martes, 22 de julio de 2014

El hombre protón 14

        Salí a la calle, se presentó otro momento para haber fumado. No me atreví a ir más allá de las dos escaleras de acceso de la oficina de mi padre. Un muro invisible me impedía ir más allá. No podía ir más allá. Me vinieron a la cabeza las últimas palabras de mi padre, – por favor … dame mi última oportunidad--. Qué era todo aquello, mi padre poco más que suplicándome. El hombre que no me había dado un beso en su vida. Me estaba volviendo loco, sólo quería ser una persona normal.
          Decidí darme la vuelta y volver, no podía dejar escapar su última oportunidad y quizás la mía.
         Al entrar vi como mi padre miraba hacia su mesa. Con un lápiz garabateaba de manera compulsiva. Era como una de esas impresoras que van a toda velocidad. Al principio, rayas, círculos, más rayas. Se adivinaba algo majestuoso, precioso en todos sus matices. A medida que iba pasando el tiempo, la compulsión se tornó en suavidad, en ternura con aquel dibujo, como si tratase con pura seda.
       Finalmente, mi padre levantó su cabeza, me miró a los ojos. Con su mano derecha, manchada de carbón, me arrojó la cuartilla.
    Hijo, busca a esta mujer, necesito que le entregues esta carta.


Jon Barcam

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