domingo, 13 de julio de 2014

El hombre protón 10

-Antes de nada tengo que confesarte algo. No sé si eres realmente mi hijo-. ¡Joder! mi padre me estaba poniendo realmente nervioso.- Perdóname Andrés, no me he explicado bien, a todos los efectos legales eres mi hijo y yo te considero como tal-. Era la mayor muestra de cariño que había recibido por su parte desde que tengo uso de razón.- Todo empezó en el momento en que  tu madre y yo hicimos… un trato, llamémoslo así-. Titubeo, que extraño.  La cosa se pone interesante.- Al principio, cuando tu madre y yo empezamos a relacionarnos,- sólo un hombre como mi padre era capaz de hablar así del amor,- todo iba perfecto, parecía que  todo era estupendo, pero a las dos semanas, ya me di cuenta cómo era tu madre. Supe que no me quería, eso estaba claro, pero ella necesitaba algo que no se atrevió a pedirme, no me preguntes qué era,  jamás lo descubrí. Al cabo de tres semanas dejamos de salir, en realidad  me dejó, no sé si fue un arrebato, un momento de locura, yo sabía que tarde o temprano pasaría, aunque nunca podía imaginarme que ocurriese tan pronto. 
Mi padre me estaba contando todo aquello como el viejo profesor cuenta a sus alumnos por infinita vez la historia de la Restauración española, no había sentimiento, ni buenos, ni malos, estaba completamente vacío. Mi padre prosiguió.
 -Dos meses después tu madre vino a verme. Me confesó que estaba embarazada, no pregunté de quién. Hicimos el trato y me casé con ella. A los nueve meses naciste tú y nadie sospechó nada. Al final, como mal menor, la gente del pueblo pensó que tu madre y yo nos habíamos casado de penalti.
-¿En qué consistió el trato? , perdóneme padre por preguntar.
-Fue sencillo, ella estaría siempre a mi lado y a ti y a ella no os faltaría de nada, ahí iban incluidas tus tías y tu abuela. Siento decírtelo así, pero una de mis grandes equivocaciones fue enamorarme de ella. Después se presentó la mala suerte; llegó  cuando tú tenías apenas cinco años, y ella murió. No pude disfrutar mucho de ella y,  por si fuera poca la desgracia, tú perdiste a tu madre.

- No importa padre, sé que mi madre nunca me quiso, me pegaba constantemente, me maldecía, me decía que era lo peor que le había pasado en la vida, era cruel, pero no me importaba, con el tiempo aprendí a ignorarla, aprendí a que no me hiciese daño-. Nunca antes había hablado así de mi madre, pero era el momento. En la cara de mi padre no me pareció ver signo alguno de sorpresa o de lástima, nada. A mí me daba igual, nunca pensé en echarle la culpa por aquellos malditos años.

Jon Barcam

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