Tenía miedo, ¿cómo es posible que no supiese dónde me había aposentado? ¡Después de nueve días de vida!
Allí fue dónde realmente cambiaría mi vida. A los pocos minutos me encontré con un compañero de vivienda y fue el que me abrió los ojos
-Chico, esto es una mujer.
-¿Una Mujer?
-Si, es lo que se conoce como Cabeza Gorda o los Destructores.
-¡No jodas!- Entré, esta vez de verdad, en una profunda tristeza, toda mi vida había sido un engaño, no sabía de la misa la media. Empecé a pensar, si un perro era un perro, o si yo misma era un mosca. Puta vida, toda la vida pensando que era un ser atraído por la mierda y resulta que quizá sólo eran ideas mías.
Entre cavilaciones angustiosas, pensé que lo mejor era descansar y con un sueño reparador lo vería todo de una manera diferente.
Juan Antonio Barroso
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