lunes, 2 de febrero de 2015

Pepe el Mosca: día 12

Está claro que el ADN de un mosca tiene cosas que nadie ha investigado porque en el momento que proseguí mi camino, con mi mochila y mi quijada, no podía de dejar de tararear canciones de Leño, Obus y otros grupos musicales que eran totalmente irreconocibles para mí. Me había vuelto loco, imposible, creo que siempre estuve mas para allá que para acá. No me preocupaba.
Paré en lo alto de una montaña de mierda, estaba llena de compañeros locos por comerse toda aquella porquería, yo, pregunté con voz grave y muy alta:
.¿Chicos, han visto por aquí a una rubia?- Lo muy cabrones ni me miraron, estaban tan hambrientos que no les importaba nada. No sé que pasó, pero me subí a aquella montaña y empecé a cortar cabezas, alas, patas, todo lo que se interponía en el filo de mi quijada quedó partido en dos. Cuando el agotamiento se hizo presa de mi, mi cordura volvió . Unos ojos llorosos me miraban.
-Me llamo Esteban, no me hagas daño,  por favor.- Un pequeño mosca me suplicaba que no lo matase.
-¿La rubia?
-Por allí.- Me señaló hacia una pared, y sí, tenía razón, allí estaba la rubia.
-Gracias- Levanté mi quijada y rematé a Esteban, ya le había cortado un ala, y pensé que no era necesario que pasase por las mismas calamidades que había pasado yo.


Juan Antonio Barroso

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