jueves, 22 de enero de 2015

Historia de Pepe Mosca: día 2

La verdad es que moscas que no vuelan no se sabe de muchas, salvo aquellos que le han pegado el zurriagazo y quedan encima de las mesas con la pierna tiritando para su posterior aniquilación por los pies de los Cabezas Gordas. Así es que me vi como una privilegiado, tenía mis dificultades, era diferente a los demás moscas (acuérdate, somos todos masculinos), pero, y esto al final es lo más importante, estaba vivo.
Después de caer al suelo, proveniente del culo del vacuno, me pasó la primeras de mis situaciones extraordinarias. Un hormiguero, de proporciones descomunales, trataba de apoderarse de todos los terrenos que había por los alrededores. Un montón de pequeños bichos con seis patas andaban para acá y para allá sin pedir permiso a nadie, solo iban a lo suyo. La verdad es que hormigas y moscas nunca nos llevamos bien, son bastante independiente en el Reino Animal y pasan del resto. El caso es que, mi opinión, con respecto a ellas, cambió por completo. Cuando me caí, perdí un poco la noción del espacio y tiempo, osea que estaba inconsciente. Para mi sorpresa, estas insípidas hormigas, me recogieron y trataron de reanimarme y en verdad lo consiguieron. Con toda su buena voluntad me pusieron en lo alto de eso (que ya sabes que no puedo mencionar) para que estuviese calentita y en un futuro no muy lejano, alimentada. Fue así como sobreviví a mi segundo día de vida.
Esto debería ser una lección vital de la que debería estar orgulloso haber aprendido, pero como ya sabéis odio esas cosas que no puedo nombrar, y mi, se podría decir, asco por la hormigas, se vio multiplicado por mil.

Entre lamentaciones y mierda, sobreviví, el segundo día.


Juan Antonio Barroso

No hay comentarios:

Publicar un comentario