sábado, 2 de agosto de 2014

Paco Popov 7

En mi familia todo ha sido penuria. Mi madre está enganchada al licor de lentejas. Sus borracheras y ella pasaron a ser  muy conocidas en el nido 7 del Estado de Amazon desde el año en que salió el presidente Verde, aquello le impacto demasiado, decía que acabaríamos todos en la parrilla de San Petronilo (nunca me dio por preguntarle qué era una parrilla). Al principio se quitaba la ropa y se acababa metiendo por el segundo ano las señales semafóricas de los cruces externos. Los niños del barrio la llamaban Anatolia Culo Loco. ¡Qué cabrones!. Su padre, mi abuelo, vino varias veces desde la capital del Norte, Moscú-Samsung, para tratar de tranquilizarla. Lo conseguía durante unos días con palizas cada dos horas. ¡Mira que el abuelo está viejo, pues le daba unos puntapiés tremendos! ¿Llegaba incluso a emitir unos alaridos al compás de soltar la pierna! Daba un miedo.
Comodoro me lo regaló mi abuelo, yo tenía veinte años. Recuerdo que me dijo, -esta será tu herencia, hijo de mi hija-. El abuelo hablaba así, parece que ha salido del siglo XIII. Se llamaba Rasputón Popov y, hasta el final de sus días, fue el mafioso más temido al este de los Urales.
Desde hace unos años mi madre está recluida en la perrera Z, sé que es la peor de todas, pero allí las leyes morales son inexistentes y puede hacer y decir lo que le venga en gana. A su manera, es feliz.

Corto y cierro
Paco Popov


Jon Barcam

No hay comentarios:

Publicar un comentario