-Hola Andrés-. Giré mi cabeza y
allí estaba. Preciosa como siempre, sus caderas anchas me hacían lamentar no
haberle metido mano más a fondo.
-Hola
Paqui-. Parece ser que seguía igual de torpón en mi forma de expresarme cuando
la veía.
-Me
ha dicho Maco que estabas aquí detrás y venido a darte el pésame-. Se abalanzó
sobre mí. Enseguida noté como sus pechos me rozaban ligeramente las solapas de
mi chaqueta. Me dio el primer beso. Siempre era ella la que besaba, no ponía la
cara, sólo besaba. Que bien olía, agua de colonia fresquita, en su piel, se
tornaba dulce. Me empezaron a temblar las manos. Una gota de sudor instantánea
surgió de mi nuca y resbaló por todo mi espinazo. Cuando cruzó su boca con la
mía no me pude resistir. La besé. Ella, se dejó besar. Era Lo más excitante que
me había pasado en mi vida. Mis piernas estuvieron a punto de doblarse y caer
allí mismo. Por un momento pensé que me había orinado. No. Era el calentón.
-Lo
siento Paqui, no quería hacerlo, deben de ser los nervios-. Ella me sonrió y
con su mano derecha sacó un pañuelo de su bolso barato y me limpio la boca.
-Nunca
supiste besar bien, te manchas todos los morros de carmín-. No sabía que decir.
-¿Sabes
qué me voy a casar?, si todavía me quieres puedo dejarla y mañana mismo nos vamos
de esta mierda de sitio-. ¡¡¡Dios mío pero qué estoy diciendo!!! Pensé que me había vuelto loco. Para mi sorpresa Paqui no dijo nada. Solo me miro, sonrió y se
fue. Antes de doblar la esquina se giró y me dijo las últimas palabras que
cruce con ella en mi vida.
-Tú
te mereces algo mejor.
Jon Barcam
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