Esta tarde enterraremos a padre, su última voluntad
fue que lo incinerasen, pero mi tía Encarna ha dicho- ¡de eso nada!- Sus voces
se oían por todo el ayuntamiento. Al final, el del seguro ha accedido
a enterrarlo, aunque eso de enterrarlo es un decir, porque a los últimos
funerales que he asistido, o más bien, a todos los funerales que he asistido en
mi vida, nunca se entierra a nadie. El destino final, una concavidad cuadrada mural,
también llamada nicho. Es horrible, nunca sabes quién te va a tocar al lado, y
no lo digo por el muerto, lo digo por los familiares que vamos a limpiar la
lápida el día de Todos los Santos. Seguro que me toca al lado del padre de la
Paqui y tendré que hablar con ella y no quiero. Acabamos tan mal nuestra relación. Su padre se
presentó en casa con una escopeta para pegarme dos tiros y eso que fue ella
quien me dejó por un recluta que venía a pasar el verano después de hacer el
campamento en la ciudad. Estaba claro lo que pasó. La Paqui se quedó preñada y
su padre vino a ver si se la colaba al segundo más tonto del pueblo.
Jon Barcam
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