Día 5
Nunca pensé que íbamos a tardar
tanto tiempo en llegar a la Luna. Resulta que hay un gobernador que
personalmente comprueba las credenciales de todos los que van a llegar a la
estación del Emir Julay Admun Sufur, señor de la Estación Universal Coca-cola,
(las cosas habían cambiado en los últimos años de tal manera que todo estaba
irreconocible, el tema religioso se quedó sin dogma, sólo prevalecían algunos caprichos
de hombres ricos que se apoyaban en una fe que había perdido todo su contenido
original, quiero decir, la religión se convirtió en excusa para someter a
hombres y mujeres).
El gobernador era un tal Federico
Smith, más conocido como Fede Guan Quenobi, el extremo por el que se dio este
sobrenombre para mi es completamente desconocido. Lo cierto, es que llevaba
una vieja capa desgastada, con capucha y una especia de linterna de acción
dirigida que usaba a modo de espada láser, (una espada creo que es un
instrumento de los hombres de otras eras en la que no existía ni la fusión
nuclear)
Nada más llegar a la Luna, nos
hicieron pasar por una sala a Comodoro y a mí. Nos hicieron quitarnos la ropa y
quedarnos peloteritos. (Yo encantado) Apareció Fede Guan, cómo no, con su
linterna espada. Nos apuntó a la cara, los pies y el pene. Después se acercó a
mi oreja, y entre risas, soltó una frase incomprensible para mí, -bonito
puñalito nena.
Corto y cierro
Paco Popov
Jon Barcam
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