sábado, 24 de enero de 2015

Pepe Mosca: día 4

Me hubiera gustado tener una padre al que decir que yo había conseguido ser el administrador de alimentos más importante de la zona. No era así y no lo era por doble motivo, los moscas no tenemos padres y en segundo lugar fui un desastre como administrador de alimentos. Los moscas somos poco respetuosos con todo los que nos rodea (miren a los Cabeza Gorda, les incordiamos, les incordiamos, y seguimos hasta que nos aplastan), así fue como toda aquella jauría de moscas no prestaron la más mínima atención a mis ordenes. Traté de hacer grupos y horarios, pero nosotros no obedecemos a nadie y menos a un mosca mutilado.
Decidí emprender un nuevo camino y montármelo por mi cuenta. Después de días andando, di con un nido de tarántulas abandonado (eso creía yo) Pasé toda la fría noche y, cuando desperté, me vi con dos grandes tenazas puestas sobre mi cara.
-Que narices haces en mi morada, rata inmunda.- Las tarántulas hablan como arrastrando las palabras.
-Soy un mosca.-No se me ocurrió otra cosa qué decir.
-Un mosca, será un medio mosca.
-Tú también te has dado cuenta.- Algo debió de pasar porque las tenazas amenazadoras se retrajeron y empecé a ver sus diminutos ojos.
-¡Lo siento, lo siento, lo siento!.- No lo podía creer una tarántula llorando.
-¿Que te ocurre amiga?- Las tarántulas hablaban poco, solo se dedicaban a matar y comer.
-Mi padre me obliga a ser un despiadado asesino y ¡yo no quiero!
-Pues no lo seas.
-¡Tú no conoces a padre!- Realmente estaba asustado.
-Mira, te propongo algo,- los ojos del arácnido se abrieron de manera sorprendente-, vente conmigo.

El bicho de seis patas se quedó mirando sin pestañear al mosca, mas que nada porque las tarántulas no tienen pestañas, y empezó a menear su cabeza de poco en poco hasta alcanzar una velocidad espasmódica.
-¡Siiiiiii! me iré contigo.
-Eso es, nos buscaremos la vida por ahí
Y así es como en mi cuarto día encontré mi primera compañera en el largo camino de mi corta vida. Por cierto, le pregunté cómo se llamaba y me soltó una palabra gutural imposible de pronunciar para un mosca, así que la llamé a partir de ese día Raula.


Juan Antonio Barroso

No hay comentarios:

Publicar un comentario