viernes, 14 de agosto de 2015

Benemérito

Padre siempre le decía,- chico, tu has nacido para llevar ese uniforme. Y pasaron unos años y, sentado detrás de la mesa de su despacho, intentaba recordar todos los consejos que su padre le había dado. Es cierto que la lista era interminable, pero para aquello no había nada de nada. Tenía entre manos unos de los casos más difíciles de resolver.
Del primer cajón sacó aquella botella de whisky del bueno  que el coronel le había regalado; su discreción en el caso de un hermano pasado de copas fue esencial para que la Benemérita no se viese perjudicada, como tantas veces.
Pasaban las horas y su valentía crecía y se decía asimismo, -tío, tienes que darlo todo, tú puedes. Pero a pesar de los ánimos autoinfundados, el peso, ese que le hundía los hombros, ese que no le dejaba escapar de la agonía, ese que le impedía  gritar lo que tanto deseaba, triunfaba y volvía a lo que todos llamaban cordura.
El final, triste. Guardaba su traje de faralaes y sus zapatos de tacón hechos a medida y borracho y desconsolado se repetía: ¡Del año que viene no pasa que yo no vaya al desfile!

Pa un amigo, con cariño.

Juan Antonio Barroso

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