4.
-No me gustan las palabras malsonantes, ya lo sabes.- Julio se
reía por dentro, lo había hecho para fastidiar.
- Perdona, no era mi intención…
- Seguro…,- dijo entre dientes Fermín. Esta vez le gustaba el
relato. Se le veía en los ojos. Devoraban el texto.
- Fermín…
- ¡Te he dicho que no!
-Pero es mi padre el que paga las facturas, me está exigiendo
conocerte-. Julio venía de un pueblo de Teruel. Su padre le pagó los estudios
de Derecho en Barcelona. Después de tres años en blanco, se armó de valor y se
lo dijo,- Padre, lo que realmente me gusta es escribir. Su padre se rio en su
cara y lo matriculó en Medicina. Casualidades del destino allí conoció a
Fermín, era su profesor de Anatomía Humana.
- Esta bien, te propongo un trato, si dentro de dos semanas me
traes algo deslumbrante, te prometo que iré en persona a tu pueblo a conocer a
tu padre. Julio no sabía que decir, era algo inimaginable ¡¡¡Fermín en su
pueblo!!!
- No es necesario…
- ¡Ese es el trato!, lo tomas o lo dejas.- Julio se quedó
pensativo. No sabía qué decir.
- Déjame que lo piense, luego te llamo.- Fermín sabía que Julio
diría que no, por eso se le propuso.
Al llegar a casa se sentó en la única silla que había en la
cocina. Pensó en la oferta de Fermín. En realidad lo había
decidido al segundo de recibir la propuesta de su mentor, llevaba esperando
toda la vida ese momento. Sonreía y entre dientes se escapaban palabras
pequeñas- papá, papá, papá… Fermín y sus infalibles pensamientos. Mierdas de
certezas humanas.
Va todo según lo previsto, (la mente es una máquina de sino maligno)
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