-Ya han pasado
muchos años, pero creo que era de justicia que te lo contase. Si te queda
alguna duda, no sé quién es tu padre biológico. Pero quiero que te quede muy
claro que tu padre soy yo, así es como me siento, por eso, he hecho algo que
puede que no entiendas, espero que con
el paso del tiempo me lo agradezcas-. Mi padre se quitó las gafas y se enjugó
el sudor de su cara con su pañuelo. Se notaba a la legua que todo aquello era
doloroso para él.
-Padre me está
asustando, de qué se trata.
-Hijo, lo que
te voy a contar debe permanecer en el más absoluto secreto entre tú y yo, al
menos hasta el día en que me muera, que no ha de tardar mucho-. Miré
horrorizado a mi padre, no me podía imaginar que hablaba en serio.- Todo lo que
he hecho en esta vida ha sido pensando en tu bienestar y, en su momento, en el
de tu madre. Tengo cosas que he de contarte y que me tienen martirizado desde
hace mucho tiempo. Sé que soy una persona oscura, poco cariñoso y lo he pagado
toda mi vida. Ahora que moriré en pocas semanas, me he dado cuenta del
gigantesco error que he cometido.
Parecía como
si mi padre tuviese sentimientos, o algo así, no supe asimilar en ese momento.
-Tengo sesenta
y cuatro años, tú tienes treinta y dos, más o menos tienes la misma edad que yo
tenía cuando eché a perder mi vida-. No pude aguantarlo más.
-¡Padre, por
favor, cuénteme de una vez qué es lo que pasa!- Mi padre abrió sus grandes
ojos, en parte extrañado por mi forma de hablarle y en parte por mi ansia de
conocimiento.
-Hijo sólo te
pido no me juzgues-. Hizo una pequeña pausa, volvió a sacar su pañuelo blanco de su bolsillo
derecho, pareció limpiarse los ojos con él, no estaba llorando.
Jon Barcam
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