viernes, 30 de enero de 2015

Pepe el Mosca. Día 9

Empecé a caminar en mi noveno día de vida, depresiva, con ganas de vivir, pero sin saber que rumbo tomar (creo que los Cabeza Gorda, tienen este problema bastante a menudo). Y como por arte de magia vi lo que parecía un perro, ¡era mi gran oportunidad!,¡por fin viviría tranquilo! Me acerque al animalito, era precioso y mi olfato de insecto me decía que ese animal me cambiaría la vida. Efectivamente, me incorporé a su frondosa cabellera. Me sumergí en ella. Olía a frutas del bosque, no, no , no, olía a maracuya y pera, o algo así. Y, extrañamente, empecé a escuchar unas voces, no sé si eran en mi cabeza o eran ajenas a mi personalidad, ¿me estaría volviendo loco?. Pero, pero, ¡aquello dónde me había subido no era un perro! ¡era otra cosa!, pero ¿qué era? 
Tenía miedo, ¿cómo es posible que no supiese dónde me había aposentado? ¡Después de nueve días de vida!
Allí fue dónde realmente cambiaría mi vida. A los pocos minutos me encontré con un compañero de vivienda y fue el que me abrió los ojos
-Chico, esto es una mujer.
-¿Una Mujer?
-Si, es lo que se conoce como Cabeza Gorda o los Destructores.
-¡No jodas!- Entré, esta vez de verdad, en una profunda tristeza, toda mi vida había sido un engaño, no sabía de la misa la media. Empecé a pensar, si un perro era un perro, o si yo misma era un mosca. Puta vida, toda la vida pensando que era un ser atraído por la mierda y resulta que quizá sólo eran ideas mías. 
Entre cavilaciones angustiosas, pensé que lo mejor era descansar y con un sueño reparador lo vería todo de una manera diferente.

Juan Antonio Barroso

No hay comentarios:

Publicar un comentario