Su madre creyó que aquel regalo al hijo adolescente no traería nada bueno.- Unos anteojos a un chaval de quince años no es cosa buena Manolo.- Esas fueron las palabras de Mercedes el día que fueron al bazar a comprar el regalo de cumpleaños.
No hizo falta ni esperar un sólo día. Por la noche, el muchacho desenfundó los binoculares y se puso a mirar por la ventana. No exageró si digo que Nacho pasó las noches de su juventud mirando a través de aquel adictivo aparato.
Como era de esperar, la edad lo cura todo y dejó de mirar el día que le propuso a su novia que se casase con él. Ella, por supuesto, aceptó.
El mismo día de la boda, un invitado inesperado, se acercó al novio y le dijo al oído las siguientes palabras:
-Mi mujer siempre se ha preguntado, por qué nunca te acercaste a casa a preguntar el misterio de cómo doblar unos calcetines.
Jon Barcam
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