Todo es maravilloso. Pioja y Mosca están completamente enamorados. Pero la vida es cruel. La mujer utiliza una especia de rastrillo por el que sólo pasan sus tísicos pelos y se los lleva por delante. Una imagen eterna, una imagen de amor inolvidable. El mosca de rodillas frente a una pequeña tumba, donde ha depositado el cuerpo de su amada. Allí hace el terrible juramento:
-Moriré, si es necesario, pero a esa bicha me la voy a llevar por delante. Ha vuelto el hijoputa.
El resto del día lo pasó llorando. No le hacían falta la plañideras, le sobraban, se las hubiera cargado, lleno, como estaba, de las rabia más mortal.
Casi al finalizar la noche, recogió su antigua quijada, su antiguo macuto y fue en busca de la mujer que le había arrancado lo más preciado en su vida.
-Pioja, te amo.- No paraba de repetirse en su viaje sin retorno.
Juan Antonio Barroso
No hay comentarios:
Publicar un comentario