Seguía apoyado
sobre la pared del Ayuntamiento. Pensaba en lo que le había dicho a Paqui. Hubiera sido capaz de irme con ella a cualquier lugar, dejaría plantada a mi novia. Soy un
desgraciado. A pesar de mis años no tenía ni idea qué hacer con mi vida. Me
daba asco a mí mismo, me estaban entrando ganas de vomitar. Apoyé mis manos
sobre la pared del edificio y traté de provocarme las arcadas. Mi cuerpo se
retorcía tratando de que mi estómago rebotase sobre mi boca. ¡Joder! Ni para
eso valía.
-Hola Andrés,
necesito tu ayuda.
Teresa. Hacía seis años que no la veía.
Después de nuestra ruptura, Pedro le prohibió no volver a verme. Pedro tenía
malas pulgas y era capaz de cualquier cosa. En eso salía a su padre. Llevaban
el veneno en la sangre.
Teresa es la
segunda novia que he tenido en mi vida. Entre ella y yo sólo hubo sexo. Ni una
pizca de cariño, sólo sexo. Los dos lo teníamos claro desde el principio,
sabíamos que nuestra relación se basaba en puro instinto animal. Por eso, el
día en que se nos acabó el deseo, mi mejor amigo, Pedro Cifuentes, no entendió
que finiquitásemos nuestra relación. Teresa era su hermana.
-Hola Teresa.
Estaba preciosa.
Le gustaba pintarse los labios de un rosa brillante. Labios carnosos,
insinuantes. Sus enormes pechos y sus
anchas caderas, te invitaban a soñar con la mujer perfecta en la cama.
- Pedro ha desaparecido.
-Teresa, sabes
que mi padre ha muerto y… que tu hermano me odia-. Trataba de justificarme, no
estaba para ayudar a nadie.
-Eres la única
persona en la que confío. Necesito tu ayuda.- Parece que la cosa iba en
serio. Teresa empezó a llorar, ella
nunca lo hacía, ni siquiera cuando era una niña.
-¿Qué ha
pasado Teresa?- Me acerqué a ella. Al llegar a su altura, me vino a la memoria
los olores de la lujuria sagrada de aquella diosa, y las palabras de Pedro,- si
la vuelves a tocar mato a tu padre. La filosofía de mi mejor amigo era muy
clara,- el daño se hace en vida.
Jon Barcam
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