Manolo es mi primo. Hoy me he enterado por primera vez que es gitano. Y claro, me he avergonzado. ¿Cómo es posible que yo con cincuenta y él con cuarenta y ocho, no me haya percatado hasta ahora que mi primo es gitano?
Lo primero que he pensado, una vez que me he serenado, ha sido el llamar a mi madre, pero claro, mi madre murió hace diez años. Estoy seguro que tenía que saber algo, ¡que mujer!
Agobiado, porque no soy un hombre de abundantes amistades, me he puesto a pensar en quién podía confiar este tema. Y me he dicho,- la gente te va a tomar por loco. ¿Cómo no vas a saber que tu primo Manolo era gitano, desgraciao?
No sé, no sé.
Ya lo tengo, voy a repasar mi vida, quizá se me aiga escapao algo que qué se yo.
Habel, yo visto de negro. Creo que visto asín porque me gusta el negro, aunque creo recordal que cuando murió la mama, dejé los colores en el armario.
No sé, no sé.
Habel, yo me dedico al comercio, como la mayoría de los autónomos daquí. Y vendo, pos eso, fruta, veldura, y muchos ajos. Sí, es verdad, vendo muchos ajos ¡Ajos, niña, ajos tielnos!
No sé, no sé.
Sabes una cosa, ¡qué me cago en to lo muertos de mi primo Manolo, por no habelme dicho que se un gitano!
Dios le bendiga Doctó, créame, me encuentro mucho mejor y puedo insertarme de nuevo en la sociedad. Por cierto, le digo, porque me está quemando, tengo camisetas del Bresca a cinco euros.
¡Maestro! que me las quitan de las manos.
Juan Antonio Barroso
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