Las cucharas de metal son muy especiales. Sólo les gusta estar con cucharas de su misma especie. Las mejores cucharas son las de acero inoxidable, duran para siempre y nadie quiere robarlas. Las de plata son demasiado delicadas y a veces demasiado golosas para aquellas manos que tratan de quedarse con ellas. Las cucharas de plástico, son las menos queridas de todas, nadie cuenta con ellas. Se usan y se tiran. Nadie las roba.
Una cuchara de metal se enamoró de una cuchara de plástico. En seguida fueron desterradas del cucharero y condenadas a vivir con el abrelatas y el afilador oxidado.
Cuando había un cumpleaños, la cuchara de metal se ponía encima de la cuchara de plástico para que ellos no la usasen y la tirasen. Así durante años. Tanto amor se vio reflejado, como no, en un nuevo instrumento para la cocina. Nadie sabe para que sirve, pero es el fruto del amor y además, la envidia de todo el cajón de los cubiertos.
Jon Barcam
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