sábado, 31 de mayo de 2014

Los tiburones no escriben a los muertos desnudos. Capítulo 1

1.
Sobre la mesa un vaso de agua, dos pastillas exageradamente grandes y un mapa, de Barcelona. Olvido centraba su atención en una parte de la mesa. Él, sentado a su derecha, trataba de adivinar en qué punto del mapa tenía clavados sus ojos.
            -Míkel- Olvido hizo una pausa. Él la miró, pero ella no dejaba de mirar el mapa-, ¿Puedes explicarme que eso de 1:100.000? Aparece en la parte de abajo del mapa. Creo que es importante para entender. No sé muy bien qué -. Olvido hablaba así, como poniendo puntos seguidos a todas sus frases.

            El recuerdo de su madre se hizo presente. Pensó en lo que le susurraba cada vez que Olvido les dejaba un instante,- hijo, esa chica no te conviene, está descentrada, tú necesitas a alguien que te enseñe el camino.- ¿Qué querría decir? Agonizando en el hospital, se propuso interrogarla acerca de todas las dudas y contradicciones que le habían surgido a lo largo de su vida, su asquerosa filosofía vital había cosido su cuerpo milímetro a milímetro. En una de esas horas interminables, con el deseo obsesivo de tirarle a la cara todas sus mortíferas sentencias, le entró la necesidad de tomar un café de máquina. Cuando volvió, había muerto.-¡Cabrona!

Jon Barcam

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