domingo, 6 de julio de 2014

El hombre protón 6

Felipe y Maco tenían a Serafín sujeto contra la pared del Ayuntamiento, Serafín no se enteraba de nada, solo se reía. Pobre idiota. Bote, estaba a mi lado. Era el hijo de Eusebio el ferretero. Cuando era chico, me pasaba horas con Bote en la trastienda de la ferretería, le hacíamos el inventario a su padre, lo colocábamos todo de forma meticulosa- el secreto de un buen ferretero es saber dónde está hasta el último clavo- el padre de Bote tenía muy malas pulgas, cuando no encontraba algo, lo pagaba con Bote. Un día me lo encontré con un brazo escayolado. Se había caído de la escalera de la ferretería al intentar coger una caja demasiado pesada.- Ya sabes Andrés. -Ya sé Bote.
                Bote se abalanzó sobre Serafín; le apretaba el cuello contra la pared. Todos nos reíamos. Serafín empezó a llorar, pero no se le oía. Sus lágrimas se vertían sobre la cara, no paraban. Todos nos reíamos. Maco le dio una patada en la entrepierna. Serafín cayó al suelo, encogido. Todos miramos a Maco.
                -¡Joder Maco, te has pasado!. La cara de Maco era como la se esos soldados en combate a los que se les va la cabeza. Felipe ayudó a levantarse a Serafín. Le limpiaba el traje, sacudía los pantalones. Agarré a Serafín por los hombros y lo apoyé contra la pared.
                -Tranquilo Serafín, sólo ha sido una broma. El muy tonto, paró de llorar y empezó a reírse.

                -Agmigo, agmigo miog. Fue la primera vez que entendí lo que decía aquel pobre desgraciado, después de tantos entierros y una patada en la entrepierna. 

Jon Barcam.

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