Comenzar una nueva vida siempre es difícil, no quiero decir la palabra cambiar, porque en mis quince días de vida, he aprendido que cambiar de vida es imposible. Puedes adaptarte a nuevos retos, modificar pensamientos, costumbres, pero tu vida es única y es imposible cambiarla.
Y, así, despacio, sin pensar demasiado, Pepe el Mosca, caminó todo el día, tratando de explotar sus seis sentidos hiperdesarrollados. Olía, tocaba, observaba, escuchaba y por un momento se olvidó de sus otros dos sentidos. Y así empezó a vivir de verdad.
Pasó al lado de un pequeño riachuelo y allí vio un pez muerto desde hacía al menos un día. Vio su ojo muy abierto y pensó en su madre, en su tío Serafín al que no había conocido y en la mujer que no había amando y en los hijos que nunca podría criar. Y supo que él no era un Cabeza Gorda, fue consciente por primera vez que era un mosca, un maldito mosca al que solo le quedaban seis días de vida. Seis maravillosos días de vida.
Y durmió, y se montó en su Ferrari F40 descapotable, con cuatrocientos caballos de potencia y se vio golpeado por el aire en su espalda, como si volase, feliz, feliz. Y fundó un partido político. Y se vio corrigiendo a Diego Rivera en su último mural. Y pelaba una naranja y en cada gajo un niño mordía sus dedos, el hambre hacia estragos. Y compró un Sony Xperia y Steve le dijo que su teléfono era mejor.
Despierto, se preguntó quién era. Una mosca se posó sobre su frente. Instinto; su mano rápida como una ala de abeja golpeo y apretujó la mosca contra el frontal.
-Pepe, despierta ya. Los garbanzos están en la mesa.
Juan Antonio Barroso
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