martes, 30 de diciembre de 2014

Que te compre otro

Interminable, el deseo corrupto,  en las Navidades del año 92, de aquellos hijos que no ven, más allá de su sentido.
Unas gafas rotas en la bandeja de la entrada y unas llaves. Cruzadas. Padre no había salido de casa. Madre nunca salía de la cocina y, cuando lo hacía, solo iba al dormitorio. Toda una vida.
Mientras, mi vecino, ese que se parece a Scrooge, come tortillitas de sésamo con miel, y yo,  lo veo a través de mi ventana, y él, tomando una taza de té amargo, ve pasar los años como días. Años que crepitan al son de rutina.
Joice, dile a tu madre que los irlandeses son todos unos hijos de puta. Díselo. Nunca les entenderemos.

Juan Antonio Barroso

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