viernes, 9 de enero de 2015

Benito y Tomás

En la entrada del almacén están los cepillos de dientes y al final del almacén están los cremas dentífricas. Eso no tiene sentido. Es solo una estrategia comercial. En medio está todo lo que un hombre puede necesitar. No puedo creerlo, por ejemplo, para que quiero yo líquido para embalsamar. Tú trabajas en una funeraria. Bueno, pero mi caso es excepcional, que pasa con el resto de hombres. No entiendes nada. Déjame, Benito.
Ayer, después de enterrar a ese chico de la fábrica de cucharas me acordé de ti. Y eso. Tenía los mismos ojos que tú. Entonces ha sido ese. Quién. Déjalo, Tomás, no sé como puedo quererte. Por el sexo. Te equivocas, te quiero porque me respetas. Anda ya. Si. Te quiero. Y yo.

Juan Antonio Barroso

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