Un gitano suele ir a la casa de mi vecino, según me dice, le vende bolsas de ajos,- "son tiernos y frescos". Dos euros.
Un viejo en la puerta de un bar se desmalla y queda inconsciente. En breves momentos morirá. Su familia se enterará de la tragedia tres días después. El hombre va indocumentado y nadie lo conoce.
El portero de mi finca le dice a mi padre que esta mañana ha venido un rumano y le ha vendido al vecino del cuarto lo de siempre. Pienso que este portero es demasiado indiscreto.
Esta mañana mi vecino, está llorando desconsoladamente. Le he preguntado qué pasaba. Me ha dicho que murió su padre hace unos días.
Esta tarde mi vecino se ha tirado del balcón de su casa. Ha muerto.
Una nota del periódico cuenta una historia un tanto extraña. Según dicen, un chaval joven, de raza indeterminada, que solía vender ajos por las casas, le ha pasado una papelina de coca a un cliente habitual, le vendía ajos y coca. El cliente andaba con prisas y dejó la papelina y los ajos en mostrador de la cocina. El padre del comprador, que pasaba unos días con la familia, se ha tomado la papelina, pensando que era el bicarbonato sódico que le encargó a su hijo, -estos malditos ardores. El pobre hombre murió a la salida del bar, donde entró a pedir ayuda. Todo el mundo pensó que era un borracho. Nadie le ha socorrido.
Conclusión: Si muere alguien, es por algo, a pesar que siempre hay gente que dirá eso de: pero si estaba bien. El portero, el peor enemigo del vecino.
Jon Barcam
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