2.
- Te dije ciento cincuenta palabras-.
Fermín no levantó la mirada de la cuartilla. Julio sabía que no había cumplido
con el trato, pero las palabras van por detrás del pensamiento cuando no se
toma el tiempo necesario.
- No he sido capaz.
-¡Y una mierda! -Julio se asustó,
Fermín no hablaba de esa manera.- perdona Julio, necesito algo mejor y esto...-
Fermín era implacable con sus encargos-, por favor, sé que esto está muy lejos
de lo que me puedes ofrecer- Julio descolgó su cabeza, sus hombros, la
rendición merodeaba.- Hijo, esto es solo el comienzo, nadie dijo que fuese
fácil.
Julio se levantó de la silla, agarró
la cuartilla y arrugándola con rabia, se la metió en el bolsillo de su
pantalón. Ese día no podría ver más allá de su propio pensamiento. Fermín
respiró hondo, entre aliviado y ansioso, había encontrado a un posible
heredero, sólo necesitaba tiempo. Ninguno de sus pupilos había conseguido la
perfección anhelada; en el último momento, la ambición del novicio devoraba al
talento. Última oportunidad para Fermín. Años de fracasos le habían dado la
experiencia y el coraje necesarios para no tener prejuicios, el alma de la
reinvención objetivo es. El plan estaba en marcha.
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