

miércoles, 2 de julio de 2014

El hombre protón 3

Esta tarde enterraremos a padre, su última voluntad fue que lo incinerasen, pero mi tía Encarna ha dicho- ¡de eso nada!- Sus voces se oían por todo el ayuntamiento. Al final, el  del seguro ha accedido a enterrarlo, aunque eso de enterrarlo es un decir, porque a los últimos funerales que he asistido, o más bien, a todos los funerales que he asistido en mi vida, nunca se entierra a nadie. El destino final, una concavidad cuadrada mural, también llamada nicho. Es horrible, nunca sabes quién te va a tocar al lado, y no lo digo por el muerto, lo digo por los familiares que vamos a limpiar la lápida el día de Todos los Santos. Seguro que me toca al lado del padre de la Paqui y tendré que hablar con ella y no quiero.  Acabamos tan mal nuestra relación. Su padre se presentó en casa con una escopeta para pegarme dos tiros y eso que fue ella quien me dejó por un recluta que venía a pasar el verano después de hacer el campamento en la ciudad. Estaba claro lo que pasó. La Paqui se quedó preñada y su padre vino a ver si se la colaba al segundo más tonto del pueblo.

Jon Barcam

Vino de Acehuchal

Las hormigas azules son peligrosas porque siempre que pueden te dejan una marca en la parte posterior del muslo derecho que ayuda a que la policía de la ciudad de Cho te pueda detener por tráfico de sustancias sabrosas.
Uno de cada diez hombres se acuesta vestido a diario. El diseñador Manolo Perternizaronke ha encontrado el modelo perfecto para lucir sus modelos.
Un niño del colegio San Nicolás de Advento ha tratado de comerse toda la comida de la línea fría. Según sus propias palabras- estaba demasiado caliente para mi gusto.
Esto es una prueba caligráfica que no consigo que diga nada congruente, por tanto, si no he ofendido a nadie, me ha salido mal.

Jon Barcam

domingo, 29 de junio de 2014

Imponente

El general, recientemente ascendido, daría su primer discurso un viernes de dolores. Pasaban los días, la mente turbada por tan importante acontecimiento. Sabía que sería recordado toda su vida por ese instante. No dudaba del contenido, el gobierno le había pautado el discurso desde el principio hasta el final. - Sólo un párrafo será suyo mi general-, le dijo su secretario personal.
-Un párrafo, un sólo párrafo- se repetía una y otra vez el militar- ¿y qué digo?, ¡una sola palabra me bastaría!.
El general, después de noches sin poder dormir, se acercó a su viejo colegio y preguntó por su viejo profesor de literatura. Había muerto hacía ya diez años, le informaron. Un paseo por los pasillos del centro le hizo recordar olores, sobre todo olores. Todos permanecían allí. Una anécdota, una sólo anécdota le vino a la cabeza. Ramón, su primer amigo del alma, pintó una bandera republicana en el refectorio del colegio. El estupor fue tal  que fue destituido el director y el secretario del colegio. Ramón no volvió.
Pasados unos meses, Benito, el pelota de la clase, se atrevió a preguntar al profesor de literatura qué le había parecido el dibujo de la bandera. Don Emilio, siempre profesor, contestó.- Hijo, creo que la primera palabra del Ulises describe tal hecho a la perfección.
El general corrió al la biblioteca del centro, de manera compulsiva buscaba la obra maestra. Una sonrisa afloró en su cara. Había encontrado su  palabra.

Jon Barcam

viernes, 27 de junio de 2014

Reflexión de un hipopótamo amaestrado

Puede que si coges un gato y una nuez, el primero juegue con la segunda, pero nunca sabrá cual es el fin nutritivo de la nuez. A pesar de todo, nos hará mucha gracia, nos parecerá entretenido, incluso nos puede despertar cierto sentimiento semejante al cariño.
Pues a mi me pasa lo mismo cuando ponen a un político a dirigir un banco o una empresa o lo que sea, ganando muchas nueces.

Jon Barcam

jueves, 26 de junio de 2014

Dos objetos inolvidables

Tengo dos conceptos en la mente que sé que han influido o van a influir en mi vida.
Uno es "balón de reglamento" Sólo he conocido una persona en mi vida, siendo yo niño, cuando bebíamos coca-cola los domingos, que haya tenido un balón de reglamento. Era de los buenos, auténtico, entonces China había aprobado su constitución actual (no es ironía) y Luis sacó ese objeto de culto que era un balón. Esa misma mañana, alguien, que creo que fui yo, lanzó el tiro de su vida. El maravilloso balón se perdió a  los pies de una retro-excavadora. Después,  lágrimas, reproches, y una especie de tortilla de balón.
El otro concepto es un Leptro, los habrá 1,2,3,4,5,6 hasta el 23. No sé qué es, ni para que sirve, ni cual es su precio, nada de nada. Así que ¡ea!, sino tienes nombre para eso que cambiará el futuro de la humanidad, ahí te dejo un nombre, no te pediré nada a cambio, boba. En el fondo, tengo la certeza que será una chica la que cambiará el mundo hasta ahora conocido.

Jon Barcam

Ya sé que tienes el ano limpio, pero hazlo con responsabilidad.

-¿En qué trabaja tu padre?
-Hace el trepanado de los rollos del papel higiénico.
-Y...eso del trepanado ¿qué es?.
-Son los agujeros que nos facilitan cortar los trozos de papel.
-Ya.
-No te creas, es un trabajo de mucha responsabilidad.
-¡Anda ya!
-Las empresas del sector se lo rifan.
-¿El papel higiénico?
-No, ¡mi padre!, ¡no seas estúpido!
-Explícate.
-Mi padre ha hecho un estudio y según sus conclusiones, las empresas de más de 500 trabajadores se pueden ahorrar entre un 3 y un 14% en sus gastos de papel higiénico. Eso supone un ahorro de entre 300 y 3000 euros al año.
-Y... ¿en que consiste el estudio?
-Es sencillo, según mi padre, si la distancia entre una línea de trepanado y otra disminuye, el consumo de papel baja y por tanto el gasto.
- Pero hay gente que no utiliza la línea de trepanado para romper el papel, ¡vamos que le da igual!
-Por eso también hay que hacer dos cursos para que sea efectivo el ahorro.
-¿En qué consisten?
-El primero en cómo romper el papel higiénico por el trepanado.
-¿El segundo?
-Porque no necesitas tanto papel para limpiarte el ano.
-...
-No te preocupes, yo sé que tú cortas el papel por el trepanado.

Jon Barcam

Instinto Básico

Hemos tratado de ayudar a los caballos, no se dejan. Las razones pueden ser variadas, sin embargo, pensamos que años de sometimiento les impiden tener una actitud positiva frente a los hechos a tratar por el Consejo Real. Al final hemos llegado a una conclusión dolorosa,  todos serán sacrificados y optaremos por una nueva especie. Con toda seguridad elegiremos a las ratas, son sucias y nada nobles pero llevan toda la vida aguantando.

Jon Barcam

miércoles, 25 de junio de 2014

Hortensio el Ponesio

Los teatros para conejos son muy extraños, los techos no son muy altos, el color naranja es su preferido y no hay butacas, solo una especie de repisas metálicas con unos pequeños agujeros para poder depositar lo que le sobra en su cuerpo.
-El numero de hoy es especial-, era la frase más usada en la tarde del teatro.
Las tres últimas semanas un gran mago había visitado la ciudad y los tenía a todos anonadados, no quedaban entradas desde hacía meses.
El gran mago Hortensio el Ponesio salió al escenario. Llevaba puesto el frac de costumbre, pero esta vez llevaba un sombrero de copa. Se lo quitó y lo enseñó a todos los presentes. Todos los conejos con los bigotes erizados, con los ojos desencajados.
-¡Conejos y conejas!-, gritaba el artista-, de este sombrero saldrá el ser más maravilloso que jamás conocerán. Nada por aquí. Nada por allá-. la expectación era máxima.
Un humo de esos que no asfixian inundó la sala, las luces se volvieron tenebrosas y el mago agarró algo y lo sacó del pequeño sombrero...
Esa mañana, Pedro cogió a todos los conejos de la granja que había degollado, limpiado y envasado la noche anterior. Los llevó, como cada semana,  al supermercado de la ciudad.

Jon Barcam