Ramínez no esperó a llamar por teléfono. Rápidamente subió las escaleras hasta el despacho del Comisario.
-Jefe, la mercancía ha desaparecido.- Trataba de no levantar la voz, era la peor de las noticias que le podía dar al famoso Comisario.
-No se ponga nervioso y revise otra vez el almacén.- A Ezequiel Baraona no se le podía pasar por la cabeza que algo o alguien que estuviese bajo su mando no fuese controlado por su persona.
-Jefe, ¡por favor!
Baraona levantó los ojos del ordenador y se quedó con la mirada quieta sobre las manos de Ramírez. No sabía qué hacer por primera vez en diez años. Cómo explicar a las autoridades que una de las obras de arte más importantes de la pintura norteamericana había sido robada de un almacén de la policía española.
Jon Barcam
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