martes, 27 de enero de 2015

Pepe el Mosca: día 7

Allí me vi, todo el día o lo que sea que fuese, a oscuras. Oliendo a mierda a treinta pasos. Rozándome mi cuerpo todo tipo de objetos, con mayor o menor solidez. Y empecé a pensar que la vida de vendetta del hijoputa había llegado a su fin.
Decidí tumbarme en una superficie más o menos seca y que me pareció que transmitía algo de calor. De un brinco me vi de nuevo en el agua y una voz estridente me gritó algo que no entendí a la primera.
-Socorro, socoorrooo, no se nadar.
De un zarpazo me vi de nuevo en una zona seca y libre de residuos. Tosí todo lo que pude, no quería nada de esa mierda en mi cuerpo y creí que de tanto esfuerzo había perdido parte de mi vista, solo distinguía dos puntos rojos. Me asusté por lo que creí una enfermedad incurable de la vista. Además iba a peor, aparecían y desaparecían las luces roja.
-Mírala se ha quedado medio idiota.
-Quién está ahí.
-Soy yo, una rata.
-Aaaaaaah, la de las luces r...
-Si, soy yo. ¿te encuentras bien?
-Sí, pensé que moriría en este lugar.
-Y ¿quien te ha dicho a ti que tu no vas a morir en este mismo instante?
-¿Has oído hablar del Hijoputa?
-Pues no, ja.
Empecé a pensar rápido, estaba en clara desventaja, así que opté por mi única salvación. Me tiré al agua de nuevo.

Juan Antonio Barroso

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